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Chile: integridad territorial, sí o sí.


El presidente de Chile Sebastián Piñera entregó este lunes una dura y contundente respuesta a las peticiones del mandatario boliviano, Evo Morales, durante la sesión plenaria de la CELAC, luego que éste reiterara la demanda marítima del país altiplánico. Tras las declaraciones de su par boliviano, Piñera replicó que “Chile no está dispuesto a cortar o dividir su territorio. Y creo que a ningún país del mundo se le puede pedir una situación de esa naturaleza”.

Chile republicano limitaba con el sur del río Loa por el norte. Se habían heredado los límites que fijaba España. La Capitanía General de Chile partía en ese hito, al sur del Loa. Bolivia era mediterránea. El Virreinato del Perú seguía desde el Loa al Norte.

En 1833 habiéndose creado la Superintendencia de Aduanas, le compete a Chañaral la jurisdicción del despoblado de Atacama, acompañando a los pioneros que hacían soberanía, fundándose los puertos de Taltal, Paposo y Pan de Azúcar con autoridad de la Aduana hasta la caleta de Mejillones. En esos albores de la república la Aduana cumplía las funciones que hoy prestan Carabineros, el Servicio de Impuestos Internos y Correos de Chile. Los aduaneros tenían jerarquía militar y los oficiales de Aduana usaban poncho de castilla y carabina, teniendo a cargo el resguardo de las fronteras. Fue Simón Bolívar el que le dio el nombre a Bolivia y también salida al mar por la caleta de Cobija. Ya mucho antes Perú le había negado salida soberana al mar, aunque era Arica el puerto utilizado por Bolivia para su comercio.

Para entonces, de acuerdo a cartas de la época intercambiadas por Máximo Villaflor y Benjamín Vicuña Mackenna, la Aduana de Chañaral controlaba hasta la caleta de Mejillones y pioneros como Diego de Almeyda y el propio Máximo Villaflor recorrieron esos extensos territorios buscando sus riquezas mineras. Máximo Villaflor fue un destacado aduanero que actuó como Administrador de Aduana de Pan de Azúcar desde 1865 hasta 1890, viviendo en su territorio el impacto de la guerra del Pacífico. Con un gran sentido de Estado, Máximo Villaflor proponía en sus columnas en El Mercurio, que se colonizara y se industrializara el desierto de Atacama. Fue desoído y castigado por el poder central y estuvo más de un año en la frontera  del Elqui, por tener demasiada iniciativa para un servidor público. Sin embargo, su pensamiento llegó a otros líderes regionalistas, como su amigo Pedro León Gallo, que habiendo emprendido una guerra independentista por Atacama, en contra de la capital,   finalmente  vuelve a Santiago como el representante del Norte rebelde en el Parlamento.

El centralismo terrateniente no tenía la visión pionera de estos hombres del desierto y desmerecieron el "despoblado de Atacama" igual como lo hicieron con la Patagonia, por lo que ese ingreso de Bolivia a Cobija y el subsecuente acuerdo de 1866 para la explotación conjunta del territorio entre los paralelos 23 y 25 grados de Latitud sur, fue una pésima decisión que, en definitiva llevó a la guerra del Pacífico.

Fue recién en 1866 que Bolivia metió una cuña en el territorio chileno, con la caleta de Cobija, fijándose un un área de explotación conjunta de las guaneras, donde el 92% de la población era chilena y que Bolivia no respetó, lo cual detonó la guerra.

Es bueno escuchar de parte del Jefe de Estado que ahora "jamás se aceptaría cortar el territorio" , porque en el siglo XIX sí hubo displicencia central al respecto, que no debemos olvidar. Si reconocemos nuestra historia podremos enfrentar con más tino y fuerza el futuro.

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Periodismo Independiente, 28 de enero de 2012, @hnarbona en Twitter



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Dictadura financiera y resistencia social

Dictadura financiera y resistencia social
El sentido nacionalista que se está observando en Europa es la reacción de una ciudadanía golpeada con la crisis y que viene saliendo del shock que marcó el término de los que se creía eran derechos adquiridos de las personas, en el marco del Estado de Bienestar que aseguraba la Unión Europea.
En España, tardíamente, se está asumiendo una realidad que se venía incubando desde los gobiernos socialistas que hicieron crecer el aparato público, generando una burocracia insostenible. Recuerdo que el 2008, Zapatero creó el “Ministerio de la Igualdad”, una panfletaria decisión de generar discriminaciones positivas a favor del género femenino, con un gastadero de plata sin sentido, que iba drenando las finanzas públicas. Otro aspecto detectado fue la colusión de los burócratas de turno con la banca; por ejemplo, el pago de tributos a las importaciones se le dejaba 30 días a la banca, sin cobrarle ningún interés, permitiendo que los bancos trabajasen el dinero público en un pingüe negocio. Además, pude comprobar que no existía un efectivo censo tributario, es decir, no había un registro de contribuyentes importadores sobre los cuales poder ejercer la fiscalización tributaria. Esto se traducía en una alta evasión por la actuación de importadores informales, lo que en definitiva se traducía en IVA incobrable.
La ciudadanía, a partir del movimiento de los indignados del 15M, se manifestó frente a la dominación que ejerce sobre las economías nacionales el sistema financiero internacional, articulador de un orden mundial que ha reducido la soberanía de los Estados a su mínima expresión, buscando la subordinación de la normativa interna a reglas del juego supranacionales que den amplia protección y privilegio a los flujos de capitales, de comercio y servicios. La confrontación con el sistema financiero internacional, la especulación y la usura, tiene un parangón emblemático en la lucha que ha dado Islandia, país en el que se declaró inconstitucional e ilegítimo que el Estado deba asumir la deuda de privados, se encarceló a los responsables de la crisis financiera y se ofreció pagar deuda con el patrimonio de esos banqueros que habían llevado al quebranto al país. Otros países han hecho lo contrario, cuando han llegado los fondos de rescate lo primero que se ha cancelado son los millonarios bonos de retiro o indemnizaciones de los ejecutivos del sistema, los mismos que debieran de estar presos por sus delitos económicos. Por lo tanto, Islandia ha sido un caso excepcional, contestatario a la corriente imperial de esta dictadura financiera mundial; un ejemplo ético de resistencia, que abre esperanzas de que se puede recuperar la soberanía popular al interior de la sociedad y recuperar la independencia del Estado frente a los poderes del dinero global.
Si España pudiese seguir el ejemplo de Islandia(youtu.be/J0Z7EjoLmxE ), esto debería significar un cambio político profundo. Alguien en quien confiar para que alcance el respaldo social necesario como para asumir con realismo, que el país toque fondo para ponerlo de pie con dignidad nacional, retrocediendo quizás del consumismo extendido para volver a una vida más modesta pero más justa, en términos de un Estado que haga pagar las deudas a quienes fueron los responsables de las malas prácticas y no  al conjunto de la sociedad. Quizá este camino le significaría a España cerrarse en ella misma, pero es una opción que se podría barajar en la medida que se fortalezca la base social y surjan los consensos de fondo para cambios estructurales en España, lo que podría significar incluso refundar una República.


Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, para Noton Sevilla, España, 16 de junio de 2012.Una mirada libre a nuestro entorno

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Chile: ¿donde están los criterios de Defensa en las políticas públicas?



Chile: ¿donde están los criterios de Defensa en las políticas públicas?
Hernán Narbona Véliz
¿Frente a una hipótesis de conflicto, cuán vulnerables somos y qué capacidad de respuesta tiene el Estado amarrado por una Constitución que tiende reducirlo a su mínima expresión?

Viajando desde la región de Atacama a la capital, mientras conducía por la carretera Panamericana, pensaba en la fragilidad que tiene Chile en materia de energía, conectividad y transportes. Un país extenso que ha levantado las vía férreas para optar por la carretera y el transporte rodoviario, queda inexorablemente en situación dependiente del abastecimiento de combustibles, de eventuales cortes de caminos.

En materia de conectividad, hay extensos territorios donde no existe señal para los celulares, lo cual obedece a la baja densidad poblacional que hace poco rentable la inversión en repetidoras, las que, dadas las condiciones climáticas extremas de desierto y cordillera en las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama, no resulta atractivo para las compañías que en un oligopolio controlan el mercado de las telecomunicaciones. Queda por tanto, en esa variable, un enorme territorio, la parte más ancha de Chile, sin esa plataforma necesaria de conectividad.

El sistema energético, con un diseño de red central, es también altamente vulnerable. Cuando en situaciones de contingencia colapsa el Sistema Interconectado central  se corta la energía a nivel nacional. El país está organizado en un Sistema Interconectado del Norte Grande, que cubre las regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta;, el Sistema Interconectado Central , que cubre desde Atacama a la Región de Los Lagos; el Sistema Eléctrico de Aysén y el Sistema Eléctrico de Magallanes. En proyectos como Hidroaysén el gran obstáculo es la necesidad de subir la energía al SIC y ya se habla de una carretera de transmisión eléctrica para vertebrar las fuentes con los centros de consumo.

Volviendo a la reflexión que motiva esta nota, esos sistemas interconectados centrales ¿en qué medida son vulnerables en caso de una emergencia nacional, de guerra o catástrofe? ¿No sería más seguro, bajo un criterio geopolítico, lograr que las fuentes generadoras pudieran ser centrales de paso, producción de energías adecuadas a la realidad de las regiones, provincias o comunas, para alcanzar una mayor autonomía en caso de conflicto?
Pienso que el modelo que Chile ha construido a partir de la visión dogmática del neoliberalismo, a partir de 1977, cuando el Estado es reformado de manera profunda hasta consolidar esas restricciones en la Constitución de 1980, ha significado, desde el punto de vista geopolítico, haber perdido seguridad en materia de soberanía territorial, ya que las decisiones comentadas, tomadas con un criterio eminentemente economicista, transferido del mundo privado al estatal, ha significado debilitar la función esencial del Estado Nación, cual es la seguridad de su territorio y la protección de su población.

En emergencias de carácter natural, ya se ha demostrado la ineficacia del Estado para asumir las crisis, toda vez que sus directivos vienen imbuidos de una visión libremercadista lo que les dificulta la toma de decisiones agresivas y oportunas que se requiere en manejos de crisis. Está fresco e imborrable en la retina, la imagen de saqueos en el terremoto y tsunami del 27 de febrero de 2010. Saqueos, vandalismo, robos a propiedad pública y privada, indefensión de la población a merced del lumpen, la delincuencia e inmorales oportunistas, todo porque al gobierno de turno le tembló la mano y tuvo una actitud dubitativa imperdonable para reaccionar como Estado, sacando a las fuerzas armadas a hacerse cargo de la emergencia. La excusa de que faltaba información agravó la falta, ya que Chile tenía registros históricos del rol que el Estado debe asumir en esos episodios, por encima del color o ideolología del gobierno.

Ahora bien ¿qué pasaría con nuestro país si enfrentásemos un conflicto armado? 

¿Se ha tomado en cuenta la opinión de los cuerpos armados encargados de la Defensa Nacional al diseñarse planes públicos en áreas estratégicas como transportes, energía y telecomunicaciones? ¿No ha habido una irresponsabilidad enorme al dejar esas decisiones de Estado a merced de la conveniencia o inconveniencia de los privados que sólo persiguen el lucro máximo para sus proyectos?

En el necesario diseño de una matriz energética nacional, con un litoral de más de 4 mil km, ese mar es una fuente generosa de energía que desaprovechamos. Es fuente de agua que, tecnología mediante, podría resolver los problemas de abastecimiento industrial, especialmente minero, que el país requiere. Si el Estado no estuviese atado por perversas leyes orgánicas constitucionales que le coartan la capacidad de emprendimiento directo, el país bien podría reducir su dependencia energética a combustibles fósiles generando en espacios locales a escala razonable como para abastecer las necesidades de centros rurales, empresas instaladas en regiones, logrando bajar la vulnerabilidad en caso de conflicto.
Recuperar las vías férreas es a mi juicio una tarea urgente. Y. por favor, hacer el ejercicio de plantearnos escenarios en que debamos defender el país y cerrar filas detrás de nuestras fuerzas armadas. En cuyo caso, para tender un puente, reconstruir un muelle o transportar armamentos, no podríamos estar restringidos por el Mercado Público, sometiendo esas tareas a “concesiones “ o “licitaciones”, el propio Estado debería articular sus maestranzas, reconvertir industria actualmente en manos privadas para hacer funcionar el país en una emergencia de fondo, cual sería un conflicto armado.

La geopolítica no es un asunto teórico que queda confinado a las aulas o academias militares. Es una forma de prevenir, de identificar debilidades y solucionarlas preventivamente. Es una visión de Estado necesaria, que creo hoy ausente,  tal como lo estuvo en los gobiernos de la Concertación, los que adicional y justificadamente, arrastraron por 20 años prejuicios de una relación dolorosa entre civiles y militares durante el régimen militar, a partir del golpe de Estado de 1973. La tecnocracia abordando la gestión pública con criterios de empresa privada genera distorsiones alarmantes, en aras de las ganancias empresariales. Recuperar un sano sentido de las prioridades nacionales debe ser materia de consenso por encima de coyunturas político partidarias. La probabilidad de un conflicto crece cuando se percibe un Estado débil, sin capacidad de conducción, sin capacidad de sentar las bases de una economía que apunte al desarrollo equilibrado a nivel territorial, sin esa concentración poblacional que se da hoy en el centro del país, en desmedro de la escasa población asentada en zonas sensibles de nuestro territorio.

Una reflexión mirando a Chile en situación constante de emergencias por largos años, desde el terremoto de Tocopilla, el mega terremoto y el tsunami del 2010, las erupciones volcánicas en Chaitén, ahora en Puyehue, suma y sigue. Además en un escenario complicado de relaciones internacionales, con una vecindad que nos ausculta al trasluz de sus intereses; presiones de Perú y Bolivia, nuevos planteamientos que hay que enfrentar desde una diplomacia inteligente de integración regional, pero también fortaleciendo nuestra soberanía, solucionando los flancos débiles que ha provocado un modelo que no encaja con una sana visión de Estado.
Periodismo Independiente 11 de junio de 2011.

 




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Monsanto, el tomate limachino y la ensalada chilena


Senado dio vía libre a un convenio que impide a los campesinos chilenos guardar sus semillas y prolonga la vigencia de los derechos de las transnacionales que venden semillas híbridas y transgénicas. Gracias a 14 votos provistos por la Alianza y la Concertación.

Rojo intenso, oloroso, jugoso, con la base delineada como en gajos, el auténtico tomate del valle de Limache era la estrella de las ferias y mercados. Las cebollas valencianas nuevas, recién salidas para primavera, y el perejil de verde intenso. Eran los ingredientes para preparar la ensalada chilena, que luego se condimentaba con aceite de maíz y sal, irradiando un perfume sin par, un canto de la tierra, un poema al paladar. Los hombres solían adornar la ensalada chilena con ajíes verdes, desafiantes. No sin razón, esa fue llamada la ensalada chilena, la preferida del verano, la indistinguible y única, la chilena.

El campo siempre tuvo ese halo romántico de las vacaciones, esa visita a las chacras, el juego oloroso de la tierra mojada, cuando las acequias brindaban de acuerdo a turnos el preciado elemento. Por generaciones, los campesinos, los medieros, los hombres de la tierra, acumularon la sabiduría en el manejo de sus cultivos, en la rotación de las plantaciones, el arado, la preparación de los surcos, las semillas guardadas, el cuidado, el desmalezado y de nuevo el ciclo de la cosecha y la vida de grandes pilastras y canastos, donde desde niño iba a las compras familiares. Detrás de las verduras, hortalizas, variadas frutas, gallinas de campo, conejos, había un estilo de vida rural, generoso y esforzado, que siempre admiré.

El mundo evolucionó y, al parecer,  no todo ha sido para bien. Los requerimientos de un mundo interdependiente obligaron a avanzar en una agricultura industrializada. La manipulación genética de los cultivos hizo casi desaparecer los cultivos autóctonos. El viejo y sabroso tomate limachino fue sustituido en las estanterías de las grandes tiendas por el tomate rocky, firme, de maduración lenta, apto para su exportación y venta masiva, pero jamás tan sabroso y perfumado como el original.

El año 1994 surgió la Organización Mundial del Comercio, en un Acuerdo que incorporó casi todos los tópicos de la economía mundial, entre otros los Derechos de Propiedad Intelectual, donde los Estados se comprometieron a perseguir el plagio o piratería. Sin embargo, a merced de leyes de Patentes, en Estados Unidos se comenzaron a patentar como conocimiento protegido, los productos naturales de flora o fauna  a los cuales se les hacía alguna manipulación genética. El Doctor Fernando Monckeberg  lo alertaba en 1990. Había más de 2 mil patentes de biogenética esperando registro en la Oficina de Patentes y marcas de los Estados Unidos (USPTO). Entre ellas, daba como ejemplo, estaba el ahora popular tomate rocky. La dominación mundial se auguraba por la concentración de la propiedad del conocimiento tecnológico, a través del sistema de patentes.

El caso de Monsanto es evidencia de esta evolución, en un marco de globalización

Una Corporación planetaria  controlada por el magnate David Rockefeller que desplaza sus filiales por todo el orbe, como líder en la producción de alimentos transgénicos. Su negocio en semillas es la manipulación genética  y el registro de patentes de semillas híbridas, que tendrían ciertas características, pero que sirven para una sola siembra y cosecha, debiendo los agricultores seguir adquiriendo año a año las semillas para poder seguir produciendo un producto. Pero, lo que realmente ha resultado en una usurpación de patrimonio natural de los países, ha sido el hecho de patentar especies de flora o fauna que, obviamente, por existir en estado natural desde siempre en los pueblos originarios, nunca a esas comunidades se les pasó por la mente la necesidad de proteger su propiedad como patrimonio de su nación.

Pero, estos gigantes multinacionales sí lo han hecho y muchas veces, realizando la extracción ilícita de las especies del lugar de origen, en un verdadero contrabando de exportación, llevándose ejemplares o plantas naturales para que sus invernaderos y  laboratorios las manipulen y luego las hagan suyas, cambio genético mediante, incorporando algo en su cadena de ADN, lo que les concede diferenciación para esa propiedad industrial. A partir de allí, quedan protegidos por la ley norteamericana que es extraterritorial y que se refleja en los TLC y en el Acuerdo de Marraquech de 1994, que creó la Organización Mundial de Comercio, lo que protege a los residentes americanos donde sea que ellos realicen sus negocios.

Con el peso imperial por espaldas, esta Corporación planetaria, Monsanto, se ha ido apoderando de los cultivos principales, maíz, soja, quinua, hierbas medicinales, los alimentos naturales que por siglos generaron los agricultores, mejorando injertos, desarrollando la diversidad de cultivos con que se crió nuestra generación. Monsanto partió con negocios en venta de sacarina, herbicidas y a partir de los ochenta incursionó en biotecnología, con una estrategia de concentración que la dejó como líder absoluto en materia de alimentos a nivel mundial.

Esta trayectoria avasalladora tiene grandes críticos a nivel mundial, por el uso de componentes que son potencialmente dañinos para la salud de las personas. Una de las controversias principales ha sido la derivada del libro “El Mundo según Monsanto” de la periodista francesa Marie Monique Robin  en el que se denuncia el irresponsable desarrollo de los químicos para "mejorar" la producción agrícola y crear alimentos transgénicos.

Cuando se comprueba la invasiva presencia de estos conglomerados, en alianza con intereses locales, la ciudadanía afectada poco puede hacer, toda vez que las decisiones ocurren por arriba de las instancias territoriales del país, en un marco jurídico supranacional que, guste o no guste, es parte de la forma como el país se ha insertado en la globalidad.

Los derechos históricos de los pueblos, a disfrutar y preservar sus recursos, su naturaleza, su forma  de alimentación, pasan  a ser atropellados por la ambición expansiva de estos gigantes globales. 

Disfrutar de una ensalada chilena, autóctona, inolvidable, de ese poema para el paladar, puede quedar restringido al uso de tomates de producción patentada. Y con nostalgia e impotencia, lo anotaremos en el registro de lo que hemos perdido al ser parte de un modelo global dirigido por la codicia ilimitada, que pisa nuestra soberanía y nos remite a situaciones coloniales, en medio del Siglo XXI.

Periodismo Independiente, 26 de mayo de 2011.


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