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Emprender: ¿Competentes o Competitivos?



Reflexionando sobre los desafíos de emprender, sobre el coraje de quienes impulsan sus proyectos y se las juegan por ellos, saltaron estas dos palabras que es preciso aclarar.

¿Qué es ser competente? Es tener el conocimiento, habilidades y actitudes como para realizar algo con una calidad que satisfaga a su usuario o consumidor. Es conocer y realizar acciones con seguridad para obtener un buen resultado. Esta cualidad es combinación de los talentos innatos más la formación, experiencia y capacitación que va capitalizando la persona.

Por otra parte, ser competitivo significa tener la capacidad de presentar un producto o servicio para que pueda ser aceptado por las personas que requieren esa atención, con un parámetro de aceptación en el mercado, a un precio razonable.

Obviamente, un proyecto es en esencia colocar en blanco y negro las capacidades para lograr el estándar que pide el consumidor y como esto es dinámico, siempre hay que ir mejorando, para conquistar a un cliente que no es fiel y que busca siempre un mejor trato al comprar. 

El factor empresarial, tantas veces estigmatizado por hacer del concepto sinónimo de malas prácticas, es clave para generar riqueza y provocar movilidad social. Los emprendedores son ese patrimonio intangible que va aportando progreso a la comunidad y están por esencia muy lejos de los monopolios o las colusiones. Son personas que aprendieron a ser competentes  y no temer a la competencia, siempre que sea leal y no depredadora.

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Gestionar Emprendimientos Asociativos


Proyectos sociales y emprendimientos asociativos
En medio de la crisis que atraviesa las mayores economías del mundo, se abunda en diagnósticos que, como común denominador, rechazan las bases mismas del sistema neoliberal, del capitalismo globalizado del Siglo XXI. Se han masificado en el orbe, movimientos sociales que expresan el descontento transversal, son los indignados de 15M, son los jóvenes que se abstienen de participar en los partidos políticos y en las elecciones; son los estudiantes que no ven futuro y que están sobre endeudados antes de salir a trabajar; son la clase media, heterogénea, trabajadora, con muchos acostumbrados al alero protector del Estado, una generación consumista hasta el límite, contaminada en su ADN por el individualismo.
¿Cómo articular asociatividad en una sociedad individualista y consumista?
Es la gente común y corriente que pierde su empleo, enfrentando dos alternativas: o cae en la depresión y la angustia o genera nuevas y escondidas energías para remontar. Una clase media que debe ingeniárselas para sobrevivir, que no puede esperar los cambios estructurales, que debe generar recursos. De esa realidad que cruza la sociedad, podría surgir una masa crítica para articular una economía alternativa, que rompa las presiones del establishment.
Puedo afirmar que sobre esto hay una amplia expertise en las comunidades de base de América Latina, en cámaras empresariales principalmente. Desde 1974 a 1994 funcionó en América Latina y el Caribe, el Centro Interamericano de Comercialización de OEA, proyecto auspiciado por la Fundación Getulio Vargas, de Rio de Janeiro, cuya misión era apoyar y promover la internacionalización de las medianas empresas latinoamericanas, para lograr revertir sus términos de intercambio y alcanzar una gerencia que dirigiera los proyectos productivos hacia mercados externos, en un marketing estratégico que privilegiara la asociatividad y la cooperación. El contexto global del comercio marca actualmente que las dos terceras partes del intercambio mundial se produce entre empresas vinculadas o relacionadas bajo la figura de entidades corporativas. Esta concentración de la riqueza deja estrechos espacios para el pregonado comercio libre de la doctrina neoliberal, convirtiéndose en un lugar común, la tendencia a la conformación nuevos oligopolios o monopolios, dumping o retorsión en los mercados. Es decir, la praxis neoliberal está cada vez más lejos de la libre concurrencia.
Fui consultor de CICOM desde 1986 y tuve oportunidad de recorrer América Latina difundiendo una opción para salir a los mercados externos. Los proyectos asociativos, tales como las cooperativas, los consorcios o los joint ventures, son en general, formas de cooperar en función de un objetivo e interés común. Esto es opuesto a las estrategias depredadoras de los conglomerados que buscan destruir la competencia, absorberla o forzar fusiones, buscando así ocupar todos los espacios, excluyendo a los que no controlan. Una dialéctica perversa que les permite concentrar poder y compartir, en definitiva, el mercado entre muy pocos oferentes. Ese poder económico tiene vectores hacia la política, la academia y los consumidores.
Frente a esta realidad, aparecen a nivel global las pequeñas y medianas empresas, marginadas metódicamente de las fuentes de crédito que existen en los sistemas bancarios y en los mercados de capitales, víctimas de un sistema financiero que las castiga y margina, bajo la falacia de que son clientes de riesgo. Una gran mentira instalada, ya que las personas en general pagan y honran sus deudas, y han sido las ingenierías financieras perversas y corruptas de grandes operadores, las que han arrastrado a la crisis a todo el planeta, en todas las últimas crisis globales.
En los esfuerzos políticos progresistas por reducir las brechas entre los sistemas corporativos globales y sus encadenamientos productivos, respecto de la economía doméstica y local, aparece como una doctrina alternativa la estrategia asociativa de base social. Que significa poder articular capacidad asociativa para actuar sobre la oferta y la demanda.
En cuanto a la oferta, la idea es consolidar paquetes de negocios compatibles para optimizar una gestión de comercialización conjunta que permita la colocación de esos productos en determinados mercados metas de mediano porte. De esto hay muy buenos ejemplos a través de ONGs europeas que canalizan apoyo para organizar proyectos de base comunitaria. Proyectos articulados desde la base local en lugares como La Paz, Catacaos o Ambato, agrupando talleres familiares bajo diseño europeo, con exportaciones mensuales que se focalizan en boutiques de buen nivel y de sesgo ecologista, con sello verde. También aparece, en lo asociativo, la organización activa de los consumidores que jaquean las máquinas de marketing oficiales, para construir opciones relativamente independientes. Allí aparecen como alternativas, el comercio justo, los clubes de trueque, donde las personas cambian productos, donde se realizan ventas de garaje de carácter comunitario, con ferias itinerantes por diversos barrios y una red que se va tejiendo gradualmente.
También aparecen las experiencias de consumidores que se agrupan para contrarrestar el poder de los monopolios, las trampas financieras del retail, el peso oligopólico de firmas que se coluden para perjudicar a los consumidores. Comprar juntos en bodegas mayoristas significa saltar los canales de comercialización habituales, logrando economías que se comparten entre los miembros de un club. Las experiencias asociativas son el terror  de los monopolios, su publicidad engañosa busca borrarlos. Sin embargo, es en períodos de crisis cuando se puede incentivar la creatividad social, ejercer dentro de las reglas de una sociedad de mercado, la soberanía del consumidor organizado, de las cooperativas o empresas que complementan esfuerzos y competencias.

De esta forma, es necesario pasar del desencanto a la acción. No incubar depresiones o esperar milagros. Hay que entregar poder a las comunidades organizadas, ejerciendo la soberanía de las redes sociales. Pero no para marchar y conflictuar con las policías, sino para acciones pacíficas activas que jaqueen a las empresas abusivas que afecten los intereses de los usuarios con precios desmedidos o productos que pueden dañar la salud o el medio ambiente. El ejercicio de la asociatividad en redes globales podría ayudar a que proyectos productivos latinoamericanos pudieran tener espacios con empatía en mercados de Europa, gracias a la decisión de colaboración de organizaciones sociales que pueden actuar bajo el principio de reciprocidad, adquiriendo productos, servicios, asistencia técnica o tecnologías, de manera más económica, esquivando las ofertas de productores multinacionales.
Los emprendimientos tienen como sustancia básica un estado de necesidad y es por eso que las crisis pueden convertirse en oportunidad para salir de la dependencia que implica ser asalariado a la aventura de alcanzar una relativa mayor libertad como empresario independiente, con trabajo, esfuerzo y una actitud que rompa los individualismos por la vía de la colaboración y la reciprocidad.

Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 27.11.2011.


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¿Por qué ha sido lenta la reconstrucción?

Creo que la reconstrucción no ha sido más rápida porque el actual gobierno no tuvo la capacidad de manejo de una emergencia de estas proporciones, que le habría permitido constitucional y legítimamente operar con el Estado como una locomotora, recurriendo a circunstancias extraordinarias.

No la tuvo porque Sebastián Piñera heredó un país colapsado y porque hace 50 años que la derecha no era gobierno en forma democrática, por lo que no tenía los cuadros suficientes como para tomar las riendas del Estado en un escenario de crisis, lo que, en general sus tecnócratas provenientes del sector privado, desconocían.

Por ello, la explicación de muchas marchas y contramarchas, de uso timorato de las propias facultades constitucionales, de autolimitarse en la toma de medidas audaces que hubiesen resultado en decretazos que movieran toda la energía pública hacia la recuperación de los servicios en lo medular de la catástrofe.

Demasiado se apuró el gobierno en levantar el Estado de emergencia, cuando pudo sostener ese estatus por todo el tiempo necesario para que las energías de las Fuerzas Armadas apoyaran la organización de las comunidades afectadas. No se trataba de tener a los conscriptos martillando mientras los damnificados miran de brazos cruzados. No se trataba de que una ONG llevara voluntarios inexpertos, reclutados gratis como voluntarios, a realizar esos trabajos por los que recibía ingresos del Estado y que los interesados quedasen fuera de esas tareas. Debió reorganizarse el tejido social, para que la autoayuda, la asociatividad de las comunidades fuese el gran motor de la reconstrucción. Pero esto requería voluntad política y visión de Estado.

Además, pudo organizar a la gente incentivando la autoconstrucción, el cooperativismo. Amarrado en sus propios dogmas ha afrontado la catástrofe con juegos de mercado, entregando subsidios para que constructoras intermedien y en ese afán de lucro los recursos no han tenido la fiscalización ni el control de la propia gente afectada por la tragedia. Es un problema de fondo y de capacidad de gestión de la cosa pública, con la gente organizada.

El esquema que juega a instancias de intermediación con recursos públicos tiene el grave riesgo de las corruptelas si no hay transparencia y fiscalización efectiva. Así,  saltó a la luz pública que iban a demoler los edificios las mismas constructoras culpables de haber construido edificios que colapsaron. El MOP tuvo que dar marcha atrás y llamar a otra licitación.

La transparencia requiere la fiscalización de las comunidades organizadas, de los alcaldes, de los concejales, de los consejeros regionales, de los líderes naturales de las poblaciones, las caletas, los condominios. Con la gente movilizada, con miles de ojos cuidando el interés general, se manejan los proyectos asociativos. Así, en forma participativa se superaron las emergencias en el terremoto del 1971 y de 1985, de lo que puedo hablar por haber vivido la experiencia de trabajar con las comunidades.

Ahora, el tomar este primer año de gestión como un ocasión para ganancias políticas es algo que rechaza la ciudadanía. Lo que espera es que se le rinda cuenta de qué se hizo con lo que se recaudó en la Teletón para la Reconstrucción. Necesita conocer el destino de los recursos que fueron asignados a dedo a dos ONG por el gobierno saliente. Necesita saber qué resultado tuvo concentrar en un par de grandes cadenas la entrega de materiales de reconstrucción. Hay mucha nebulosa en todo el proceso y la gente siente que falta transparencia y sobran discursos o puestas en escena de apoyo extemporáneo.


A un año de la tragedia se hubiese querido escuchar un mea culpa de quienes demoraron 36 horas en nombrar Jefes de Plaza, de quienes fueron dubitativos cuando había que ser decididos, de quienes han estado amarrados a un sistema que marca el principio de Estado Subsidiario que para catástrofes como la vivida, está visto, no funciona.


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