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España a las puertas del corralito



La agencia de calificación Moody's ha anunciado una rebaja de entre uno y tres escalones la calificación que otorga a 16 grandes bancos españoles, incluido el grupo Santander y el BBVA por el "deterioro de sus activos y la falta de solvencia". En toda crisis financiera que he vivido, siempre ha habido algún Ministro que jura que no habrá devaluación o no habrá recesión. Siempre en las crisis las medidas articuladas por los gobiernos han favorecido a quienes las provocaron, es decir se han cursado subsidios increíbles del Estado a la banca, para restablecer el sistema financiero. A España hoy le pena el corralito de la Argentina, 2001.


Según datos del Índice de Riesgo 2012 elaborado por la multinacional sueca Intrum Justitia, el 80% de las empresas en España tiene problemas de liquidez derivados de los retrasos en los pagos; esto sitúa España en tercera posición del ranking tras Grecia y Portugal y supone un incremento del 4% en los últimos 12 meses. Por primera vez, las empresas españolas encabezan el ranking con el plazo medio de pago más largo: 97 días. El 54% de las empresas españolas no confía en la capacidad de los bancos como apoyo y esta cifra aumenta hasta el 90% en relación con el gobierno.

¿Cuáles son los vectores que van marcando una crisis recesiva?  Ya el año 2011 España marcaba un índice de riesgo de 168, nivel que marcaba que “era necesario intervenir para bajar el nivel de riesgo”. El peldaño siguiente, sobre 170 puntos marca que “es urgente intervenir para bajar el nivel de riesgo”. Cuando el índice se acerca a 200 o lo supera “Es urgente implementar de inmediato medidas correctivas  para disminuir el nivel de riesgo”. Hoy España ha superado los 170 puntos de riesgo.
En este mismo orden de ideas, la agencia de calificación Moody's ha anunciado una rebaja de entre uno y tres escalones la calificación que otorga a 16 grandes bancos españoles, incluido el grupo Santander y el BBVA por el "deterioro de sus activos y la falta de solvencia". La agencia menciona en concreto la recaída en la recesión de la economía española, la actual crisis del mercado inmobiliario y el "persistente" alto nivel de desempleo, así como los problemas de acceso a crédito que dificultan al Gobierno respaldar a la banca.

Moody's enmarcó también la rebaja de hoy en el contexto de la actual crisis que golpea a la zona euro y que, según dijo, contribuye al "persistente temor" entre los inversores sobre su impacto en la banca española y su deuda soberana. Los otros bancos afectados son Banesto, Unicaja, Caixa Bank, Caja Rural de Navarra, Popular, Banco Sabadell, Banco Cooperativo Español, Bankinter, Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA), Caja Rural de Granada, Liberbank, Cajamar Caja Rural y Lico Leasing. La agencia reconoce "algunas tendencias positivas" que han limitado "la extensión y el alcance" de la rebaja anunciada, como una mejora en la capacidad de absorción del riesgo de los bancos y el apoyo del Banco Central Europeo (BCE) con liquidez.

La banca española en crisis puede provocar coletazos en la posición financiera de sus filiales. La Superintendencia de Bancos de Chile quizás deba pedir un aumento de encaje a los dos Bancos con fuerte presencia nacional, el Santander y el BBVA.   El índice de morosidad en los balances bancarios, la valuación de las garantías recibidas, especialmente las inmobiliarias, que cayeron violentamente demostrando que se había producido una sobrevaloración de las mismas, lo cual está en el origen de la crisis, pues la irresponsabilidad especulativa de la banca al colocar sus créditos hoy le pasa la cuenta; Una vez que revienta la burbuja, la deuda incobrable deja a los bancos sin liquidez. Las corridas bancarias que evidencian el pánico de los ahorristas son la gota final que rebalsa el vaso, el dinero es apátrida y volátil, hoy los inversionistas buscan refugio en el oro o en economías más sólidas como la de Alemania.

En la estrategia de rescate de la banca, que se pretende hacer con recursos públicos, se estaría procediendo de la misma forma como se hizo en Chile para salir de la crisis de 1982.
Si se compara ambas situaciones hay que destacar que en Chile esa crisis detonó las protestas sociales y puso en jaque a la dictadura, que debió abrir compromisos de retorno a la democracia. En el caso actual de España el trasfondo político está también marcado por la indignación transversal, que rechaza al PSOE que mantuvo relaciones impropias con la banca, pero también las políticas restrictivas que ha aplicado el gobierno de Rajoy. En el fondo, cualquiera sea el gobierno, España está literalmente en un zapato chino, ya que su boom económico se derivó de los subsidios con que la apoyó la Unión Europea debiendo enfrentar un sinceramiento violento que la lleva de nuevo a la realidad de un país en vías de desarrollo, que debe afrontar la emergencia del paro y el empobrecimiento objetivo de su población.

Hoy el ciudadano español deberá volver a ocupar oficios para los que había incorporado a los inmigrantes. Hoy esos inmigrantes y los propios españoles deben buscar urgente otros lugares donde buscar trabajo. Es la recesión que está ocurriendo, por más que la nieguen los voceros de turno, a los que nadie en definitiva cree nada.


En toda crisis ha habido algún Ministro que jura que no habrá devaluación o no habrá recesión.

Se lo escuché  una semana antes, a fines de mayo de 1975 al Ministro de Economía de Isabel Perón, Celestino Rodrigo. Días después, el 4 de junio de 1975, el mismo Celestino dispuso un brutal ajuste que duplicó los precios y provocó una aguda crisis que se recuerda como el Rodrigazo. En 1982, en el Chile de Pinochet , la crisis también tuvo su origen en la corrupción, las empresas de papel y el descontrol. Allí también juraron con los ojos en blanco que no habría devaluación ni subirían las tasas de interés. Los cercanos al dictador corrieron a comprar dólares para aprovechar el descalabro. En esa crisis la cesantía reconocida en Chile llegó a un 30%.

Para el corralito de Argentina 2001, en el gobierno de Fernando de La Rúa, nuevamente hubo anuncios de normalidad hasta que se restringió el giro de ahorros y todo tipo de depósitos a plazo, con una congelación de las cuentas de cientos de miles de ahorristas que vivieron así la expropiación de sus ahorros. Si se revisa todas las crisis financieras de los últimos 25 años, siempre ha habido fenómenos de corrupción en su origen y siempre los perjudicados han sido los pequeños ahorristas que soportan el sistema.

Siempre en las crisis la medidas articuladas por los gobiernos han favorecido a quienes las provocaron, es decir se han cursado subsidios increíbles del Estado a la banca, para restablecer el sistema financiero. En el caso chileno la cifra que se traslado a la banca como deuda subordinada alcanzó los 5 mil millones de dólares, que equivalía a más del total anual de las exportaciones chilenas de esa época. El mecanismo, en términos simples, fue la compra de la cartera vencida y fallida por el Banco Central, con lo cual la banca podía volver a balances azules y la recompra de esa deuda se dejó increíblemente sin plazo. Los bancos quebrados volvieron a emitir acciones y títulos que fueron comprados primeramente por el Estado. Recién unos 12 años después el Banco Central aplicó a esa deuda 50 años plazo. La legitimidad de ese subsidio a la banca tuvo como parangón el hecho imborrable por su injusticia: que a los jubilados se les cortara en un 10% sus pensiones, en aras de la “recuperación”.

En resumen, la economía se basa en las percepciones de la población y, en el caso de España, los hechos hablan por sí mismos. Si no se suelta válvulas de crédito para que siga fluyendo el comercio y la actividad productiva, España va a una debacle social y política. El corralito se intuye, se siente, a la luz de los acontecimientos, por más que se le desmienta en todos los titulares.
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Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 17 de mayo de 2012.

Agrego mayores antecedentes de una noticia en desarrollo:

http://www.20minutos.es/noticia/1473806/0/prima-de-riesgo/ibex-35/positivo/



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La Epopeya del Movimiento Estudiantil chileno


La Epopeya del Movimiento Estudiantil Chileno

Para analizar el movimiento estudiantil chileno es necesario contextualizar el mismo en el marco sociopolítico de Chile y el mundo.

En los escenarios globales, el movimiento de los estudiantes chilenos ha coincidido con el movimiento 15M de España, con los Indignados de la Puerta del Sol y de Wall Street, con el movimiento estudiantil de Colombia; con la caída de Papandreu y de Berlusconi, con la muerte de Gadafi, con las revoluciones sangrientas que se han desarrollado en el Norte de África y medio Oriente, como nuevos zarpazos de los imperios corporativos a  reservas petroleras estratégicas.

El trasfondo de las movilizaciones sociales globales en Europa y América ha sido el desencanto de amplios sectores de la población frente a un orden mundial que subordina las decisiones de Estado a reglas del sistema neoliberal global. Ha sido el paro extendido por Europa y que en España alcanza a la mitad de los jóvenes, lo que ha remecido las conciencias para decir basta. En Chile, las circunstancias han sido similares, con un descontento conceptual con las reglas del juego impuestas y heredadas del régimen militar.

Para entender al movimiento estudiantil chileno hay que remontarse al inicio de los ochenta, cuando el régimen militar mercantilizó la educación considerándola un bien de consumo y no un derecho inalienable de las personas. En ese marco, proliferaron proyectos educacionales que jugaron con una demanda insatisfecha de amplios sectores: llegar a la Universidad. Es así como el sistema de educación superior, reducido antes a un puñado de universidades tradicionales, donde las principales, la Universidad de Chile y la Universidad Técnica, eran la expresión del Estado laico educador, con una red nacional de filiales en regiones. Además, como universidades tradicionales estaban las pontificias que articulaban también sedes regionales. Ese era el escenario republicano que duró hasta que el régimen militar lo modificara en el texto de la Constitución y en la reforma subsecuente realizada a partir de 1981. En la Educación superior se abrieron espacios para universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica. En los niveles escolares básicos y medios, se municipalizaron los liceos y escuelas públicas y se abrió un espacio para colegios subvencionados gestionados por sostenedores privados. En 1990 comienza la transición y lejos de terminar con estas políticas, las mismas fuerzas que integran la Concertación comienzan a inscribir sus propios proyectos en el sistema y surgen universidades con diferente sesgo fundacional, cubriendo todo el espectro ideológico político. Sostener colegios subvencionados se convierte en pingüe negocio del que todos profitan.

Pero el mercado es distorsionador, pues mientras un producto entregue ganancias éste seguirá explotándose. 

La falta de un Estado responsable, que mediante una planificación indicativa orientara al mercado hacia las carreras necesitaba el país, hizo que en el mercado fuese caótico, se vendieran las carreras a que más aspiraba la clientela. Más de 70 universidades ofrecieron carreras como Periodismo, Psicología, Ingeniería Comercial, fundamentalmente por ser carreras de “tiza y pizarrón” que no requerían laboratorios, centros de investigación o docencia de cualidades científicas. Las Universidades públicas, coartadas de seguir creciendo, con aportes centrales menguados, se involucraron con el mercado y comenzaron a competir por prestaciones de asistencia técnica a empresas, fondos concursables para investigación y alianzas estratégicas que permitieran ser atractivas para los consumidores. Toda una lógica que llegó a distorsionar el ethos universitario, que mandaba como función rectora de la Universidad un compromiso con la realidad nacional, con estudios críticos y debates científicos que pudiesen generar propuestas a la sociedad. Eso se sustituyó por eventos rentables y el académico debió ser su propio gerente para incrementar sus ingresos, dejando de lado aquello que no fuese lucrativo. Se habla en este contexto en Chile, de los profesores universitarios “Taxi”, obreros de la educación superior, que son los que hacen efectivamente la mayor cantidad de horas de clases, pero sin tener una pertenencia ni acceder a los beneficios de los profesores de planta jerarquizados; ellos cobran sus honorarios y corren de universidad en universidad para lograr una remuneración acorde a su trabajo, pero con precariedad en el empleo, sin pago de vacaciones y con un trabajo temporal que los desprotege en materia de salud y previsión. 

Obviamente, este tipo de docente no tiene tiempo para guiar alumnos, no permanece en la Universidad, no investiga, y por ende la calidad de la docencia no es la misma que la del catedrático a tiempo completo. Son los aspectos que visualiza el alumno que paga sus aranceles y recibe un servicio mediocre. Es la mediocridad que se instala, lo que importa es el negocio.

Sin fiscalización mayor, el mercado educacional chileno tiene buenos, malos y pésimos exponentes. Los mejores, sean públicos o privados, destacan por su excelencia, reciben los mayores puntajes y con ello mayor presupuesto. Los otros disputan en la captación de alumnos con gastos exorbitantes en publicidad, lo cual los blinda de la crítica de los medios, generándose cada fin de año una caza de incautos sin mayor control público. Se ofrecen en los spots televisivos carreras no acreditadas o con acreditaciones parciales, se inventan carreras sin destino, no se entrega información dura de los resultados de cada casa de estudios y ese déficit de transparencia conlleva al ingreso de jóvenes al sistema universitario en forma indiscriminada, sin exigencia de puntajes mínimos. La “universidad para todos” así concebida, se ha convertido en una gran estafa social, que ha afectado a los sectores medios y medios bajos que aspiran a que sus hijos lleguen a tener un título universitario y que se endeudan para ello. Lo que las autoridades llaman “ampliación de la cobertura” se convirtió en un pingüe negocio para la banca y los proyectos universitarios privados. Personas que no debieran calificar por el puntaje obtenido, son igualmente aceptadas por ciertas universidades, por mera decisión financiera, que se aleja totalmente de los principios pedagógicos y de la ética.


Avanzar negociando o fracasar sin transar

El 2006 era el primer año del gobierno de Michelle Bachelet, cuando se produjo la revolución de los pingüinos, así nombrados por sus uniformes escolares de secundaria. Las demandas de los jóvenes eran la punta de un iceberg. Un Gobierno dubitativo que tuvo contradicciones vitales con las propuestas de cambio, intentos de desprestigiar el movimiento con encapuchados violentistas, la censura de la Cámara de Diputados a una Ministra de Educación y un jarrón de agua sobre la Ministra que le sucedió y que llevaba las conversaciones. Todo ello pudo ser una gran oportunidad para la Concertación, pero se llevó el tema a comisiones que no tuvieron destino, que produjeron propuestas que no fueron vinculantes. Pasó el tiempo, se apagó el incendio, los líderes secundarios  pasaron a la universidad y la dilación de leyes como la que creaba Superintendencia de Educación demostraron que la clase política no había asumido como  prioritario el tema de la Educación. Por eso, el problema cruzó ese último gobierno de la Concertación, estallando la bomba de tiempo en el segundo año del Gobierno de Sebastián Piñera.


El movimiento social 2011, con estilos 2.0, impactante presencia internacional en las redes sociales, transitó por fuera de la institucionalidad manifestando un rechazo extendido a la clase política, principalmente a los representantes de la Concertación responsables de la frustración del 2006. Se generó, dadas las circunstancias de tratarse esta vez de un gobierno de derecha, un movimiento social catalizador de un desencanto social heterogéneo y transversal con el sistema político y económico heredado de la dictadura.

El movimiento social obtuvo en su mejor momento un respaldo de un 89% de la sociedad chilena, tumbó al Ministro Lavín, involucrado patrimonialmente en la Universidad del Desarrollo, de sesgo neoliberal; pero la incapacidad de los líderes de controlar a sus bases fue desgastando al movimiento. Hubo un gran momento para sentar las bases de un Acuerdo Nacional por la Educación, que fue cuando se conforma una mesa de diálogo de los estudiantes con el Ministro Bulnes. Pero la falta total de flexibilidad y la presión interna de sectores anarquistas antisistémicos,  que han apostado al no acuerdo, hizo que los jóvenes se bajaran de la mesa de negociación, quedando el tema sometido a la legalidad de la instancia parlamentaria.

Casi siete meses de huelgas, marchas pacíficas que se fueron enturbiando metódicamente, tomas, desalojos y retomas, un año perdido que hay que pagar, fueron elementos del desgaste. La presión anarquista se ha expresado en agresiones a los propios líderes y voceros del Movimiento. Un error que pesará en esos líderes es no haber repudiado expresamente la violencia sino querer justificarla. La calle que era de las comparsas y la sátira inteligente, en expresiones coloridas y pacíficas que habían dado la vuelta al mundo, quedó a merced de encapuchados, infiltrados o mercenarios manipulados por las mafias del narcotráfico o redes limítrofes a ellas. La caída de respaldo popular se expresó drásticamente en las últimas encuestas.

El movimiento social ha dado pie para que los oportunistas de turno quieran hacer su propio negocio. Deslegitimados políticos de la Concertación han querido usar al movimiento para trabar la gestión del gobierno, olvidando los orígenes del problema, del cual son parte responsable. El Colegio de Profesores ha buscado colocarse detrás de los estudiantes para esquivar un sistema de evaluación docente imprescindible, si de calidad se trata. La Central Unitaria de Trabajadores se colgó también para disimular su falta de convocatoria popular.

Los indignados chilenos se dividen en los antisistémicos, que postulan romper el sistema con asambleas populares y una Constituyente que cambie las reglas del juego; y los sistémicos o republicanos, que quieren capitalizar el movimiento social a través de la vía institucional, construyendo opciones de cambio por dentro del sistema democrático representativo, llegando a cambiar la Constitución construyendo nuevas mayorías. Más de 4 millones de personas no inscritas y que por ende no son ciudadanos, podrían dar un gran golpe a la cátedra si concurren a inscribirse. Es el camino republicano por el que apuestan los seguidores de Marco Enríquez Ominami, el ex díscolo diputado socialista y candidato presidencial en la primera vuelta del 2009, el cual se ha abocado a preparar su plataforma partidaria, el Partido Progresista, salvando todas las vallas que deja el sistema binominal. Lo propio intentan el Partido Regionalista y los Ecologistas, cuya primera prueba será participar en las elecciones municipales del año 2012. El Partido Comunista, en la frontera del sistema, tiene en Camila Vallejo una carta segura, pero que podría ser de obsolescencia temprana si no diferencia su discurso de los sectores rupturistas antisistémicos.

De cualquier forma los estudiantes han provocado el 2011 un remezón a las conciencias, en una gran epopeya cívica que, más allá de las distorsiones interesadas o voluntariosas, ha colocado en el centro del debate ciudadano el tema de la inequidad, de la enorme brecha social que ha generado el sistema neoliberal. Se plantea a partir del 2011 la necesaria redimensión del Estado y una alianza permanente con la sociedad civil para sentar las bases para una democracia profunda en Chile. La Educación tomaría su sitial como palanca de justicia social.


Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 21 de Noviembre de 2011.
Para Revista Notón, Sevilla, España.



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Ciudadanía indignada en la Puerta del Sol de Madrid



Se ha levantado a nivel global la reacción de la ciudadanía. Los que fueron llevados a un sistema global de manera inconsulta, están en Madrid movilizados. 


Están sufriendo un cambio profundo que ocurrió entre promesas de progreso. No alcanzaron a percatarse de que el Estado iba perdiendo sus atribuciones clásicas, integrándose en un sistema mayor que suponía cooperación y mayor crecimiento.


Sin embargo, ese proceso de inserción en la Europa desarrollada del Estado Benefactor tuvo sus límites y tocó fondo. La clase política estableció tratos impropios con el mundo corporativo, concedió a la doctrina neoliberal lo que no se debía conceder. En Europa las grandes empresas internacionales migraron sus establecimientos productivos a China y desde allí comenzaron a realizar su competencia planetaria.


De pronto, España se da cuenta que ha dejado de ser industrial y se ha convertido en una economía centrada en los servicios de turismo y en el desarrollo inmobiliario. Cuando deviene la crisis del 2008, yo estaba en Madrid y conocí las causas profundas de la crisis que se venía. 

Había serios vacíos en las políticas de fiscalización a los flujos de comercio. Entrar a los sistemas abiertos de la CEE con China le significó a España resignar tributación de IVA, abrir su economía local a la inversión extranjera.


 En España el Estado fue copado por los intereses corporativos de la banca, por la influencia de las multinacionales, las cuales, al responder a sus propios intereses, cuando se viene la crisis de los títulos inmobiliarios, escaparon de una plaza de riesgo,  dejando a España con un record de desempleo, sobreendeudamiento interno, término de los subsidios que al principio le llegaban de la Comunidad Económica Europea, pero que ahora se reducían o desaparecían.


El español vivió en una burbuja que estalló, dejando la realidad de una economía desmantelada, con pocos establecimientos productivos y por ende poca capacidad de generar empleo. En esos momentos los españoles apreciaron que la globalización los zamarreaba, que el país lo importa casi todo, automóviles, tecnología, vestuario,  y las decisiones económicas y financieras dejan de ser locales o nacionales para ser compromisos regionales, cada vez más duros.


Hay en esto un complejo proceso de aterrizaje o sinceramiento económico que se traduce en descontento. El hecho que España con Aznar  se haya sumado a Bush y haya sido parte de la invasión de Irak, el consecuente impacto del atentado terrorista del 11 de Marzo en el corazón de los españoles, llevó a castigar a la derecha y  repuso al PSOE en el gobierno, pese a que la salida de Felipe González Márquez había estado cruzada por hechos de corrupción.


Ahora, la gente está hastiada de la colusión de intereses entre la clase política y sus nuevos amos, los poderes fácticos del mundo corporativo, cuyos intereses defiende España  en su política exterior, con cesiones increíbles de soberanía a beneficio de la globalización. Por eso, las banderas anticorrupción, por una nueva política, por recuperar soberanía popular, un sentimiento que podemos comparar perfectamente con la realidad de muchos países que hoy están viviendo similares manifestaciones.


Por ello, hay que seguir con atención las discusiones cívicas que ocurren en España, las marchas en Italia y en París. La gente está hastiada de una clase política parasitaria que no los representa, de políticos que sirven al sistema y están deslegitimados por acciones que faltan a la ética pública.


La pregunta es ¿qué destino tendrá este movimiento? ¿Será como la revolución pingüina que mandó a vía muerta el gobierno socialista de Michelle Bachelet? ¿Será una reedición 2.0 de la reforma universitaria de París 1968, cuando los jóvenes se convocaban para lograr lo imposible y llevar la imaginación al poder? ¿Será el inicio de un cambio de era a nivel global?

Los acontecimientos próximos y futuros podrán dar respuesta a estas interrogantes. En la telaraña del mundo global,  las redes sociales comienzan a dar un ordenamiento programático a sus posiciones, a sus comunes denominadores. Talvez lo hagan twiteando  o colocando un cartel con las demandas más sentidas en la Puerta del Sol, en Madrid. Hay que seguir esas señales.
Periodismo Independiente, 22 de mayo de 2011.
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