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Hugo Chávez y los paralelos de la historia americana






Han concluido las exequias fúnebres y las banderas flamearon a media asta en toda la región. En la capilla ardiente estuvieron muchos Jefes de Estado. 
Esto me hizo recordar el funeral que tuvo en Buenos Aires Juan Domingo Perón y surgió esta reflexión histórico política para mejor entender el fenómeno del chavismo.


Cuando Simón Bolívar planteó su sueño americanista, Diego Portales en Chile planteó el fortalecimiento republicano antes que integrarse al mando del Libertador. Portales, que hacía salir a Chile de la anarquía apostó a dar estabilidad a la República, lo cual se logra con los  3 decanatos fundacionales de los Presidentes José Joaquín Prieto, Manuel Bulnes y Manuel Montt. Portales señalaba “La República es el sistema que hay que adoptar; ¿pero sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un Gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos”.  En 1836 Chile tuvo que enfrentar su primer guerra contra el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz y su Confederación Perú Boliviana.

El chavismo será como el peronismo o el kitchnerismo, una amalgama de discursos y visiones llenos de complejidad,  pero que ha logrado comunicarse con las masas en un lenguaje directo, comprensible, visceral y movilizador. Ha sido expresión de un populismo político que tiene un gran porcentaje de nacionalismo y que se viabiliza en la medida que posee los recursos estratégicos para financiar el traspaso de riqueza a sectores sociales que acompañan al gobierno en la aventura. Perón fue hombre de armas, simpatizó con el nazismo y sustentó su poder en un sindicalismo duro, al cuño de los sindicatos norteamericanos, hechos a fuerza de metralla, tal como las mafias de principios de siglo XX. La Argentina de Perón tuvo el trigo como palanca de base. Chávez tuvo su petróleo. Y hay otra similitud histórica, Perón simpatizó con los grupos de izquierda sirviendo de puente para negociar suministros a Cuba durante el bloqueo. Eran tiempos álgidos de la guerra fría y, dentro de ella, cabe recordar que la España franquista hacía lo propio con Cuba y así el aislamiento que pretendía Estados Unidos de Cuba falló por el accionar bipolar de sus propios aliados.

Surgió entonces, la doctrina tercermundista, la visión Norte Sur, la tesitura de la tercera posición, de los no alineados, con Tito en la vieja Yugoeslavia; Perón en Argentina; Carlos Ibáñez del Campo en Chile, Getulio Vargas en Brasil, marcando un sentido tercermundista y de nacionalismo económico de la América Latina de los cincuenta y sesenta. El impulso de los frentes populares, la irrupción de Frei Montalva con la Revolución en Libertad, la vía democrática al Socialismo de Salvador Allende, las nacionalizaciones de las riquezas básicas en una consonancia anti imperialista. Pero en los setenta se vino la noche negra de las dictaduras militares en todo el cono sur y la vuelta atrás en las medidas nacionalizadoras. Es necesaria esta contextualización para entender el fenómeno caudillista, bolivariano de Hugo Chávez.

No se puede encasillar a Hugo Chávez en los parámetros chilenos actuales de democracia representativa, porque Chile desde el gobierno militar y sin solución de continuidad, ha tenido  un posicionamiento “fenicio” en la globalización, potenciando su economía hacia afuera y buscando el crecimiento por dos vías estratégicas, abrir su economía al mundo para que el comercio fluya libre y constituya el principal motor de crecimiento;  y, simultáneamente, blindar el modelo para dar al mundo multinacional y a los grupos económicos que controlan la generación de riqueza, una estabilidad político jurídica que aliente a la inversión, resignando al Estado a un rol regulador y de débil fiscalización. 

Por ese camino, Chile abrió el manejo de sus riquezas básicas a la inversión privada con un profundo proceso desnacionalizador de ellas. Chile, guste o no, ha sido adelantado dentro el proceso de la globalización, jugando con esa visión su inserción internacional, dando tantas seguridades al socio externo que sería de alto costo recuperar el control de esos recursos, como que la Constitución y su aparataje de Leyes Orgánicas, han colocado camisas de fuerza de difícil desmontaje, en fin, se han otorgado facilidades que las multinacionales quizás no hayan logrado en ninguna parte, ni en el propio Estados Unidos.

El resultado ético de este modelo que ha superado los 35 años, ha sido la concentración de la riqueza y la enorme brecha en la distribución del ingreso, lo que genera una caldera social de alto riesgo. Chávez, por su parte, capitalizó el repudio hacia la clase política corrupta y puso a Venezuela en sintonía con aliados externos marginados del sistema oficial interamericano.

Apoyó con sus petrodólares a Cuba, repitiendo lo que hizo Perón en los setenta. Rompió los moldes de subordinación a la OEA y provisto de sus ganancias petroleras mejoró la condición asistencial de sectores pobres, históricamente marginados del crecimiento. Así, combinando un discurso de integración bolivariana, con los estilos propios del caudillo militar, fue cambiando la institucionalidad venezolana para anclar su modelo, tal cual lo hizo Pinochet al encargar la redacción de la Constitución del 80.

En el plano internacional articuló sus alianzas estratégicas como un outsider generoso, apoyando a Cuba, Nicaragua, Uruguay, armándose con Rusia, teniendo un trato de aliados con Irán, irradiando su influencia hacia Ecuador y Bolivia, generando en la integración regional un eje distinto al del ABC (Argentina-Brasil Chile) que siempre la había llevado. Generó así Unasur, Unión de Naciones Suramericanas, y la Celac Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños,  y logró sepultar el ALCA que impulsaba George Bush, del cual fue un entrañable adversario político.

Hugo Chávez fue un vecino jaranero y con plata, que invitó a los pobres a la mesa de la abundancia, pero que fue duro con sus contradictores y adversarios políticos. El manejo de su agonía y su muerte quizás quede encriptada como asunto de Estado, ya que al igual que ocurriera con Perón y con Franco, las horas finales del caudillo quedaron supeditadas a la contingencia de la transición y el ordenamiento del poder, más allá de consideraciones humanitarias. El sueño de la integración seguirá como una utopía aglutinante, con los bemoles que cada país le coloca de acuerdo a sus intereses profundos. El Estado de Chile puede y debe convivir con inteligencia en esta vecindad, para seguir en una paz estable, usando las cualidades de orden y estabilidad y corrigiendo aquellas debilidades estructurales que ha provocado un modelo concentrador, sin un Estado fuerte, conductor del desarrollo.

Periodismo Independiente, 10 de marzo de 2013.  @hnarbona en Twitter.



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El homenaje a un Dictador


El homenaje a un dictador

Se puede sentir vergüenza como chileno del hecho que se cumple hoy, donde nostálgicos de la dictadura rinden homenaje en el Teatro Caupolicán al dictador Augusto Pinochet Ugarte, quien encabezó un gobierno que implantó el terrorismo de Estado, la tortura, el exilio, el crimen y la desaparición de personas, la concertación con otros regímenes similares para eliminar a los opositores en el marco siniestro de la “Operación Cóndor”, en que los sicarios del aparato público de seguridad asesinaban y cometían atentados fuera de Chile.

Tal fue el sino violento y cínico del dictador Pinochet, además de la corrupción que se pudo conocer a través del escándalo del Banco Riggs, donde se demostró su enriquecimiento ilícito durante los 16 años del régimen militar, más el período en que lo blindaron como Comandante en Jefe del Ejército y posteriormente como Senador designado. Sólo el Juez Garzón de España tuvo el coraje suficiente como para someterlo a proceso. Los gobiernos de la Concertación lo rescataron de Europa y jamás se logró el juicio que exigía la historia, lo cual aportó otra dosis de vergüenza en el alma de Chile, con su transición llena de áreas grises que han impedido, hasta ahora, transparentar la verdad de un período de horror para millones de compatriotas y de prebendas indefendibles para los ligados al régimen militar.

En mi profunda convicción democrática y republicana, he señalado, parafraseando a Darío Sainte Marie Soruco, más conocido por su seudónimo periodístico Volpone,  fundador del diario Clarín en Chile, cerrado por la dictadura apenas se realizara el golpe de Estado de 1973,  “Estoy en absoluto desacuerdo con tus ideas, pero daría mi vida por tu derecho a expresarlas”. En este sentido, la ley protege la libertad de expresión y cualquier grupo de personas puede pedir un acto público, sujetándose a la normativa vigente.

Sin embargo, en Europa si un grupo de ultraderecha reivindicase mediante un acto público el genocidio como medio para alcanzar la pureza racial, eso sería delito porque la democracia como sistema se protege de ese tipo de expresiones y las repudia. En Chile, el acto de homenaje a un dictador y delincuente fue respaldado por la Corte Suprema que rechazó un recurso de protección que presentaron las Agrupaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos para impedir un acto en el cual se alabaría a un criminal que practicó el terrorismo de Estado y además la corrupción.
La situación es que este acto de la ultraderecha trasnochada que está en oposición al gobierno de centro derecha de Sebastián Piñera y repudia ideológicamente al comunismo y al  progresismo de centro izquierda, trascendió y cobró relevancia fundamentalmente por el visceral repudio que ha tenido en las redes internacionales, donde este tipo de expresiones resulta incomprensible e insoportable.

Lo que hay detrás de este acto de homenaje a Pinochet es la rearticulación de una derecha golpista histórica que jamás ha sido democrática, que ha golpeado los cuarteles o recurrido a leyes malditas con tal de excluir expresiones o acciones que atenten contra sus intereses. Las vinculaciones de estos grupos minoritarios con los poderes económicos puede ser de grave impacto, toda vez que quedan como la opción de fuerza e instrumento político de tales intereses, ya sea nacionales o internacionales, para amenazar el sistema democrático si dentro de él se quisiera avanzar hacia políticas públicas que tocaran los templos del poder erigidos durante la dictadura de Pinochet y el período de transición amarrado a la Constitución de 1980, traje a la medida que hasta hoy sigue siendo camisa de fuerza para una democracia efectiva.

Esa ultraderecha acecha, siente que el gobierno de Sebastián Piñera ha sido mucho menos dúctil e influenciable que los gobiernos de la Concertación, le molestan a esa ultraderecha las medidas liberales que se ha aplicado en materia de minorías, la hace palidecer cualquier intento de corregir el sistema de pensiones de donde se han abastecido de recursos para lograr cada vez más concentración de la riqueza; les molesta el SERNAC financiero que impide los abusos en contra de los deudores. El progresismo de centro derecha perturba a la ultraderecha porque sienten que se trata de políticos que estarían blasfemando en contra de sus principios de clase, como lo es la exclusión, el voto censitario y la represión de los movimientos sociales y del sindicalismo por ser sus enemigos declarados.

Esa ultraderecha cobarde y apátrida se sirvió de los militares para romper con sangre un proceso constitucional y luego imponerle al país un modelo de capitalismo salvaje y depredador del medio ambiente. Por eso sus nostalgias y por eso su rearticulación para velar por sus intereses permanentes, aunque ello implique de nuevo eliminar las libertades públicas e imponer el terrorismo de Estado. Su fin justifica los medios. Son un peligro a nuestra institucionalidad.
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Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, para NOTÓN, Sevilla, España. 10 de junio de 2012.


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