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Testimonio del 5 de Octubre, Triunfo del NO

De Rosa Aida Ramírez Vergara
hoy es un día contradictorio, recuerdos felices pero también a la luz de los años pasados vemos que nunca llegó la alegría, somos un país con grandes deudas, con los ancianos, los niños, los jóvenes, con grandes indices de problemas de salud mental por el estress a que somos siempre sometidos, sin seguridad para educar a nuestros hijos, sin seguridad de un sistema de salud decente, sin seguridad de tener una pensión que nos permita sobrevivir cuando seamos ancianos, intentando crear una seguridad a nivel personal, pero viendo cuan frágil es , la mayoría llenos de deudas, pero con un sistema bancario que es de los más rentables del mundo, con Isapres y AFP que dan grandes utilidades a sus dueños, no así a sus ahorrantes , con sueldos cada día más injustos, con graves problemas medioambientales, donde están los sueños que tenía este país hace 25 años, quien los transó y los negoció, parece que valió la pena solo para unos pocos que luchan desesperadamente por el poder, no para gobernar para su pueblo, si no para su bolsillo

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Ya no basta con marchar


Ya no basta con marchar

Las cosas no se cambian con meras acciones mediáticas que, siendo necesarias para colocar una idea en la opinión pública, deben abrir seguidamente un camino a diálogos y propuestas.  Los cambios a que aspira la gente se pueden lograr con trabajo y perseverancia. Cada quien puede sumarse al esfuerzo colectivo si hace el aporte de su pequeño grano de arroz con amor y compromiso.

Hay una actitud que se percibió este sábado en Chile, cuando la gente, en paz, con hijos y abuelos, se manifestó frente a la clase política para hacerle ver que Chile no quiere que se apruebe el Acuerdo UPOV 1991 sobre transgénicos y exige moratoria. Las marchas mostraron que la ciudadanía, las familias, no concuerdan con leyes negociadas por lobbistas, a espaldas del pueblo. Los chilenos queremos mantener nuestra libertad para cultivar e intercambiar semillas, quiere que la diversidad de flora y fauna sea herencia para nietos y sus hijos, no quiere que le patenten la vida, no quiere atar al país por futuras generaciones a una ley que busca ratificar un Acuerdo espurio, que sirve sólo a los intereses globales, que ha sido  fruto o consecuencia de la presión imperial de intereses corporativos internacionales sobre los organismos intergubernamentales y sobre el Estado-Nación, es decir sobre nuestra clase política, que ha actuado sin una visión geopolítica, con miopía cortoplacista.

Chile en democracia ha resignado soberanía en función de tener éxito mercantil, como forma de insertarse a nivel mundial, pero en ese propósito, de hecho exitoso, ha ido descuidando flancos que debilitan al Estado y su independencia. Ya no se trata de rebajas arancelarias, de concesionar obras púbicas o privatizar recursos naturales. Se estaría llegando a lo más sensible, nuestro espacio natural, a nuestra nutrición, a nuestra salud, a nuestra libertad básica de saber lo que comemos, de donde viene, su trazabilidad, sus componentes, su etiquetado veraz y confiable.

El poder de la gente

Gandhi señalaba: “Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos”.
La movilización de ayer se puede comparar con la de los enfermos que al final lograron una solución parcial al costo de sus medicamentos. En este caso, no podemos conformarnos con la foto masiva, es preciso entender que el interés que se enfrenta maneja medios como para hacer que se ignore esa marcha y todas las que vengan. Es preciso ser perseverantes y usar los caminos judiciales, nacionales e internacionales, para proteger el derecho a uso y goce soberano de nuestro patrimonio natural, que no se puede transar al mejor postor.

Este es un tema global pero que está siendo tratado tras bambalinas, detrás de los distractores de siempre, el fútbol, la farándula, el hedonismo. La reacción debe venir de nuestras conciencias, identificando claramente a quienes han vendido el alma al diablo o como decían los niños ayer, a Mondiablo.

Siguiendo a Gandhi, que logró a través de no violencia activa la independencia de su país, adhiero a esta frase que nos insta a la unidad de propósitos en defensa de la vida.
 “La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios”.


Periodismo Independiente, 18 de Agosto de 2013.  @hnarbona en Twitter.

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Chilenos del Siglo XXI


¿Cómo piensa ese chileno que no milita en ningún partido político, nacido después de 1973  o después de 1990? Pensemos en esos ciudadanos que tienen entre 18 y 40 años y conforman un electorado potencial de más de 4 millones de personas. Poder conocer este amplio grupo etario exige aproximarse a sus percepciones y preocupaciones. Cuando se dice que Chile ha cambiado, se acerca la lente a un complejo mosaico de realidades diferentes que es muy difícil predecir en su comportamiento cívico.

En la sociedad mediática vivimos en función de imágenes, aquello que no aparece en la televisión no existe. Con esta lógica actúa la política tradicional, proyectando los perfiles de los candidatos nominados por cúpulas partidarias centralistas, que pasan sin respeto por encima de los liderazgos territoriales. Candidatos a dedo, tratando de convencer al electorado, de adherir a sus propuestas, ofreciendo lo que calculan espera escuchar el cliente, ese ciudadanos que es convertido en un consumidor. En esa dinámica perversa, estamos viviendo una democracia representativa imperfecta, donde no hay libre concurrencia, con un sistema electoral binominal que distorsiona las legítimas mayorías, asegurando que las coaliciones oficiales monopolicen y compartan el poder y que las minorías queden excluidas.

El descontento con el actual orden de cosas es articulado por el segmento más joven de la población. Es lo que vivimos con los adolescentes del 2006, los pingüinos, y ahora los líderes secundarios o universitarios en una movilización que canaliza otras demandas sociales, a partir de la crisis del sistema educacional.

Pero cuál es la realidad de la sociedad chilena. Si un 67% del electorado potencial no quiso participar en las primarias oficiales del 30 de junio, hay un universo de cerca 8 a 9 millones de ciudadanos cuya decisión no es previsible. Se ha hablado mucho de los díscolos, de los desencantados de la Concertación, de esos millones de personas independientes que más  allá de su distinto nivel de ingresos, tienen muchos parecidos, que quizás sean parte de esa caja negra que Pablo Longueira ha querido graficar como el “Centro Social”. Lo efectivo es que las etiquetas de izquierdas y derechas son superficiales e inválidas, ya que las personas son multidimensionales y no tienen ahora ese alineamiento doctrinario  que caracterizaba la política ideologizada del siglo pasado. Los políticos y los intelectuales de los partidos, pecan de simplistas cuando tienden a mirar la realidad al trasluz de su prisma ideológico y por eso se equivocan y se alejan de las preocupaciones de la gente de carne y hueso.

Las movilizaciones sociales han dado la imagen de que habría mayorías insatisfechas de manera integral con todo el sistema político y económico. Esa es la imagen, pero creo que es erróneo extrapolar sus planteamientos a toda la sociedad. Porque no son sectores mayoritarios los que quieren demoler el capitalismo y tirar todo por la borda, la sensación es que son mayoritarios los que buscan seguridad, ingresos y trabajos dignos, que no son anti nada, son pro familia y quieren ser felices. Los chilenos en su mayoría no son militantes políticos pero, como común denominador, quieren terminar con los abusos, la injusticia y la concentración de la riqueza. Son las personas del vecindario que quieren barrios seguros, sin drogadicción, con carabineros protegiendo los barrios, las familias y encerrando delincuentes.

En general, la gran mayoría de los chilenos tiene aspiraciones marcadas hacia la propiedad privada, hacia la casa propia, hacia una educación que les permita mejorar, una educación al alcance y de calidad, chilenos que pagan sus deudas y sus impuestos y por ello se embroncan cuando ven colusiones de farmacias, estafas en la Polar, call centers que roban con impunidad, condonaciones a los grandes grupos o autorizaciones de autoridades corruptas que destruyen el medio ambiente y la calidad de vida; chilenos que quieren salud, alimentos sanos que no traigan transgénicos y que, al menos, vengan etiquetados como tales y no disfrazados por publicidad engañosa.

Los chilenos del Siglo XXI se mueven en sus vidas con un marcado individualismo que los empuja a competir para progresar económicamente, están informados de lo que pasa en el mundo y, a pesar de querer cambiar todo lo malo y corrupto del modelo, sienten que en los últimos diez años las cosas a nivel personal han cambiado para mejor. Esa misma población quiere más tiempo para estar con su pareja, con la familia, quieren poder tener más hijos, pero les estresa no poder darles una oportunidad real de educación de calidad; les preocupa vivir en su familia en barrios donde los hijos tengan seguridad en sus colegios y en los barrios y para ello quisieran generar ciudades a escala humana. En general, una gran mayoría de los chilenos tiene un ánimo de desencanto, pero, al mismo tiempo, aprecia vivir en un país que ofrece espacios para emprender y ser libre, con tolerancia y diversidad. En general, el chileno es una persona de trabajo, que apuesta al esfuerzo antes que al asistencialismo, al emprendimiento antes que al resentimiento, chilenos que demuestran capacidad de solidaridad cuando sufren en sus localidades la ocupación por el delito y la droga, estigmatizados por vivir en barrios populares, activos para dignificar sus barrios.

¿Sabía Ud. que un 60% de los chilenos, considerando distintos aspectos de su vida,  se siente feliz, que un 28% se siente medianamente feliz y que apenas un 12% se siente infeliz? ¿Cuáles son los elementos que más preocupan y que forman parte de la sensación de felicidad? En orden de importancia, a los chilenos les interesa primeramente la relación con la familia, luego, la relación de pareja; seguidamente la salud física y mental, el tiempo libre y la seguridad ciudadana.

Vivimos en un país muy tecnológico, donde hay más celulares que habitantes, con una conectividad a Internet que lo ubica en el lugar 19 en el uso de Twitter. Menos personas se declaran felices en Santiago, más lo hacen en regiones y en esta línea de análisis, 1 de cada 5 chilenos se siente estresado.

Quise plantear este tema, mirando desde esta tribuna independiente la realidad actual de Chile. Para la aventura exploratoria he tomado como referencia estudios que han segmentado y caracterizado a la población chilena, como Chilescopio y Chile 3D.  Dejo el tema para que se converse en familia y en las redes sociales.


Periodismo Independiente, 09 Julio 2013. @hnarbona en Twitter.



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Desbancar al Pragmatismo del Poder


Desbancar al Pragmatismo del Poder.

La Concertación ha sido expresión de ese cinismo político que hace discursos con la izquierda pero cobra con la derecha. El interés permanente que los aglutina es mantenerse en el Poder y controlar territorialmente al país. Para ello, es necesario mantener una maquinaria de propaganda eficaz a la cual se integran con Pragmatismo las testeras de los partidos, los expertos comunicacionales-publicitarios y cientos de “operadores políticos” que cumplen misiones de aniquilamiento de adversarios en diferentes frentes de acción, es decir, esos encargados de darles guaraca a los que sean críticos de sus malas prácticas.

Y detrás de esa organización visible, está la construcción Pragmática de redes soterradas de apoyo financiero, tomando a cargo la obtención de recursos para que perviva la coalición. Este último es el delicado espacio donde se transa con los intereses corporativos dispuestos a pagar por protección y facilitación. Los programas de gobierno se escriben con la mano y se borran con el codo.  Los compromisos que la organización establece con esos poderes fácticos determinan en definitiva el actuar del conglomerado cuando asume el Poder. El reciclaje de personeros de gobierno desde los directorios de las empresas o de la burocracia internacional que ellos manejan, se convierte en la plataforma que da soporte a la organización para que nunca sus miembros queden sin el apoyo interno. La relación de estos políticos con los grupos económicos está basada en la mutua conveniencia, en el apoyo recíproco y en un alineamiento incondicional con los caudillos que integran la cofradía.

Los grandes intereses corporativos que son dueños del país, así como sus socios estratégicos multinacionales, tienen frente a la política una visión aún más Pragmática. Juegan a los dos caballos en carrera y así se aseguran que la gente se desahogue, haga catarsis, pero que no se toque ni con el pétalo de una flor los pilares del sistema que les quedó como traje a la medida después del régimen militar. Sin embargo, cuando en la arena política incursionan nuevos actores,  el sistema ordenado y equilibrado que ha construido el Pragmatismo, comienza a temblar. Es el efecto telúrico del poder popular derivado de la sociedad civil movilizada, de consumidores indignados de tanto abuso, de personas que se suman a través de las plataformas tecnológicas, la aparición de un periodismo independiente disperso e incontrolable, que forma opinión pública y permite la coordinación de masivas acciones de desobediencia activa. De esta forma, la democracia blindada institucionalmente y apañada por los grupos pragmáticos que se distribuyen el Poder,  se va trizando, permitiendo que nuevos aires de renovación comiencen a circular por la olla a presión.

En lo medular, la tensión de fondo pasa por la concentración metódica de la riqueza en unas pocas familias y grupos, en desmedro de la población mayoritaria que va bancando ese crecimiento y cada vez va exigiendo mayor participación en reparto del queso. La corrección necesaria pasa por reformar el modelo económico, pero es lo que duele y quisiera evitar esa minoría poderosa que se enriqueció a costas del mismo. Por eso, desde la política, por imperfecta que ésta sea, se da la chance de construir un nuevo andamiaje institucional, que abra caminos de distensión de la presión social generada y así lograr que el país gane en estabilidad y progreso para todos.

Esa reforma al sistema debe ser política antes que económica y para avanzar en su conducción debe haber nuevos liderazgos, que no tengan las amarras ideológicas del pasado ni estén condicionados por los vínculos y colusiones con los poderes fácticos. Levantar esas nuevas opciones ciudadanas es una verdadera  odisea cívica, ya que todo el poder de la prensa oficial le juega en contra. Para llegar a unir fuerzas sociales para esta aventura de política mayor, es necesario generar una mística valiente que permita movilizar a los votantes jóvenes que descreen de la política tradicional por sus múltiples vicios. El abstencionismo sólo sirve a los que manejan el Poder.

Periodismo Independiente, Abril 5 de 2013. Síganos como  @hnarbona en Twitter.


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NO: Jirones de una odisea libertaria


Los Ochenta han sido tratados en múltiples testimonios, en muchas crónicas, en una excelente teleserie y ahora, en el cine con la película del NO, que enfoca el esfuerzo mediático de la oposición a Pinochet por desmantelar el miedo y cerrar filas por una utopía libertaria para ganar el plebiscito de 1988.

Frente a un clima de nostalgias y broncas por lo no logrado, frente a esta gran estafa moral a las aspiraciones de la civilidad, frente a la frustración por la débil democracia construida,  se viene, en una avalancha de sensaciones, esa utopía de fundar un Chile fraterno que levantamos como sueño de los ochenta.

Hoy, una gran mayoría de los chilenos se manifiesta con desprecio frente al accionar político, Se le critica su inconsecuencia y cinismo. El gatopardismo donde todo cambia pero que nada cambie. Un repudio a los que usurparon la odisea de la civilidad para pactar, de espaldas a ella, una transición que mantuvo los privilegios y el control del sistema por parte de los mismos que gobernaron con Pinochet.

Una evidencia de esa frustración fue constatar que todos los que habían sido voz o rostros de la campaña, que habían participado en los frentes de profesionales, de intelectuales o de escritores, quedaríamos marginados por “conflictivos” en los gobiernos de los 90. Todos los medios libres construidos durante los ochenta, tales como el diario La Época, Fortín Mapocho, revistas como Hoy, APSI, Cauce fueron asfixiadas al negárseles la publicidad oficial que sí favoreció al duopolio Mercurio-Copesa. 

Sólo quisiera recordar un masivo acto en que firmamos un compromiso para recuperar las empresas estratégicas del Estado, que fueran vendidas a precio vil a los intereses privados ligados al régimen militar. Investigar esos traspasos de propiedad pública a grupos privados era una reivindicación ética para recuperar la dignidad como nación y exigir que el Estado de Chile mantuviese la gestión de servicios que eran monopolios naturales, pero el tema permaneció como un tema intocable durante toda la transición, al igual que la deuda subordinada que permitió recomponer la banca a partir de 1983 y donde fueron excepcionales los bancos que la pagaron.

Recuerdo que en la Agrupación de Artistas, Poetas e intelectuales por la Democracia, colectivo donde generábamos en los ochenta redes de solidaridad regional, realizamos encuentros como Paz, Poesía y Democracia, donde llegaban poetas argentinos para manifestarnos unidos, a través de la poesía, contra la dictadura.

Fue una vorágine de emoción y adrenalina. Multiplicábamos el tiempo para ir a distintos frentes, conversando en las aulas, en las poblaciones, escribiendo columnas, conquistando espacios. Participé del panel de Contacto Directo en Radio Recreo programa donde compartíamos con Atilio Gárate, Daniel Lillo, Manuel Hernández y otros, la palabra libertaria. Recuerdo que en el Fortín Prat de Valparaíso, le regalé mi libro Miedo al Miedo a Gervasio; andábamos aclanados mi mujer y mis tres hijos; hasta nuestra mascota Corazón Valiente, un perro pekinés león llevaba su globo de helio que decía NO y permitía seguirlo en medio de las concentraciones. Concurríamos a recitales y la palabra rompía el miedo de los rostros. Iba surgiendo la sonrisa colectiva. Como deudores habitacionales,  víctimas de la crisis, peleábamos en el Complejo Habitacional Paicaví contra los bancos que nos esquilmaban con la unidad de fomento; el Grupo Zubia con el músico de la nueva trova Alejandro Gallo y otros amigos músicos como Víctor Ormeño, realizaba un recital en los cerros de Valparaíso. En esos cerros, por las noches, apagábamos las luces y, al unísono, comenzaba el caceroleo; poco a poco el miedo se iba perdiendo y la noche negra se llenaba de fogatas y ruidos. En Peyuhue, con mi amigo mapuche Raúl Quilaqueo, actuábamos en el Viejo Teatro, en madrugadas de canto por la libertad.

Se caminó así hacia el Plebiscito del 5 de octubre de 1988. Al alero del Instituto Chileno Norteamericano de cultura presenté el año 1987 mi primer poemario, Miedo al Miedo. En medio de la campaña del NO, Carlos Böeker, Miguel Ángel Herrera y Nadia Bragar, dramatizaron mis poemas. Lo propio hizo Pax Polland y presentó en el IPA una pieza teatral, que luego circularía por muchos cerros de Valparaíso y Viña. En el ámbito profesional CIEPLAN juntaba “gasfíteres” que criticábamos el modelo implantado por la dictadura y su Constitución, generábamos documentos de trabajo, nos preparábamos para una economía diferente para cuando recuperáramos la democracia.

El día del triunfo, declamé el poema Libertad en la Plaza del Pueblo, en frente de una multitud que llegaba hasta la plaza Victoria, con miles de banderas. Leonardo Contreras, que salía de la secundaria me acompañó en guitarra y también cantaron la canción que compusieran para la visita del Papa, mi hija Natalia y Katherine Kursan, su amiga de primaria; con once años ambas, se sumaron a la fiesta ciudadana y la monja directora estaba viéndolas entre la multitud.

Son muchos los recuerdos que duelen a la distancia. Es la sensación de que nos birlaron un sueño. Que la civilidad fue desmovilizada intencionalmente en los noventa para no irritar a quienes siguieron detentando el poder y que lograron que en los 20 años que siguieron no se tocara sus pilares sacrosantos ni con el pétalo de una rosa.

Periodismo Independiente, 15 de agosto de 2012.




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Marketing político y binominalismo







La concepción autoritaria que se viste de democracia es la peor de las mentiras que empantana a nuestra sociedad, ya que el ciudadano no es visto como sujeto crítico  de la polis,  sino como un consumidor pasivo del producto político que generan los comités creativos y que  colocan en el mercado, territorial o sectorialmente, los operadores políticos. 

La publicidad engañosa, el consignismo barato, las imágenes prefabricadas, el efecto multiplicador de los medios que venden sus espacios al mejor postor, buscan asignar a determinados personajes públicos cualidades que nunca tuvieron, ocultando sus errores  con inusitados blindajes que se montan al máximo nivel internacional.

En la mascarada electoral del binominalismo, los partidos son espacios de poder que constituyen un verdadero oligopolio. En ellos se concentran las designaciones de candidatos. Salir como independiente para algún cargo es casi utópico, todo está hecho para que el poder se lo repartan los dos sectores oficiales.

A través de la farándula que conlleva el marketing político se posicionan rostros, todo se construye con slogans, se elude el debate, no hay una tabulación transparente de cómo ha actuado un candidato, ninguno se hace voluntariamente el test de la blancura, como podría ser la declaración de intereses o un examen de pelo para excluir el consumo de psicotrópicos. Nadie sabe a ciencia cierta quién es o qué hace cada candidato.

 La democracia es penosamente una dedocracia, con caudillos y tribus que actúan como sectas al interior de los partidos, con reticencia a exponerse, con primarias que han sido vergonzosas,  una mera forma de lavarle la cara a la falta de representatividad que conlleva el sistema.

Un puñado de militantes tiene el derecho de nominar candidatos a Alcalde, a Concejales, a Consejeros Regionales, a Diputados, Senadores y Presidente de la República.  Cuando salíamos del régimen militar, a través del Plebiscito de 1988, la civilidad estaba movilizada, luchando por el retorno a la libertad. Pero, en la transición amañada, las élites concertacionistas que monopolizaron el poder, fueron premeditadamente desmovilizando a la civilidad y amarrando sus redes y sus parcelas de poder, sumamente cómodos en el binominalismo. Y lo hicieron desplegando un marketing político que vendía una pseudo izquierda democrática, pero que en los hechos reales resultó más entregada a los intereses multinacionales que las propias fuerzas opositoras herederas de la dictadura. Recuerdo que el cantautor Oscar Andrade los denunciaba diciendo que escriben con la izquierda , pero cobran con la derecha.

 El marketing político en la sociedad mediática de los noventa tapó grandes escándalos de corrupción, genero mitos urbanos respecto a determinados personajes políticos que a la hora de la verdad fracasaron. Frente a este espectáculo, sólo escasas voces alternativas persistieron denunciando a las máquinas corruptas. La colusión de la Concertación con los medios oligopólicos significó que dejaran caer medios de prensa valiosos, como fuera el Diario La Época, las Revistas Hoy, Análisis, Apsi, Nueva Voz;  las radios que habían servido de canales de comunicación para la disidencia contestataria durante los ochenta. Para un candidato “renovado” y  “con fines de lucro” aparecer en El Mercurio o La Tercera era tocar el cielo y eso explica la alianza tácita de la Concertación con estos medios durante los 20 años de gobierno.

La llave que tiene el marketing político para colocar un producto es el dinero. Una campaña para Senador se estima que cuesta unos 50 millones de dólares. Una campaña Presidencial mucho más. El gran riesgo de nuestra sociedad es el oscuratismo que rodea el financiamiento de las campañas políticas, donde nadie sabe el origen de las platas y ellas podrían fácilmente derivar de ilícitos, como el narcotráfico o actos de corrupción.

 El Estado y las instituciones se ven ocupados por grupos de poder que se enquistan en el sistema binominal con lealtades sectarias y así, la democracia profunda, participativa, que procura relaciones más justas para todos los habitantes del país, sufre la estafa constante de esa llamada clase política oficial. El descreimiento y el repudio que generan sus manejos, lleva al sistema democrático a precipicios de alto riesgo. Basta con escuchar las propuestas anti Estado de los dirigentes sociales jóvenes para darse cuenta de la confusión y anarquismo que se produce como respuesta visceral a la manipulación mediática de  masas que organiza el marketing político para vender buzones.

Con el ímpetu e independencia de la juventud, las generaciones jóvenes actuales ven que el sistema globalizado ha generado alianzas estratégicas sórdidas de élites políticas con intereses multinacionales y que sirven a esos patrones antes que al interés colectivo.  El resorte de la rebelión puede ser desgastador porque el sistema actúa como un sólido bloque impermeable.

En el marketing político aparecen discursos encendidos de cambio, pero, a la hora de la verdad,  en la trastienda, los controles y el mando altamente concentrados, frenan las buenas intenciones de abrir espacios. Por ello, para ese poder tras bambalinas la democracia representativa  podría ser una opción descartable, dado que, si la situación rebelde amenazare los pilares del sistema, el pragmatismo mediático pasaría sin asco a los planes B del autoritarismo.

La democracia profunda, sin embargo, comienza a incubarse a partir del desencanto y el cansancio. La desconcentración del poder conlleva redistribución de la riqueza y potenciar los gobiernos locales y regionales. La generación de candidatos provenientes de la sociedad civil y no de los partidos es un ejercicio difícil. La fortaleza potencial de los nuevos 4 millones de personas que pueden votar podría ser una gran sorpresa, con liderazgos genuinos y no prefabricados. El marketing político que nos vende pomadas debería retroceder, pero todo depende de un cambio cultural y conductual de los nuevos ciudadanos y de su grado de compromiso para asumir responsabilidades y deberes y así mejorar las cosas, negociando con inteligencia una mayor transparencia en las contiendas electorales que se vienen.
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Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 16 de Marzo de 2012.



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Corrupción en reparaciones a víctimas de la dictadura


Corrupción en reparaciones a víctimas del período militar
El doble estándar es una forma de descomposición de las relaciones humanas y de la política. En Chile hay una endeble escala de valores respecto a lo que es o no correcto. Porque se condiciona el juicio a la condición de adversario o aliado: Lo que es malo cuando lo hace el otro, se tolera o se encubre cuando lo hace alguien de tus filas.
Ha sido el caso de la forma como se ha tratado en los gobiernos de la Concertación  el tema de reparación a víctimas de apremios ilegítimos, de torturas, prisión política, exilio o exoneración política durante el régimen de facto que irrumpió vía golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973.

“Reparaciones simbólicas” fue el argumento empleado por el Pdte. Lagos Escobar para justificar pensiones que se concedieron por el monto mínimo, sin considerar, como decía la ley de exonerados, el grado y cargo que desempeñaba la persona al momento de su desvinculación forzada.

En ese sentido, la ley era clara, si el solicitante, declarado exonerado político percibía al ser exonerado una remuneración acorde a su jerarquía y función, se debía tomar esa suma para los cálculos de la pensión. Tal predicamento ha sido establecido en los dictámenes  Nos 28.585, de 2004,  y 10.343 de 2006, entre otros, de la Contraloría General de la República.


En materia de retornados, en el libro “Crónicas de Dos Siglos” relevé  el tratamiento cuasi ilegal que se dio a las reparaciones de los retornados, los que pudieron traer por un período, un vehículo de hasta 10 mil dólares, pero esa franquicia la podían transferir a terceros. Esto rompió  las reglas básicas aduaneras, toda vez que una franquicia es siempre personal e intransferible, pero acá se  permitió que se vendiera el cupo a terceros. Muchos personeros partidarios del gobierno militar adquirieron automóviles usados al amparo de esta franquicia que le compraban a retornados.

A quienes se beneficiaron con el bono de la Comisión Valech por haber sido declarados “víctimas de prisión política y/o torturas”  se les otorgó una pensión vitalicia. Sin embargo, Lagos Escobar declaró  secretos por 50 años los testimonios de las víctimas. Por lo tanto ellas se vieron impedidas de usar esos testimonios en la vía judicial, lo que claramente buscó favorecer a los victimarios.

En las medidas reparatorias a las víctimas calificadas por la Comisión Valech , destacaba la posibilidad que daban al afectado por torturas y/o prisión política de estudiar a nivel universitario. Allí hubo una nueva veta para las malas prácticas, toda vez que por edad y formación muchos de los potenciales beneficiarios no tenín posibilidades de acceder a estudios superiores. Sin embargo, como había dineros disponibles, hubo universidades como la de Humanismo Cristiano o la ARCIS, que inventaron programas especiales para esos destinatarios, lo que se convirtió en cursos que fueron ficticios, con matriculas a nombre de personas que nunca se enteraron de haber sido alumnos, logrando de esta forma obtener recursos,  malversando y defraudando la fe pública.

En materia de exonerados políticos, las prácticas corruptas significaron que se diera pensiones a personas que para los hechos de 1973  eran menores o adolescentes, y a miles de personas que declararon ser funcionarios de partidos políticos como si aquello fuese parte del Estado o de la Administración pública. Para dar curso a esta forma retorcida de entregar el beneficio reparatorio a quienes no calificaban, parlamentarios extendieron  vergonzosas certificaciones en serie para la clientela electoral, lo que se tradujo en un reparto de pensiones como prebendas  o cohecho. Raya para la suma, una corrupción entronizada, que si quieren explicarla agrava más el delito cometido.

Todos los que firmaron certificados acreditando que las personas habían sido exonerados políticos son responsables de una mentira, ya que en gran número esas personas eran a la fecha del golpe, menores de edad y se les justificó como militantes de partidos asimilándolos a funcionarios públicos, situación de suyo irregular. En la ley de Exonerados políticos, Nº 19.234, la calidad de exonerado político dice relación con haber sido funcionario público o trabajador de empresas de las señaladas expresamente por la ley y haber sido privado de su trabajo (exonerado)  por motivos políticos en el lapso comprendido entre el  11 de septiembre de 1973 y el 10 de marzo de 1990.

Desde una visión progresista y como exonerado real  de un servicio público bajo el régimen militar, considero que la actitud clientelista de todos esos parlamentarios que traficaron pensiones entre sus seguidores, merece un fuerte repudio ético,  por ser, además, de una inconsecuencia intolerable. Con este tipo de acciones se desprestigia el concepto de reparación y se pierde el respeto por las víctimas efectivas, que sufrieron  la exclusión de las listas negras. El reparto populista e inmoral de pensiones significó, además, pasar a llevar la ley que indicaba que la reparación debía ser calculando una remuneración concordante a la que se tenía al momento de la medida política de exoneración. Claro, dando pensiones al mínimo pudieron hacer la repartija grosera a mucha más gente que significaba en definitiva, votos cautivos para los caudillos.

La corrupción no se zanja jugando a empatar en corruptelas con el adversario político, por lo tanto, querer argumentar  que “más robaron ellos”,  es patético. Habla de estilos canallescos en el quehacer político. Si ya la ciudadanía no los votó y perdieron el poder después de 20 años, con estos antecedentes a la vista debiera aumentar el repudio de la gente honesta a sus reiteradas conductas.

Por lo tanto, ese tipo de especímenes deben ser erradicados del sistema político por la ciudadanía, en especial por aquella que vivió las utopías y que se ha sentido estafada por los 20 años de conductas que han violentado la ética pública, llegando en casos como los mencionados al delito puro y simple.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz,  4 de enero de 2012.


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El Caudillo Siglo XXI: su perfil.
Mi gran deseo cívico para el 2012 es que la ciudadanía repudie la corrupción en todas sus expresiones y que vigile el desarrollo de pseudos primarias a que están convocando los partidos, para rechazar a personajes cuyo historial representa una amenaza para la democracia y para el patrimonio público y el bien común. Si la gente honesta decide entrar en política votando, creando nuevos referentes, colocando candidatos limpios en las próximas elecciones, cualquiera sea la tendencia política que se quiera postular, podremos darle un gran respiro a esta sociedad, envilecida por décadas de malas prácticas, corruptelas y delincuencia que se ha enquistado en el sistema político.

Puede ser Macondo, puede ser cualquier pueblo de América, puede ser México o Chile. En cualquier lugar, el realismo mágico de Gabriel García Márquez o de Mario Vargas Llosa, se ve superado por la realidad actual.

Con un estómago a prueba de balas, manejando la mentira tal como la sonrisa, aparece el caudillo.
El caudillismo es un fenómeno social atemporal, que reaparece recurrentemente como una sanguijuela dentro del tejido social. Ud. los verá aparecer con sus máquinas de poder al interior de los partidos políticos o se los encontrará celebrando fiestas populares en las barriadas populares.

El historiador francés Francois Chevalier, señala que el caudillismo “es propio de una sociedad con sistema democrático inmaduro, grandes diferencias sociales, y existencia de oligarquías locales o regionales. Es propio de una sociedad donde personas poderosas prepotentes no aceptan el juego político democrático"

El caudillo conoce las bajezas de sus colaboradores y las utiliza en el momento oportuno. Procurar a cada quien su vicio ha sido la alquimia para manejar la política de pasillo. La corrupción puede partir de cooptar clubes deportivos, centros sociales,  iglesias, juntas vecinales, pagando por bajo cuerda a los dirigentes para que se convirtieran en sus incondicionales. La miseria humana ha sido siempre el vergel de información que le da poder al caudillo.

El caudillo no tiene empacho en incorporar a su negocio a los parientes. Les favorece con compras directas, con proyectos a la medida. El caudillo hace trampas por naturaleza.

Sus percepciones del poder son de motricidad fina. Sabe qué teclas apretar en el momento justo. Para asegurarse el control del Partido impulsó campañas para hacer crecer la militancia. Poco a poco, fue incorporando al partido a nuevos militantes reclutados en función de una adhesión de incondicionalidad a su persona,  prometiendo a cambio empleo o prebendas. Cuando pudo manejar la ciudad contrató a esos incondicionales. De pronto, la asamblea partidaria comunal se vio invadida por mal agestados que portaban carnet de militantes. Había que designar candidatos y esos desconocidos levantaron sus manos al unísono, se proclamó al caudillo por mayoría absoluta y los viejos militantes que lo controlaban todo, debieron partir excluidos, con la cola entre las piernas, por la puerta trasera.

Mensualmente, el caudillo organizaba reuniones con la nueva militancia, todos debían pagar sus cuotas, pero en esa reuniones el trago y la música eran gratis, palabra mágica para los nuevos tiempos del caudillismo. El caudillo  sabe aprovechar las debilidades de sus adversarios y las convierte en sus fortalezas. Sin mayores luces técnicas, balbuceando discursos aprendidos de memoria, el caudillo fue capaz de organizar pequeños proyectos para los barrios, mientras políticos mayores no eran capaces de utilizar fondos asignados. El caudillo recorrió las poblaciones, manzana por manzana, prometió cosas pequeñas, palmoteando espaldas, llevando empanadas a los clubes, repartiendo pelotas de fútbol, besando a las mujeres, sonriendo, riendo, inaugurando columpios, barandas, centros sociales, multicanchas.

El caudillo organizó las juntas vecinales a su amaño. Nombró dirigentes a dedo, les aseguró un pago mensual. En las reuniones del concejo municipal, esos remunerados agentes sociales se alineaban para lo que mandara el caudillo. Eran la participación popular que respaldaba al caudillo.

Las elecciones fueron apabullantes. Toda la clase política central se rendía a los pies del caudillo, quien como un monarca seleccionaba a quienes recibía o despreciaba. Ponía los números arriba de la mesa y su voluntad era ley. La comuna en sus manos, todo controlado y con ello las llaves del poder mayor. El caudillo abría espacios para los buenos negocios, el caudillo solucionaba dificultades, el caudillo daba órdenes y los planos reguladores, el destino de suelos, lo que fuera necesario, era facilitado por sus equipos incondicionales.

El caudillo se blindaba en sus alianzas estratégicas. Las trenzas de poder ensanchaban sus espaldas. Se le respetaba y lo saludaban conspicuos políticos de la fronda aristocrática central. La televisión estaba siempre a disposición. Ordenó poner gran publicidad en el diario más conspicuo y se aseguró grandes espacios para reportear sus logros. El caudillo se ocupaba de invitar a los periodistas a fiestas privadas, hacía regalos a sus mujeres, era sponsor de reuniones de caridad. Apadrinando gremios, manejando prensa, sin controles efectivos, el caudillo se sintió intocable.

De pronto el caudillo fue presa de la ambición sin límites y sus expectativas se elevaron, más allá de su feudo.

De alguna manera, alguien le trajo una oferta. Era demasiado dinero costear una campaña a cargos de elección popular  de nivel central. Mal que mal, el caudillo controlaba sus dominios y allí era respetado por su poder. Pero ascender en la escala política lo exponía a peleas mayores. Como la ambición rompe el saco, engreído de sus capacidades, de su muñeca política, el caudillo aceptó el financiamiento de un aliado incontrolable.

El pacto no fue de sangre, no fue vender el alma al diablo, pero fue un pacto entre desalmados. El cartel de la droga, que tejía sus redes de influencia, encontró en el estilo del caudillo una empatía profunda y se apropió de esas virtudes para su propio negocio. El caudillo cegado por la obsesión de subir, no ponderó el alcance de esta alianza y el costo que tendría el financiamiento otorgado.

Pero llegó el día en que las deudas se pagan. Y el caudillo que pensó ser capaz de jugar con fuego, apareció descuartizado, cerca de la frontera. Ningún incondicional lo defendió cuando la mafia castigó un incumplimiento del pacto secreto. La nota del cable circuló por las redes como un incidente más en la lucha contra el narcotráfico. Servir de eslabón para el lavado de dinero de la mafia, le significó al caudillo probar su propia medicina y jugar un póker infernal, donde su astucia no le sirvió de nada.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, diciembre 2011.
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La salida a la crisis: la Economía Humana


La oportunidad del primer gobierno de derecha en cuanto a ser opción de futuro, le exigiría a Sebastián Piñera y la Alianza, escuchando la voz de las calles,  dar un gran golpe de timón, que les significaría “quemar lo que han adorado y adorar lo que han quemado”.

En la institucionalidad de la economía y del comercio mundial, representada fundamentalmente por la Organización Mundial del Comercio,  buscó consolidarse  el neoliberalismo a nivel global, pero son cada vez mayores los disensos y las reacciones de los países miembros frente a los daños que este orden ha provocado: desigualdad, empobrecimiento, endeudamiento, exclusión, deterioro ambiental.

El orden neoliberal en sus límites
Se ha vivido una fuerte pugna entre el dogmatismo neoliberal y las posiciones antiglobalización. Mientras los sectores dominantes de la economía mundial han postulado una desregulación máxima, que dejaría en manos de operadores privados del mercado casi todas las actividades humanas, ocupándose el Estado sólo del ejercicio de la fuerza, justicia y, subsidiariamente, actividades de carácter social para sectores marginados del mercado; los sectores sociales, intelectuales y productivos medianos y pequeños postulan la defensa medioambiental y tratos laborales justos.

La presencia de un mundo corporativo integrado por multinacionales que tienen un peso político superior al de los Estados, se ha hecho sentir en las negociaciones económicas internacionales, en las cuales han hecho manifiesto su interés por liberalizar todos los ámbitos de las economías, pero manteniendo en los países centrales pesadas estructuras protectoras.

La ronda Doha de la OMC se ha estancado, principalmente por el rechazo de los países menos desarrollados productores alimentarios a las pretensiones de los países mayores de imponer producciones transgénicas a la comunidad internacional y de mantener los subsidios a su agroindustria. En este aparente agotamiento de las negociaciones económicas internacionales, se aprecia la dificultad de alcanzar posiciones menos asimétricas, de mayor equidad. Es así como surgen las ponencias contestatarias que vuelven los ojos al desarrollo, como equilibrio entre crecimiento económico, medio ambiente y justicia social.

Es así que ha surgido como una mega tendencia la reforma a la economía de mercado, al mercado de capitales global que no tiene controles. Abandonada desde los noventa la utopía de la economía centralmente planificada del comunismo ortodoxo, reaparece con fuerza y con un realismo político peculiar, la alternativa de un sistema de mercado, pero dirigido por un Estado Responsable en vez de Subsidiario, que regule debidamente y fiscalice de manera efectiva, resistiendo las presiones de los agentes económicos privados transnacionalizados.

La alternativa de una Economía Humana
Sin que se haya emitido una declaración de principios desde los indignados, subyace en su demanda de cambios el rechazo al materialismo neoliberal. Encontramos así a crecientes sectores políticos y sociales que se manifiestan partidarios de una economía humana, con una propuesta de relaciones económicas que sin ser rupturista con la concepción de mercado, subordina la propiedad privada a valores de mayor apreciación, como la seguridad, la equidad, los derechos humanos básicos, la calidad de vida y el respeto al medio ambiente.

Es decir, sin caer en nostalgias de utopías estatizadoras, sostiene esta visión que el mercado es un instrumento necesario para la racional asignación de los recursos. Sin embargo, la diferencia cualitativa está en que pese a aceptar las bases de una economía de mercado, establece claramente la necesidad de restablecer una adecuada regulación, evitar la concentración de la riqueza, realizando una fiscalización efectiva y generando nuevas formas de participación en los mercados, dándole poder a la ciudadanía para proteger sus intereses, morigerando así los poderes económicos que priman en los mercados y que han provocado la concentración monopólica u oligopólica.

Además, se apela a la fiscalización honesta y eficaz de un Estado probo, moderno, transparente, que se fortalece en calidad de gestión, lo cual sumado a la participación social, abre posibilidades reales para romper las asimetrías crecientes que ofrece el panorama mundial. Es allí donde la economía humana se conjuga en una nueva utopía política democrática que defiende la probidad y la ética pública y privada, en  una visión que coloca en el centro al ser humano y potencia la asociatividad, la cooperación y la distribución del ingreso en la economía.

En Chile se ha vivido la implantación de un sistema neoliberal ortodoxo, que se impuso con el respaldo inicial de un régimen dictatorial, extendiéndose hasta la fecha a través de las negociaciones de la transición política. La Constitución de 1980 buscó consolidar el sistema con amarres en materias claves, cuyas reformas se han dificultado, además, por la falta de convicción de las fuerzas gobernantes para idear alternativas al régimen económico heredado.

Esta debilidad profundizó en los veinte años de gobiernos de la Concertación, las inequidades. Es innegable que el crecimiento logrado es exitoso al trasluz de los criterios liberales, pues ha hecho más poderosos a los mayores grupos económicos, propiciando su internacionalización. Sin embargo, al trasluz de la economía humana se aprecia una creciente desigualdad, marginalidad de sectores que van conformando una bomba de tiempo para el sistema, cuestión que ya ha alertado a algunos empresarios lúcidos de la derecha económica chilena que han planteado la necesidad de pagar más impuestos.

El divorcio entre los políticos y la sociedad civil es una tendencia que también debe corregirse, pues el Estado y la sociedad civil deben ser aliados para poder realizar los cambios que demanda el sistema imperante.

Es necesario traer a los representantes populares al debate de fondo, que permita sacar el conflicto de las calles y la indignación visceral,  para aunar criterios que permitan levantar un proyecto de sociedad que conlleve un modelo de economía humana, que respete al hombre y  la naturaleza.



Periodismo Independiente, 24 de octubre de 2011.


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De la Indignación al Poder

De la Indignación al poder
El Día después del 15.O, preocupa apreciar la falta de puentes entre la civilidad movilizada por las calles del planeta, como familias, individuos, grupos de interés, reclamando un nuevo orden mundial, y la institucionalidad.

Esos indignados han colocado un hito en la política internacional, pero actuando como marginales de la institucionalidad, sin proponerse realizar los cambios desde el interior del Estado, es decir ganando políticamente la institucionalidad democrática y republicana de las sociedades.

Divisamos a los dirigentes estudiantiles en París, hablando en La Sorbonne, emitiendo un discurso enfervorizado sobre los cambios que reclaman en su extenso conflicto de ya 5 meses. Sin embargo, no se advierte tras su propuesta una capacidad política para canalizar esta energía social hacia los niveles de la política y la democracia representativa. 

Esa falta de voluntad ha llevado a buscar un fortalecimiento de posiciones, sumando adhesiones internacionales, pero queda allí el balón, boteando en el área chica, sin que nadie decida jugar el partido real, entrando marcar el gol, a consolidar aquello en lo que fue cediendo el gobierno.
Las demandas escalonadas en una negociación son síntoma de una falta de voluntad negociadora. Para actuar en política se requiere mucho más que clientelismo o espaldas mediáticas; se requiere capacidad política para ganar alianzas y lograr que los principios que animan la posición del movimiento social, queden plasmados en un nuevo orden jurídico. 

Mientras no se alcance esa meta de ir amarrando los avances objetivos y apostar por lograr las mayorías que permitan implementarlos en ese nuevo trato social, el movimiento no ha ganado nada y una marcha atrás, con endurecimiento de posiciones, podría empantanarlo todo y llevar por cansancio a una nueva frustración.

No se puede realizar una revolución a partir de los estudiantes, como tampoco puede hacerse desde los desempleados o los jubilados y montepiados. Es necesario que se articulen plataformas políticas más amplias, que impliquen a trabajadores, comerciantes, transportistas, que jugando las reglas de la institucionalidad puedan llegar a cambiarlas.

La potencialidad de una nueva fuerza política irrumpiendo al sistema electoral, de concretarse, podría ser suficiente como para caminar hacia nuevas mayorías, con nuevos cuadros preparándose para conducir el Estado, empapando esa institucionalidad emergente de los valores concordados en elecciones libres por esas nuevas mayorías.

Por lo tanto, el rupturismo y la anarquía son funcionales a los sectores golpistas que añoran los regímenes de facto, bajo la excusa de reponer el orden frente al caos. 

En esa peligrosa dialéctica pierden los demócratas, pierde la civilidad, sería un duro retroceso. Se debe entender que las decisiones de un país en el marco de la globalización enfrentan las amenazas de poderes fácticos multinacionales que buscan hacerse, a como dé lugar, de las riquezas de los países, para sus propios intereses, en pos de lo cual articulan acciones desestabilizadoras, mueven sus mercenarios y logran guerras inventadas con tal de obtener sus objetivos. 

Como esto no es política ficción, es preciso dejar claro que, con todo lo necesario y justo que es producir cambios estructurales en un sistema injusto y concentrador de la riqueza, siempre hay que preservar un bien mayor que es la estabilidad y fortaleza del Estado frente a los escenarios actuales. Mantener la fuerza de un Estado Democrático, que defiende la paz mediante el Derecho Internacional y que para ello suma alianzas en el mundo, es un interés superior al que hay que subordinar toda aspiración sectorial interna. Un Estado es más fuerte si construye mayor armonía y equidad social. Situaciones injustas generan calderas que pueden hacer colapsar la institucionalidad del Estado y por ello es necesario abrir espacios y generar nuevos liderazgos para construir evolutivamente nuevos pactos sociales.

Esta visión madura debería provenir de la clase política, pero lamentablemente se la ve enfrascada en recomponer sus parcelas de poder antes que en interpretar las demandas sociales. De parte de los indignados lo que se espera es que cambien a través del sufragio a esa clase política que se ha deslegitimado por su propia inercia y por su falta o miopía de una visión de Estado.


Periodismo Independiente, para NOTON España. 16/10/2011.


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15 de Octubre Por una Democracia Profunda

15 de Octubre Por una Democracia Profunda
Los porqué de la indignación planetaria son variados pero todos tienen como telón de fondo el fenómeno de la globalización neoliberal, un modelo concentrador de la riqueza, causante de Estados débiles que resignan sus capacidades empresariales a beneficio de los negocios privados multinacionales. En Chile todos, cual más, cual menos, tenemos motivos para el descontento.

Existe un desencanto histórico con lo que ha significado la transición política que se ha vivido por ya 22 años. Molesta comprobar que han sido inmutables las reglas del sistema económico heredado, irrita el mantenimiento de prebendas que dejó el régimen militar a los grupos económicos que nacieron o se desarrollaron en esos 16 años. Los 20 años siguientes han provocado por ende,  un gran frustración en los idearios democráticos progresistas toda vez que se ha vivido la administración casi obsecuente del modelo heredado. Esto  pesa en el historial de una Concertación de Partidos por la Democracia que claudicó de movilizar al país tras reformas importantes para la gente. Esa fue la causa principal de su derrota del año 2010, ´por el voto castigo de desconcertados que fueron siempre voto duro, pero que se perdió por las malas prácticas de las cúpulas políticas.

Un motivo transversal de indignación ha sido también el rechazo a la corrupción, a las relaciones  impropias entre las élites políticas y el mundo corporativo, el mismo que vio incrementado su poder y su influencia en las decisiones políticas. Todo lo cual fue generando una gran brecha entre la ciudadanía y esa clase política, con una pérdida de confianzas y finalmente de legitimidad de los partidos políticos. La Alianza para el Cambio obtiene su triunfo el 2010 como consecuencia de ese desgaste objetivo de la Concertación, el cual a partir de allí se ha agudizado. Sin tener claridad para asumir el sitial de oposición y desprovista del poder,  la Concertación busca infructuosamente recomponerse pero se la ve con la calculadora en mano aferrada al binominalismo que le permitiría  mantener cuotas de poder. Por otra parte, de nada le ha servido pretender adherir a las demandas del movimiento social si su pecado capital fue haber precisamente desmovilizado a la civilidad y haber dado la espalda a peticiones sociales sentidas,  como lo fuera el movimiento estudiantil de los pingüinos el año 2006.

En general, las causas del descontento social son muchas pero pueden resumirse como un profundo sentimiento de desprotección del ciudadano frente al sistema   financiero,  frente a las sanitarias, como usuarios de las carreteras concesionadas, como clientes las grandes tiendas. Una clase media aprisionada por el sobre endeudamiento, a merced de los oligopolios

La deuda ambiental, la gran demanda por una educación pública de calidad y la inseguridad que se vive frente a la delincuencia ,  la droga y un sistema judicial garantista que protege más al delincuente que a las víctimas, son también ingredientes de un descontento profundo y visceral que cruza la sociedad chilena, en especial en su clase media que no recibe ningún beneficio y debe tributar sobre todos sus ingresos, sin escape alguno.

Tras las crisis de la economía mundial, el ciudadano ha visto cundir la usura y ha visto cómo las ganancias de la banca se agigantan en esos períodos. Cómo las cadenas del retail someten a los más pobres a intereses expropiatorios, cómo las farmacias se coluden para castigar al consumidor cómo se trafican influencias para conceder prebendas a grupos multinacionales de espaldas a la ciudadanía.

Hay un extenso cansancio, pero al mismo tiempo una esperanza. Por haber recuperado la capacidad de volver a movilizarse. Esta vez no hay un dictador corrupto enfrente, pero sí un sistema integral que debe ser corregido, una democracia representativa que ha perdido legitimidad cuando más del 40% de los potenciales ciudadanos se mantiene al margen del sistema electoral. Por lo menos, de esta crisis en desarrollo, donde se espera poder ganar espacios para una reforma importante, el mayor logro ad portas, es que la ciudadanía se ponga de pie y recupere el poder que le escamotearan las cúpulas partidarias.

El eslabón que permita aterrizar ese movimiento de indignación en la arena de las decisiones políticas, aún no se vislumbra. Los dirigentes estudiantiles, quizá entrampados por tendencias anarquistas internas, no han convocado como se habría esperado a una inscripción masiva de los jóvenes para que se conviertan en ciudadanos de verdad y así pasar con responsabilidad cívica a actuar dentro de la República, para realizar por dentro los cambios anhelados. En definitiva, caminar con nuevos líderes hacia una democracia profunda.

15 de Octubre 2011, Periodismo Independiente 





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¿Nuevas Turbulencias o Agotamiento del Orden Mundial Neoliberal?

¿Nuevas Turbulencias o Agotamiento del Orden Mundial Neoliberal?
La crisis de la deuda que ha jaqueado a la Unión Europea puede ser vista como un desajuste estructural entre la economía real y las percepciones de riesgo que de ella se generan en los mercados de capitales. El impacto social de la burbuja sub-prime sobre las pensiones y los salarios ha sido severo.

El paro se ha instalado en España a partir del 2008 y no ha remontado. Al evaluarse el nivel de endeudamiento que mantienen países como Portugal, Irlanda, Grecia, Italia se ha determinado que sus bonos soberanos valen  cada vez menos por el castigo que sufren en los mercados de capitales. Por  efecto de volatilidad que se da en las bolsas de valores, de commodities o de servicios, operadores que realizan inversiones de cartera siguen las tendencias y se deshacen de títulos en caída libre, lo que agudiza y acelera la crisis financiera de esos países.

También existen las consabidas acciones especulativas, apuestas de corto plazo, capitales golondrina, que resultan totalmente incontrolables. Con el balance de pagos en rojo, sin espaldas de reservas suficientes para solventar los compromisos internacionales, los Estados europeos, asociados en otrora sólidos procesos de integración regional, no han logrado evitar un escenario recesivo, donde la falta de liquidez frena el intercambio comercial y provoca un efecto dominó en sus socios comerciales. El paro ha calado hondo y las chimeneas que emigraron al Asia se extrañan hoy. La gran burocracia incubada en los períodos de Estado de Bienestar tendrán que revisarse para procurar una Administración Pública moderna, musculosa y flexible, con capacidad de gestionar un nuevo orden emergente, quizá un término medio entre el nacionalismo económico de ámbito regional y la necesidad de seguir interactuando con el mundo en un intercambio más cauteloso.

Las reglas del juego de la economía global, han sido impuestas por el mundo corporativo supranacional; lo que es bueno para la General Motors dejó de ser bueno para Estados Unidos. Las multinacionales, en feroz competencia planetaria, apuestan al Top 3, de manera de poder liderar como uno de los tres primeros, determinados rubros y consolidar así sus estrategias planetarias.  Los Estados son un frente respecto al cual la influencia corporativa circula al filo de lo legal, con tratos que muchas veces implican malas prácticas o corrupción. La necesidad de fiscalizar las contrataciones y concesiones desde la prensa libre y la ciudadanía, son elementos del cambio necesario que se requiere para un nuevo sistema mixto de economía.

El proceso productivo multinacional ocurre en diversos territorios, con encadenamientos productivos que no pueden ser fiscalizados por un solo Estado, pues ocurren en un espacio supranacional donde el árbol de casas matrices y filiales radicadas en distintos países, genera flujos financieros y de mercancías que quedan fuera del brazo fiscalizador de los Estados. El fenómeno de tributación se ha hecho complejo y restrictivo, toda vez que principios enclavados en el orden mundial dejan escaso espacio a los países para actuar de manera correctiva.

El margen de maniobra de los Estados es bajo, toda vez que los intereses corporativos han quedado plasmados en los Acuerdos internacionales. Sin embargo, la movilización cívica de la comunidad planetaria, en toda su energía y diversidad, ha obligado a la dirigencia política a detenerse para reformular un sistema que a todas luces se ha hecho inviable. El Estado debe reasumir sus capacidades de gestor económico y ensayar esquemas de comercio compensado y organización de planteles productivos asociativos, que sean una alternativa práctica para mantener funcionando la economía real pese a la iliquidez financiera.  El Barter Trade o trueque es una estrategia que sirve para mover el comercio,como lo son también los sistemas regionales de clearing entre Bancos Centrales, que ha mantenido desde 1980 ALADI, Asociación Latinoamericana de Integración, y que quizá sea oportuno reflotar frente a la actual crisis.
Los fenómenos bursátiles son de difícil predicción, por la complejidad de intereses en juego. El precio de los commodities, como el cobre, se ha resentido, pero en los requerimientos de crecimiento de las potencias asiáticas continuará siendo una materia prima insustituible. Por lo tanto, los países proveedores, como Perú y Chile, pueden resistir tranquilos una baja coyuntural y seguir apostando al socio chino. Existe presión de la sociedad civil por recuperar el manejo de los recursos naturales para una gestión más nacionalista de los mismos y es en esta variable donde pueden presentarse los mayores conflictos en el corto plazo, para desmantelar acuerdos que nunca tuvieron transparencia y que enajenan la riqueza de los países menos desarrollados en tratos leoninos que no admiten continuidad y deberían repactarse. La figura de una superpotencia que constituya un Estado gendarme que vela por la defensa de los intereses corporativos en el globo, ha pasado a ser una posibilidad de baja ocurrencia, pues los indignados del planeta han arrinconado a la clase política complaciente y están exigiendo que la soberanía vuelva al pueblo y se reposicione un Estado Nación moderno, cuyo norte principal sea el bien común de sus habitantes.

Sin echar mano a profesías, pero sí confiando en la capacidad de la ciudadanía para retomar los hilos de su destino con madurez cívica, siento que se ingresa a una nueva era de relaciones internacionales, que permitirá repostular un Estado Nación moderno que pueda emprender y gestionar los grandes proyectos que se requiere en nuestros países, con una planificación indicativa que favorezca las alianzas público privadas, pero con fiscalización ciudadana y transparencia, erradicando corrupción y prácticas abusivas. Por ello, siento que vientos positivos auguran la aparición de una economía más humana, con una ética pública y privada sólidas, con nuevos protagonistas, no contaminados por el sistema.

Para Notón De Periodismo Independiente, Septiembre 26, 2011.




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