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Puente Juan Soldado: leyenda y amistad.



Puente Juan Soldado

Es el nombre de un puente ubicado en el acceso norte de la ciudad de La Serena y es justo la mitad del viaje cuando voy o vengo conduciendo desde la Región de Atacama a la de Valparaíso. Es un puente estratégico, de sólida arcada, que ha resistido muchos terremotos y se mantiene impecable. 

Con ese puente me hice amigo y cada vez que lo cruzo le voy contando mis cuitas, que  “cómo está Don Juan”, que “cómo le fue con el derrame de ácido el otro día”; “se da cuenta Don Juan que si Ud. fuera Teniente no tendría sólo un puente a cargo sino un tremendo viaducto en la doble vía”. “Cosas de la vida, Don Juan, pero Ud. siempre firme como roca, vertebrando este flaco y largo territorio”. “A Ud. lo pusieron aquí porque es clase, es del perraje, pero de alta calidad, forjado a ñeque en los tiempos en que no se robaban el cemento en las obras públicas”.

Intrigado en este derrotero, quise averiguar más de mi amigo Juan Soldado, quién era, porqué su nombre al puente y a ese cerro de La Serena. Y descubrí su leyenda. Peleó como soldado raso en el siglo XVII en Italia y de allí vino a Chile. Era pobre pero muy orgulloso y siempre sacaba a relucir que él había luchado en esa guerra lejana. En la sociedad aristocrática de la Serena recibió un desprecio de dos jóvenes de rancias familias y Juan el Soldado, los habría retado a duelo, frente a lo cual ambos jóvenes arrugaron, rechazaron batirse a duelo con la excusa de que Juan no era de su alcurnia y no se podían rebajar. El cura llamó a Juan “soldaducho” que “atentaba contra la sociedad serenense” y lo expulsaron de La Serena. Años después, los dos aristócratas pollerudos que se habían resguardado bajo las sotanas del párroco, aparecieron misteriosamente asesinados. Se presumió que el asesino había sido “Juan Soldado”. 

Pasaron los años y nunca se le volvió a ver. Se cuenta que en ese tiempo los piratas o corsarios ingleses amenazaban la colonia española y allí en el cerro norte de la Serena aparecían fumarolas de alerta cada vez que algún navío no español se acercaba a la costa. No sabía el pueblo quien actuaba graciosamente de vigía protector. Se acostumbraron a que ese benefactor desconocido, protegiera con ojo avizor a la comunidad. Algunos pensaban que era un monje, un meditador de la montaña. Hasta que un día no aparecieron más esos humos y un grupo subió a mirar el cerro y encontró los restos del fallecido buen vecino que dedicaba su tiempo al voluntario trabajo de vigía. Era el vilipendiado Juan el Soldado. La comunidad, desde ese instante, llamó así al cerro, a cuyos pies se ubica hoy este puente añoso, desde donde se tiene una fabulosa visión panorámica del océano Pacífico. Esa es su historia, ese fue Juan Soldado.

Comprometido a escribir esta crónica, dar cuenta de nuestras conversaciones breves y concisas, como saludos entre arrieros en la cordillera, quise cumplirle a mi amigo Juan Soldado, que sigue con su espíritu de servicio apostado en la cumbre con sus brazos abiertos para unir la carretera 5 Norte en un punto clave. Quizás sea esta crónica el devaneo que provoca luchar contra el sueño tras largas horas conduciendo, pero en mi fuero íntimo, creo que ha habido una conexión con Don Juan Soldado y creo que la puedo llamar amistad porque cumple con los requisitos de aprecio y consideración mutua. Un bocinazo al cruzar por él es el sencillo saludo al amigo infatigable que cruza los siglos como un soldado, orgulloso de su historia, tieso de mechas, sin aceptar el vituperio de ningún empolvado de los salones plutocráticos de la época.


Periodismo Independiente, 10 de Agosto/2013. Una mirada libre a nuestro entorno. @hnarbona en Twitter.



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Hugo Chávez y los paralelos de la historia americana






Han concluido las exequias fúnebres y las banderas flamearon a media asta en toda la región. En la capilla ardiente estuvieron muchos Jefes de Estado. 
Esto me hizo recordar el funeral que tuvo en Buenos Aires Juan Domingo Perón y surgió esta reflexión histórico política para mejor entender el fenómeno del chavismo.


Cuando Simón Bolívar planteó su sueño americanista, Diego Portales en Chile planteó el fortalecimiento republicano antes que integrarse al mando del Libertador. Portales, que hacía salir a Chile de la anarquía apostó a dar estabilidad a la República, lo cual se logra con los  3 decanatos fundacionales de los Presidentes José Joaquín Prieto, Manuel Bulnes y Manuel Montt. Portales señalaba “La República es el sistema que hay que adoptar; ¿pero sabe cómo yo la entiendo para estos países? Un Gobierno fuerte, centralizador, cuyos hombres sean verdaderos modelos de virtud y patriotismo, y así enderezar a los ciudadanos por el camino del orden y de las virtudes. Cuando se hayan moralizado, venga el Gobierno completamente liberal, libre y lleno de ideales, donde tengan parte todos los ciudadanos”.  En 1836 Chile tuvo que enfrentar su primer guerra contra el mariscal boliviano Andrés Santa Cruz y su Confederación Perú Boliviana.

El chavismo será como el peronismo o el kitchnerismo, una amalgama de discursos y visiones llenos de complejidad,  pero que ha logrado comunicarse con las masas en un lenguaje directo, comprensible, visceral y movilizador. Ha sido expresión de un populismo político que tiene un gran porcentaje de nacionalismo y que se viabiliza en la medida que posee los recursos estratégicos para financiar el traspaso de riqueza a sectores sociales que acompañan al gobierno en la aventura. Perón fue hombre de armas, simpatizó con el nazismo y sustentó su poder en un sindicalismo duro, al cuño de los sindicatos norteamericanos, hechos a fuerza de metralla, tal como las mafias de principios de siglo XX. La Argentina de Perón tuvo el trigo como palanca de base. Chávez tuvo su petróleo. Y hay otra similitud histórica, Perón simpatizó con los grupos de izquierda sirviendo de puente para negociar suministros a Cuba durante el bloqueo. Eran tiempos álgidos de la guerra fría y, dentro de ella, cabe recordar que la España franquista hacía lo propio con Cuba y así el aislamiento que pretendía Estados Unidos de Cuba falló por el accionar bipolar de sus propios aliados.

Surgió entonces, la doctrina tercermundista, la visión Norte Sur, la tesitura de la tercera posición, de los no alineados, con Tito en la vieja Yugoeslavia; Perón en Argentina; Carlos Ibáñez del Campo en Chile, Getulio Vargas en Brasil, marcando un sentido tercermundista y de nacionalismo económico de la América Latina de los cincuenta y sesenta. El impulso de los frentes populares, la irrupción de Frei Montalva con la Revolución en Libertad, la vía democrática al Socialismo de Salvador Allende, las nacionalizaciones de las riquezas básicas en una consonancia anti imperialista. Pero en los setenta se vino la noche negra de las dictaduras militares en todo el cono sur y la vuelta atrás en las medidas nacionalizadoras. Es necesaria esta contextualización para entender el fenómeno caudillista, bolivariano de Hugo Chávez.

No se puede encasillar a Hugo Chávez en los parámetros chilenos actuales de democracia representativa, porque Chile desde el gobierno militar y sin solución de continuidad, ha tenido  un posicionamiento “fenicio” en la globalización, potenciando su economía hacia afuera y buscando el crecimiento por dos vías estratégicas, abrir su economía al mundo para que el comercio fluya libre y constituya el principal motor de crecimiento;  y, simultáneamente, blindar el modelo para dar al mundo multinacional y a los grupos económicos que controlan la generación de riqueza, una estabilidad político jurídica que aliente a la inversión, resignando al Estado a un rol regulador y de débil fiscalización. 

Por ese camino, Chile abrió el manejo de sus riquezas básicas a la inversión privada con un profundo proceso desnacionalizador de ellas. Chile, guste o no, ha sido adelantado dentro el proceso de la globalización, jugando con esa visión su inserción internacional, dando tantas seguridades al socio externo que sería de alto costo recuperar el control de esos recursos, como que la Constitución y su aparataje de Leyes Orgánicas, han colocado camisas de fuerza de difícil desmontaje, en fin, se han otorgado facilidades que las multinacionales quizás no hayan logrado en ninguna parte, ni en el propio Estados Unidos.

El resultado ético de este modelo que ha superado los 35 años, ha sido la concentración de la riqueza y la enorme brecha en la distribución del ingreso, lo que genera una caldera social de alto riesgo. Chávez, por su parte, capitalizó el repudio hacia la clase política corrupta y puso a Venezuela en sintonía con aliados externos marginados del sistema oficial interamericano.

Apoyó con sus petrodólares a Cuba, repitiendo lo que hizo Perón en los setenta. Rompió los moldes de subordinación a la OEA y provisto de sus ganancias petroleras mejoró la condición asistencial de sectores pobres, históricamente marginados del crecimiento. Así, combinando un discurso de integración bolivariana, con los estilos propios del caudillo militar, fue cambiando la institucionalidad venezolana para anclar su modelo, tal cual lo hizo Pinochet al encargar la redacción de la Constitución del 80.

En el plano internacional articuló sus alianzas estratégicas como un outsider generoso, apoyando a Cuba, Nicaragua, Uruguay, armándose con Rusia, teniendo un trato de aliados con Irán, irradiando su influencia hacia Ecuador y Bolivia, generando en la integración regional un eje distinto al del ABC (Argentina-Brasil Chile) que siempre la había llevado. Generó así Unasur, Unión de Naciones Suramericanas, y la Celac Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños,  y logró sepultar el ALCA que impulsaba George Bush, del cual fue un entrañable adversario político.

Hugo Chávez fue un vecino jaranero y con plata, que invitó a los pobres a la mesa de la abundancia, pero que fue duro con sus contradictores y adversarios políticos. El manejo de su agonía y su muerte quizás quede encriptada como asunto de Estado, ya que al igual que ocurriera con Perón y con Franco, las horas finales del caudillo quedaron supeditadas a la contingencia de la transición y el ordenamiento del poder, más allá de consideraciones humanitarias. El sueño de la integración seguirá como una utopía aglutinante, con los bemoles que cada país le coloca de acuerdo a sus intereses profundos. El Estado de Chile puede y debe convivir con inteligencia en esta vecindad, para seguir en una paz estable, usando las cualidades de orden y estabilidad y corrigiendo aquellas debilidades estructurales que ha provocado un modelo concentrador, sin un Estado fuerte, conductor del desarrollo.

Periodismo Independiente, 10 de marzo de 2013.  @hnarbona en Twitter.



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