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Ya no basta con marchar


Ya no basta con marchar

Las cosas no se cambian con meras acciones mediáticas que, siendo necesarias para colocar una idea en la opinión pública, deben abrir seguidamente un camino a diálogos y propuestas.  Los cambios a que aspira la gente se pueden lograr con trabajo y perseverancia. Cada quien puede sumarse al esfuerzo colectivo si hace el aporte de su pequeño grano de arroz con amor y compromiso.

Hay una actitud que se percibió este sábado en Chile, cuando la gente, en paz, con hijos y abuelos, se manifestó frente a la clase política para hacerle ver que Chile no quiere que se apruebe el Acuerdo UPOV 1991 sobre transgénicos y exige moratoria. Las marchas mostraron que la ciudadanía, las familias, no concuerdan con leyes negociadas por lobbistas, a espaldas del pueblo. Los chilenos queremos mantener nuestra libertad para cultivar e intercambiar semillas, quiere que la diversidad de flora y fauna sea herencia para nietos y sus hijos, no quiere que le patenten la vida, no quiere atar al país por futuras generaciones a una ley que busca ratificar un Acuerdo espurio, que sirve sólo a los intereses globales, que ha sido  fruto o consecuencia de la presión imperial de intereses corporativos internacionales sobre los organismos intergubernamentales y sobre el Estado-Nación, es decir sobre nuestra clase política, que ha actuado sin una visión geopolítica, con miopía cortoplacista.

Chile en democracia ha resignado soberanía en función de tener éxito mercantil, como forma de insertarse a nivel mundial, pero en ese propósito, de hecho exitoso, ha ido descuidando flancos que debilitan al Estado y su independencia. Ya no se trata de rebajas arancelarias, de concesionar obras púbicas o privatizar recursos naturales. Se estaría llegando a lo más sensible, nuestro espacio natural, a nuestra nutrición, a nuestra salud, a nuestra libertad básica de saber lo que comemos, de donde viene, su trazabilidad, sus componentes, su etiquetado veraz y confiable.

El poder de la gente

Gandhi señalaba: “Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos”.
La movilización de ayer se puede comparar con la de los enfermos que al final lograron una solución parcial al costo de sus medicamentos. En este caso, no podemos conformarnos con la foto masiva, es preciso entender que el interés que se enfrenta maneja medios como para hacer que se ignore esa marcha y todas las que vengan. Es preciso ser perseverantes y usar los caminos judiciales, nacionales e internacionales, para proteger el derecho a uso y goce soberano de nuestro patrimonio natural, que no se puede transar al mejor postor.

Este es un tema global pero que está siendo tratado tras bambalinas, detrás de los distractores de siempre, el fútbol, la farándula, el hedonismo. La reacción debe venir de nuestras conciencias, identificando claramente a quienes han vendido el alma al diablo o como decían los niños ayer, a Mondiablo.

Siguiendo a Gandhi, que logró a través de no violencia activa la independencia de su país, adhiero a esta frase que nos insta a la unidad de propósitos en defensa de la vida.
 “La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios”.


Periodismo Independiente, 18 de Agosto de 2013.  @hnarbona en Twitter.

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11 Septiembre 2001, la Civilidad al décimo aniversario del horror

La civilidad, al décimo aniversario del horror
Se cumplen 10 años desde la fatídica mañana del 11 de septiembre y de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York. La zona Cero se mantiene en la retina y en este décimo aniversario se rememora una vez más el horror de esa mañana. La vida cambió a partir de ese sangriento episodio. El mundo entero presenció en directo la gran tragedia. En  todo este período, todos hemos sido impactados, cual más cual menos, por nuevos criterios de seguridad, por una nueva forma de conflicto, sórdido y selectivo. La libertad y los derechos humanos sufrieron el impacto de los estados de excepción, de las guerras preventivas, de las medidas fundamentalistas para enfrentar el terrorismo, que generaron una retroalimentación perversa, donde antiguos aliados se convirtieron en buscados criminales terroristas.

 Bush, Blair, Aznar, Berlusconi fueron los articuladores de la invasión a Irak, en un enorme montaje que fue quedando, al descubierto. a poco andar, en todas sus inconsistencias. La elección de Barack Obama fue la respuesta esperanzada de un pueblo agobiado por el deterioro de su calidad de vida interna y la pérdida de libertades públicas que siempre fueron pilares de su institucionalidad. Sin embargo, con la herencia acumulada de un gasto militar desgastador, el imperio iba agotando sus capacidades económicas y la misma globalización que buscó imponer como orden mundial, fue jugándole en contra, minando las capacidades de influir como Estado en las turbulencias de los mercados de capitales supranacionales.

Así, Estados Unidos enfrentó la crisis sub prime y su delicada posición fiscal fue generando a nivel global la percepción de una posible cesación de pagos. La crisis sub-prime reventó la burbuja del sector inmobiliario y como un corolario de la crisis de las punto com, del decenio anterior, llega Estados Unidos con una crisis prolongada en donde ve descender su calificación a riesgo, pese a sus denodados esfuerzos por reactivar la economía y revertir un cuadro depresivo.

Por su parte, Europa también sufre los coletazos de la crisis global y enfrenta el agotamiento del Estado de bienestar y de la economía social  de mercado, en que se ha basado la propuesta social demócrata de desarrollo. El rol redistribuidor del Estado se ha llevado a través de políticas públicas que han implicado fuertes subsidios sectoriales, pero también altas tasas de impuestos y permeabilidad frente a las influencias corporativas privadas.

El sinceramiento a que ha obligado la crisis ha hecho ver a los europeos que al estatus alcanzado como sociedad de servicios le falta ahora el soporte macizo de una industria pesada y liviana instalada en sus territorios. Tarde se han dado cuenta de un hecho irreversible: la globalización les había escamoteado fuentes de trabajo que daba el sector industrial y manufacturero, toda vez que, en función de sus estrategias corporativas globales, muchas industrias históricas de Europa, decidieron emigrar al Asia, para seguir siendo competitivas en los mercados mundiales.

Tanto Europa como Estados Unidos y el NAFTA se dieron cuenta tardíamente de una revolución que se vivió en este decenio en materia de sistemas productivos, con nuevos encadenamientos que se ubicaron en países donde se les aseguraba estabilidad y mano de obra barata, sin petitorios sindicales ni pretensiones de expropiación o nacionalización. Las corporaciones multinacionales nacidas en el capitalismo pos industrial, se han manejado con criterios apátridas y dinámicas propias, que las hicieron emigrar al Asia, China o la India, en busca de enclaves para desarrollar estrategias globales.

Al cumplirse los diez años del 11 de septiembre de 2001, el mundo desarrollado asume que al haber jugado en función de un fundamentalismo neoliberal, fueron debilitando o desmantelando al Estado como ordenador máximo de la sociedad  y como factor de redistribución de la riqueza. Después de 10 años de una dinámica autoritaria y de democracias representativas endebles, ha irrumpido el ciudadano global, usando las mismas plataformas tecnológicas que permitieron la globalización de los mercados. Ese ciudadano y sus redes sociales han articulado una nueva acción política de resistencia activa y planetaria frente a decisiones de poderes fácticos que depredan su calidad de vida o amenazan la vida en la Tierra. Los enclaves del sistema se han debilitado y una ola social presiona por cambios, por transparencia, democracia directa y una política ética, blindada frente a la corrupción. Quizás sea el germen global de una nueva era, con nuevos actores y nuevas utopías.

Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 11 de Septiembre de 2011.

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Ética Mundial


Por una conciencia ecuménica  y una acción planetaria contra el mal

Si se busca un nuevo paradigma ético universal, los individuos y sus comunidades deberemos enfrentar la acción del mal desplegada a nivel planetario, con una clara identificación de sus múltiples expresiones.

La codicia es una de las expresiones entrópicas que lleva a la destrucción de nuestro planeta. La utilización depredadora de los recursos, la contaminación, la corrupción de los Estados Nación y sus élites políticas, con las consecuencias que están a la vista en términos de cambio climático, desertificación, hambre.

El atesoramiento y concentración de la riqueza en manos de pequeños cuerpos corporativos multinacionales que controlan los ciclos productivos, los encadenamientos productivos, eludiendo la tributación, comprando políticos, jueces, funcionarios para que sean esclavos de sus proyectos globales.

El pecado mundial de la codicia es la idolatría del oro y el dinero y de él se descuelgan todos los demás males de la tierra, las asimetrías incontrarrestables, las injusticias estructurales, la neo esclavitud, la alienación, la manipulación de masas, la pauperización de la fraternidad, la igualdad y la libertad humanas. Por ello, impulsar una conciencia universal por el amor, la Paz, la fraternidad y el respeto a la Tierra que nos cobija, está por encima de los Estados Nación, por encima de las religiones con sus templos, por encima de la competencia por la hegemonía o la dominación.

La corriente mundial ecuménica es el reencuentro con la frugalidad, la naturaleza, el mundo animal, la flora, el desprendimiento de lo material, la lucha solidaria contra el mal dondequiera que éste actúe.

No es anarquista la propuesta, es creer en un nuevo orden, creer en el plan de Dios, en la constitución de una moral planetaria que pueda combatir desde los planos locales y nacionales la acción de la bestia que reina en los espacios globales y tiende sus tentáculos de dominación y engaño sobre los individuos que pierden su libertad tras el espejismo del tener.

Nada mejor se quisiera el demonio que los hombres ignoraran y negaran su existencia. Por eso, en una concepción ética universal debemos combatir todas sus expresiones, en especial aquellas que apuntan a formar esclavos en la alienación engañosa del hedonismo, el libertinaje y el individualismo.

Cuidado con las trampas de las drogas toleradas, cuidado con el manejo carnal de las relaciones afectivas de familia, cuidado con la concepción que relativiza el rol celular de la pareja heterosexual en la sociedad, cuidado con quienes pregonan que vivir en la virtud del amor es arcaico y no moderno.

La conciencia universal del amor, debe ser fuerte para accionar en contra del mal, desde la profundidad de los principios morales, del derecho natural universal que debe constituir un esperanto de la moral planetaria, para frenar la expansión del mal y su corrupción sobre las almas y las instituciones humanas.
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Hernán Narbona Véliz



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