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Segunda vuelta y nuevas expectativas

La credibilidad de la clase política y la abstención



Frustrante fue el nivel de abstencionismo que arrojó la contienda electoral. Un país donde vota sólo la mitad del electorado está enfermo de una falta de civismo grave. Colocar fin al binominalismo, con todas las injusticias que conlleva, se ha convertido en la punta del iceberg en las demandas de esa ciudadanía que se aleja de los partidos políticos y que se reflejó potencialmente en ese tercio del total de votos que consiguieron los candidatos alternativos a la Nueva Mayoría y la Alianza. 

Pero para inducir a un cambio en la correlación de fuerzas, que terminase de hecho con el binominalismo, se requería concurrencia masiva a las urnas y eso no ocurrió. Lo cual ha jugado a favor de la permanencia del orden establecido, que favorece solamente a las dos grandes coaliciones.

Durante la campaña, desde las candidaturas alternativas se formularon grandes ideas fuerza, como sustentabilidad, más regionalismo, desconcentración del poder y la riqueza, matrimonio igualitario, mayor fiscalización, reforma tributaria, educación pública gratuita, AFP estatal, recupero de un Estado conductor del desarrollo, expectativas todas que buscan cambiar de raíz las bases institucionales de Chile, partiendo por una nueva Constitución. La coincidencia transversal en un camino ciudadano, político y social de una Asamblea Constituyente ha dejado en la agenda una realidad: el nuevo gobierno, probablemente a cargo de Michelle Bachelet, deberá enfrentar esa gran demanda, pese a que la candidata trató de rehuirlo en sus escasas declaraciones pre-electorales. Por otra parte, la convocatoria a marcar el voto como AC, logró un estimado del 8% de los votos válidamente emitidos y no tuvo el éxito de instalar el hito que se pretendía, porque para ello deberían haber votado masivamente los jóvenes que pudieron debutar en estas elecciones pero se negaron a hacerlo.

Queda instalada la incógnita de esa mitad del electorado que vive en Chile, pero que no se involucra ni compromete en la vida cívica. ¿Adherirán el día de mañana a un plebiscito que quiera cambiar la Constitución? ¿Seguirá esa desidia por los temas comunitarios, colectivos, de sociedad?

En medio de la traumante realidad de un país que no abre espacios para entusiasmar a las nuevas generaciones a cumplir sus deberes cívicos, con la mitad más joven del país caminando las rutas del hedonismo, del individualismo y del consumismo; o bien en los límites de la legalidad, ligados al narcotráfico o al vandalismo nihilista, la sociedad chilena se descompone y se hace más violenta y discriminatoria, con estratos marcados que conducen en el mediano y largo plazo a una convulsión social de gran peligro.

Son demasiada las expectativas de mayor libertad en el ámbito de las personas, una mejor distribución del ingreso y las oportunidades, el término de política de secretismo y tráfico de influencias, derechos que se consagren en la carta magna del Estado, que el futuro gobierno, así lo pretendiere, no podrá contener en un dique de dilaciones o evasivas. Estará compelido a cumplir lo prometido y ello lo podrá lograr si la voluntad política y los intereses involucrados, atienden la presión social, que será mucho mayor y propositiva, pero menos manipulable porque de engaños ya está curtida.

En el mes que falta para la segunda vuelta los grupos alternativos bien podrían suscribir un acta ciudadana de compromisos sustantivos que se exigirá al nuevo gobierno como condición de apoyo, imponiendo un estilo directo de participación de la ciudadanía en la agenda política. Una herramienta a poner en práctica sería una ley que implemente la Iniciativa Legal Ciudadana, como forma de canalizar al Legislativo demandas de manera propositiva e institucional.

Periodismo Independiente, 19 de noviembre de 2013     @hnarbona en Twitter.
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Bachelet al ruedo y sin llorar




Bachelet: al ruedo y sin llorar.

De la Dedocracia a la Encuestocracia

A la primera mujer Presidente de Chile la designó a dedo como candidata el Presidente Ricardo Lagos, ahorrándole justo a tiempo el debate con Soledad Alvear. 

Se explotó al máximo su condición de mujer y se tildó de machista a quien la emplazaba con dureza.  Memorable fue la discusión con el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, quien acusó a la abanderada de inconsistente y de ser un "producto de marketing" levantado por las encuestas. Cuando Jocelyn Holt le preguntó si era ella una carta tapada de los militares, la reacción de los asesores fue rabiosa. Bachelet lo llamó opinólogo y lo trató de payaso de circo. 

Así, en todos los paneles de campaña se cuidó siempre celosamente que las preguntas estuvieran pauteadas para evitarle a la candidata “el desgaste” de la confrontación de ideas. Los adjetivos acuñados como slogans fueron “gobierno ciudadano” “cercanía a la gente”, “gobierno amable” “todos y todas”.  

El primer encontrón real de Bachelet como Presidente fue con los secundarios de la revolución pingúina, a los que mandó a la vía muerta, creando  una enorme comisión donde todo fue quedando en nada. En su mandato realizó el lanzamiento del Trasantiago, pese a estar el mismo sin terminar, provocando un fracaso de enorme repercusión social. Fue incapaz de soltar amarras del sector  laguista que la había colocado en el poder, primando las lealtades políticas por sobre el deber de estadista. Al primer año su popularidad estuvo totalmente a la baja.

En su gobierno, la austeridad en las cuentas públicas estuvo a cargo de Andrés Velasco, quien reemplazó al  gran amigo de guitarreos de Michelle, Nicolás Eyzaguirre, quien cometió la imprudencia de llamarla cariñosamente la gordi. Creció en su período el descontento popular  contra las cúpulas, las corruptelas, el tráfico de influencias de las grandes corporaciones. Al cierre de su período los díscolos y descolgados marcaban el principio del fin, pero ella mantenía su popularidad en las encuestas y sus cercanos la encapsularon para mantener ese supuesto capital político. 

Tal como a Ricardo Lagos lo despidieron de pie los empresarios más conspicuos y poderosos del país. A Michelle Bachelet le organizó una cena de homenaje en Washington la firma Barrick Gold y el mismísimo Rockefeller. Tal como Ricardo Lagos, luego de su retiro, tuvo un cargo internacional en materia ambiental, a Michelle Bachelet  le correspondió dirigir una Agencia denominada ONU Mujer, organización de sesgo feminista a la cual Zapatero, último presidente del PSOE, donó 200 millones de euros, pese a la crisis que se venía sobre España, logrando que su Ministra de la Igualdad (sic) también tuviera un espacio donde aterrizar después de perder las elecciones.

El 27F ha pesado como un gran lastre e interrogante sobre la popularidad de Michelle Bachelet, pero las encuestas extrañamente no reflejan todo lo que se la ha criticado desde las redes sociales. Su responsabilidad política como Jefe de Estado es un tema pendiente de determinación por parte de la Justicia y sobre esto el gobierno ha tenido el tino de no victimizarla.

El debate inevitable

Michelle Bachelet regresa del silencio para competir por una reelección y deberá enfrentar a una ciudadanía movilizada, tal como lo señalara Giorgio Jackson, Dirigente del Movimiento Revolución Democrática. También la esperan, prestos para el debate, Andrés Allamand, Franco Parisi, Marcel Claude y Marco Enríquez, entre otros. Su silencio habrá terminado y deberá explicar su estrategia de comisiones inconducentes; deberá recoger demandas insatisfechas, principalmente de carácter político, que hablan de asamblea constituyente, nuevo trato para el pueblo mapuche, definiciones en materia energética. 

Con esos debates lo más seguro es que terminará el uso ramplón de las etiquetas de izquierda y derecha, y el eterno Asesor Osvaldo Andrade o el vocero Francisco Vidal, deberán cambiar la forma de hablar de la “derecha”, como si el gobierno de Bachelet hubiese sido de izquierda y ultra revolucionario.

Ese juego comunicacional tramposo, gracias a personas como Iván Fuentes, Camila Vallejo , Giorgio Jackson, Franco Parisi, Andrés Velasco, Marco Enríquez Ominami, Marcel Claude, se está agotando. La gente, al igual que el historiador Alfredo Jocelyn Holt tiene una profunda y fundada desconfianza y exigirá que los candidatos usen un lenguaje compromisorio, que explique programas de gobierno, y a quienes ya fueron gobierno le preguntarán donde más duele, por qué no tomaron medidas en su momento y porqué ahora sí las reclaman, ofrecen o critican, rasgando vestiduras.

La clase media será un gran actor en este período de campañas políticas, pues los sectores medios están alerta, tienen hoy el desplante y los medios tecnológicos para organizar movimientos y formar opinión, con funas cibernéticas que son de temer. No habrá político que soporte un Hashtag de Twitter que lo emplace masivamente. Los 5 millones de personas que se han sumado al padrón electoral son de un perfil joven que se tutean con las redes sociales y los anquilosados políticos muñequeros del siglo pasado, que firman promesas para luego borrarlas con el codo, ahora estarán fritos, porque hay millones de ojos fiscalizadores auscultándolos, denunciando sus maquinaciones y malas prácticas. 

Hablábamos de la prueba de la blancura que deberá pasar cada candidato y, ahora que todos se preparan, en sus marcas, es preciso entender que por más gigantografías que coloquen, por más fotoshop que apliquen a sus fotografías, la gente crítica, desconfiada, aguda e implacable, estará como un monstruo genuino detrás de ellos, sin importar su género. De esto mucho tuvo que aprender el gobierno actual, y el sobre expuesto Presidente Piñera. Pero, a esta altura del partido, en las redes sociales ha aparecido con fuerza una masa no clasificable, impredecible, cruel en sus dichos y profundamente crítica. Por lo tanto, con Bachelet en el ruedo, no esperen que por ser mujer vaya a tener un trato diferente al que se le da a cualquier presidenciable. Y en esto, todos son iguales y el juego es sin llorar.

Periodismo Independiente, 16 de marzo de 2013. @hnarbona en Twitter.





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Un nuevo ánimo para Valparaíso



El ánimo de una comunidad se percibe en su actitud cotidiana. Cuando el ánimo es de resignación, agobio o abatimiento las personas marchan sin entusiasmo, sin fuerzas para cambiar su situación, apesadumbradas por las circunstancias. En cambio, cuando ese ánimo se modifica y se pasa a un ánimo de asombro, de optimismo y serenidad, las comunidades comienzan a generar su propio futuro, superando sus lastres. 

En Valparaíso, el ánimo generalizado que he percibido es de bajo compromiso frente a lo que ocurre en la ciudad, asumiendo con un dejo de fatalidad la invasión de extraños que imponen proyectos en los que no tienen posibilidades de participar. Le penan a Valparaíso el agobio del centralismo capitalino y el haber sido víctima de estilos caudillistas con nula participación ciudadana. Se nota una actitud poco comunicativa en las ferias en donde se ve comerciantes sentados, sin hacer sus ofertas, esperando que les compren, sin motivar al cliente que pasa. 

Se nota esa misma pasividad en barrios como el de los cerros Molino y Polanco, llenos hoy de murales coloridos que han pintado prestigiosos artistas, pero que igual siguen con calles sucias, con basura tirada, el mismo olor a mierda de perros.

¿Por qué los vecinos no limpian los frentes de sus casas? Es un asunto de actitud, de vivir quejándose o esperando la ayuda externa. Si muy temprano baldearan sus veredas y sacaran la caca de perros, se daría una señal positiva, los barrios tirarían para arriba, aprovechando con ánimo emprendedor la visita de tantos turistas. Podrían surgir muchos negocios pequeños en torno a las nuevas rutas de los murales del Almendral y el Ascensor Polanco.

Es un cambio de actitud necesario, entusiasmarse con las historias de cada cerro porteño, para creerse el cuento de haber sido barrios históricos de rica identidad. 

Proclamemos un nuevo ánimo para Valparaíso que se traduzca en levantarse temprano y conversar de futuro, barriendo las quejas y llenando cada día con un nuevo propósito.  Tenemos tanto para mostrar orgullosos, partiendo por una sonrisa y un “buenos días, vecina”.


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