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Chile: Autocrítica, la tarea inconclusa.


Seamos francos, a nadie le resulta fácil reconocer sus propios errores. La palabra “Autocrítica” parece haber quedado olvidada en vetustos diccionarios. En ellos se la define como “el conjunto de opiniones emitidas por parte de un partido político o uno de sus miembros con respecto a su propia ideología  y comportamiento político”. Una definición que se puede aplicar a los individuos o a la ciudadanía toda. Una catarsis que permitiría desnudar las palabras de connotaciones artificiales o interesadas, para darles un sentido genuino de comunicación sincera.

Creo que aprecié la fuerza de la autocrítica en oportunidad de una visita a Polonia, en 1971, al campo de concentración de Auschwitz. Allí, remecido por ese testimonio de horror, tuve oportunidad de conversar con jóvenes de Alemania Federal que realizaban trabajos voluntarios de mantenimiento del campo. Su intención era mantener viva la memoria de su pueblo y de la humanidad, para que nunca más se incurriera en una doctrina de muerte, el nazismo.

Practicar la autocrítica significa alcanzar niveles de madurez política y social, porque es la instancia íntima para reconocer errores, apreciar, pese a las diferencias, los méritos de los adversarios. Encontrar espacios reales para la aceptación recíproca, invocando principios racionales para resolver los conflictos de intereses. Reconocer que nadie debe arrogarse verdades absolutas y que nuestros derechos terminan donde comienzan los de los demás.

En el Plebiscito del 5 de Octubre de 1988, Chile mostró su capacidad cívica para resolver con cordura y coraje el problema de transición de la dictadura a la democracia. Sin embargo, quedó pendiente una dura autocrítica nacional, que permitiera desterrar los mesianismos, dando paso a una convivencia de menor perfil ideológico, basada en acuerdos políticos y sociales. Ha quedado pendiente y pesa fuertemente en la historia presente, la revisión de la historia de los últimos 50 años para refundar un proyecto de país donde quepamos todos. Es necesario un nuevo lenguaje político, diferente al farandulero y superficial que los partidos han usado en los dos últimos decenios y que ha generado una profunda crisis de credibilidad en esa clase política.

Un alto porcentaje del electorado es hoy una gran incógnita porque nació y creció en esta democracia cínica e imperfecta. De su comportamiento cívico pende el  futuro de Chile, si el desencanto se hace proyecto responsable, o se traduce en resignación, abulia y más de lo mismo. Pienso que la conmemoración del 11 de septiembre de 1973, 40 años después, ha servido para destapar heridas no cicatrizadas; pero el tratamiento de los temas se ha vuelto nuevamente maniqueo, con manipulación de la historia, negando complicidades, deslealtades y traiciones, heroísmos y coraje, que se dieron en ambos bandos en conflicto. Es que mediáticamente la sociedad ha convertido la conmemoración de septiembre 2013 en un producto más, detrás del cual ha habido testimonios, espacios con retazos de verdad, pero siempre manipulados por la estrategia del sistema en orden a manipular la información a conveniencia de alguien. Eso no ha sido autocrítica ni mucho menos.

Hay quienes proyectan en sus discursos políticos sus justificaciones. 50 años con decodificación de los documentos del  gobierno norteamericano, ha venido develando la historia oculta, mostrando los hitos de la felonía, el complot articulado vía Nixon-Kissinger y los políticos chilenos reclutados y pagados por la CIA en Chile. La intervención política de ultra derecha que quiso frenar la experiencia de la Unidad Popular y la de fuerzas de ultra izquierda que desde dentro rompían con su indisciplina y voluntarismo revolucionario, la necesaria unidad de dirección que debía ejercer el Presidente Allende. Chile se desestabilizó a dos bandas, por las redes golpistas y por las propias fuerzas de la coalición de gobierno. Así se fueron socavando los cimientos de la democracia. Hasta que se produjo lo planificado por el Pentágono en medio de la guerra fría: la caída del único régimen socialista que había llegado al poder constitucionalmente por la vía del sufragio.

Hoy nos sigue penando la falta de autocrítica sincera. Para los más jóvenes los episodios de 40 años atrás son leyenda o textos de historia, como los asesinatos de Manuel Rodríguez y los hermanos Carrera, como la revolución que derrocó a Balmaceda, como la masacre de la Escuela Santa María de Iquique, hechos vergonzosos, repudiables, pero tan distantes que no alcanzan a sentirse en su humana dimensión.  

Mirar el futuro con unidad nacional, habría requerido realizar esa autocrítica oportunamente, la de los militares, la de los políticos que propiciaron y aplaudieron el golpe, la de los civiles que profitaron de la dictadura y los jueces que hicieron vista gorda ante los crímenes, la de esos partidos de la Unidad Popular, que jugaron dogmática e irresponsablemente a la agudización de las contradicciones. Hay mucha verdad pendiente y no será este año ni los próximos, ocasión de hacerla. Primará más el cálculo político, el marketing. Las familias de los desaparecidos no encontrarán verdad, los manejos turbios e ilícitos de las reparaciones tampoco.

Por encima de la ética, lamentablemente, estará el pragmatismo político, salvo que Chile reaccione de corazón en noviembre y abra avenidas nuevas a una generación distinta, que sin lastres, afronte con sinceridad la construcción de un país dolorido, en rumbo a un reencuentro que sea en un nuevo escenario institucional, en justicia social, regionalismo y democracia profunda.

Periodismo Independiente, 1 de septiembre de 2013.  @hnarbona en Twitter.


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Hugo Chávez y los paralelos de la historia americana






Han concluido las exequias fúnebres y las banderas flamearon a media asta en toda la región. En la capilla ardiente estuvieron muchos Jefes de Estado. 
Esto me hizo recordar el funeral que tuvo en Buenos Aires Juan Domingo Perón y surgió esta reflexión histórico política para mejor entender el fenómeno del chavismo.


Cuando Simón Bolívar planteó su sueño americanista, Diego Portales en Chile planteó el fortalecimiento republicano antes que integrarse al mando del Libertador. Portales, que hacía salir a Chile de la anarquía apostó a dar estabilidad a la República, lo cual se logra con los  3 decanatos fundacionales de los Presidentes José Joaquín Prieto, Manuel Bulnes y Manuel Montt. Portales señalaba “La República es el sistema que hay que adoptar; ¿pero sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un Gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos”.  En 1836 Chile tuvo que enfrentar su primer guerra contra el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz y su Confederación Perú Boliviana.

El chavismo será como el peronismo o el kitchnerismo, una amalgama de discursos y visiones llenos de complejidad,  pero que ha logrado comunicarse con las masas en un lenguaje directo, comprensible, visceral y movilizador. Ha sido expresión de un populismo político que tiene un gran porcentaje de nacionalismo y que se viabiliza en la medida que posee los recursos estratégicos para financiar el traspaso de riqueza a sectores sociales que acompañan al gobierno en la aventura. Perón fue hombre de armas, simpatizó con el nazismo y sustentó su poder en un sindicalismo duro, al cuño de los sindicatos norteamericanos, hechos a fuerza de metralla, tal como las mafias de principios de siglo XX. La Argentina de Perón tuvo el trigo como palanca de base. Chávez tuvo su petróleo. Y hay otra similitud histórica, Perón simpatizó con los grupos de izquierda sirviendo de puente para negociar suministros a Cuba durante el bloqueo. Eran tiempos álgidos de la guerra fría y, dentro de ella, cabe recordar que la España franquista hacía lo propio con Cuba y así el aislamiento que pretendía Estados Unidos de Cuba falló por el accionar bipolar de sus propios aliados.

Surgió entonces, la doctrina tercermundista, la visión Norte Sur, la tesitura de la tercera posición, de los no alineados, con Tito en la vieja Yugoeslavia; Perón en Argentina; Carlos Ibáñez del Campo en Chile, Getulio Vargas en Brasil, marcando un sentido tercermundista y de nacionalismo económico de la América Latina de los cincuenta y sesenta. El impulso de los frentes populares, la irrupción de Frei Montalva con la Revolución en Libertad, la vía democrática al Socialismo de Salvador Allende, las nacionalizaciones de las riquezas básicas en una consonancia anti imperialista. Pero en los setenta se vino la noche negra de las dictaduras militares en todo el cono sur y la vuelta atrás en las medidas nacionalizadoras. Es necesaria esta contextualización para entender el fenómeno caudillista, bolivariano de Hugo Chávez.

No se puede encasillar a Hugo Chávez en los parámetros chilenos actuales de democracia representativa, porque Chile desde el gobierno militar y sin solución de continuidad, ha tenido  un posicionamiento “fenicio” en la globalización, potenciando su economía hacia afuera y buscando el crecimiento por dos vías estratégicas, abrir su economía al mundo para que el comercio fluya libre y constituya el principal motor de crecimiento;  y, simultáneamente, blindar el modelo para dar al mundo multinacional y a los grupos económicos que controlan la generación de riqueza, una estabilidad político jurídica que aliente a la inversión, resignando al Estado a un rol regulador y de débil fiscalización. 

Por ese camino, Chile abrió el manejo de sus riquezas básicas a la inversión privada con un profundo proceso desnacionalizador de ellas. Chile, guste o no, ha sido adelantado dentro el proceso de la globalización, jugando con esa visión su inserción internacional, dando tantas seguridades al socio externo que sería de alto costo recuperar el control de esos recursos, como que la Constitución y su aparataje de Leyes Orgánicas, han colocado camisas de fuerza de difícil desmontaje, en fin, se han otorgado facilidades que las multinacionales quizás no hayan logrado en ninguna parte, ni en el propio Estados Unidos.

El resultado ético de este modelo que ha superado los 35 años, ha sido la concentración de la riqueza y la enorme brecha en la distribución del ingreso, lo que genera una caldera social de alto riesgo. Chávez, por su parte, capitalizó el repudio hacia la clase política corrupta y puso a Venezuela en sintonía con aliados externos marginados del sistema oficial interamericano.

Apoyó con sus petrodólares a Cuba, repitiendo lo que hizo Perón en los setenta. Rompió los moldes de subordinación a la OEA y provisto de sus ganancias petroleras mejoró la condición asistencial de sectores pobres, históricamente marginados del crecimiento. Así, combinando un discurso de integración bolivariana, con los estilos propios del caudillo militar, fue cambiando la institucionalidad venezolana para anclar su modelo, tal cual lo hizo Pinochet al encargar la redacción de la Constitución del 80.

En el plano internacional articuló sus alianzas estratégicas como un outsider generoso, apoyando a Cuba, Nicaragua, Uruguay, armándose con Rusia, teniendo un trato de aliados con Irán, irradiando su influencia hacia Ecuador y Bolivia, generando en la integración regional un eje distinto al del ABC (Argentina-Brasil Chile) que siempre la había llevado. Generó así Unasur, Unión de Naciones Suramericanas, y la Celac Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños,  y logró sepultar el ALCA que impulsaba George Bush, del cual fue un entrañable adversario político.

Hugo Chávez fue un vecino jaranero y con plata, que invitó a los pobres a la mesa de la abundancia, pero que fue duro con sus contradictores y adversarios políticos. El manejo de su agonía y su muerte quizás quede encriptada como asunto de Estado, ya que al igual que ocurriera con Perón y con Franco, las horas finales del caudillo quedaron supeditadas a la contingencia de la transición y el ordenamiento del poder, más allá de consideraciones humanitarias. El sueño de la integración seguirá como una utopía aglutinante, con los bemoles que cada país le coloca de acuerdo a sus intereses profundos. El Estado de Chile puede y debe convivir con inteligencia en esta vecindad, para seguir en una paz estable, usando las cualidades de orden y estabilidad y corrigiendo aquellas debilidades estructurales que ha provocado un modelo concentrador, sin un Estado fuerte, conductor del desarrollo.

Periodismo Independiente, 10 de marzo de 2013.  @hnarbona en Twitter.



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Un Cumpleaños en París


Con tus pinceles  de fuego, con el dolor de Guernica, con los resabios del exilio, con los dolores de España en el corazón, estuviste de cumpleaños 90 y París te homenajeaba. Habías testimoniado al mundo los valores de la República española asediada, el horror de la guerra civil. Además de romper las escuelas pictóricas con gran osadía, habías mantenido tu militancia comunista desde fines de la segunda guerra mundial.

Era octubre de 1971, el Louvre rendía homenaje en vida a Pablo Picasso y en ese  teatro impresionante, Palais des Sports de París, estuvimos conmovidos. Cantaba Paco Ibáñez, el gran trovador español. Pablo Neruda andaba por Estocolmo recibiendo su premio Nobel.  

Éramos  tres  embajadores juveniles del gobierno popular chileno que concurríamos a un Congreso donde nuestros anfitriones eran protagonistas recientes del París de Mayo de 1968. Habíamos sido recibidos como voceros apasionados de una experiencia libertaria en el sur del mundo, nuestras voces eran de paz, pregoneros de la vía democrática al  socialismo que se abría en Chile.

Por eso fuimos Invitados a tu cumpleaños noventa, Pablo Picasso.

Pacifista, comunista, Pablo Ruiz Picasso había sido nombrado director del Museo del Prado, por el gobierno republicano. En medio de la guerra civil, en 1937 pintó uno de sus cuadros más famosos, el Guernica, un alegato contra la guerra y el terror infligido a la población civil durante el bombardeo aéreo alemán sobre Guernica, obra que expresa la angustia frente a las máquinas de muerte inauguradas por el nazismo.


Y vivimos la celebración masiva rebasados de asombro.  Con las manos llenas de racimos, sin poder llevar con nosotros sino parte, apenas una pizca,  de esa emoción indeleble. Sin alcanzar a dimensionar que estábamos en una conjunción del planeta, con dos Pablos libertarios mostrando caminos de humanidad. De conocerte desde mi precario saber para aprenderlo todo y estar, simplemente estar  y aplaudirte. Y comentarte  para los nietos que entonces ni siquiera imaginábamos. Y recordar por siempre tu pintura que remecía tiranías con sus grises  atrevidos cual alaridos de impotencia, con su fuerza testimonial.


Y nuestras almas saboreando la libertad en ése tu cumpleaños noventa, en París, como un mosaico de sueños que quedaron desvencijados en un diario de vida, inmolado en la hora cero. Justo antes que empezaran nuestra propia historia y nuestros propios exilios.
Hernán Narbona Véliz, 30 de enero de 2011.


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