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A un mes de la soberana decisión ciudadana


Sube la adrenalina y comienza la franja televisiva. Nueve son los candidatos. Una encuesta a través de Internet midiendo la percepción acerca de quienes creen que serían los candidatos que pasarán a segunda vuelta, marca que un 68,75% cree que serán Bachelet y Parisi los que disputarán ese ballotage criollo.

Los remezones se han ido incrementando, golpes bajos y nada de fair play. Es como el destape de un dique que forma una gigantesca avalancha de palabras sentidas, de un lenguaje gestual que va delatando el stress que provoca la campaña. Las redes sociales estallan en mensajes que por su cantidad es imposible digerir. Estamos cerrando de una buena vez la transición interminable a la democracia efectiva. Si hay un común denominador es que la  Constitución deberá corregirse en aspectos sustantivos, dándole al Estado un rol responsable y conductor del desarrollo, con una fiscalización más eficiente, con una mayor regionalización que fortalezca la gestión de las provincias y comunas, con real transparencia, manejando sus proyectos, exigiendo que las firmas tributen en las regiones donde producen  exigiendo rendiciones de cuentas, en especial en materia de financiamiento de los partidos políticos. En materia del sistema binominal, los partidos han apurado la discusión de una salida legal que atenúe el tema, pero el proyecto en el fondo que han barajado trata de mantener equilibrios entre las dos coaliciones tradicionales, lo cual podría variar sensiblemente con el resultado de las próximas elecciones si se da la sorpresa que ambos bloques temen.

La juventud está entusiasmada y la tercera edad también. Cruzando generaciones de manera transversal, el enfrentamiento de ideas, así sea en píldoras escuetas, en 140 caracteres, es algo que ha involucrado a abuelos y nietos. Está entretenida la campaña, tanto que incluso la frivolidad se aferra al quehacer político para lograr rating. El periodismo tradicional apuesta al conflicto, al que le dijo, pero la gente está exigiendo más, está auscultando con ojo clínico a cada candidato/a, para evaluar su actitud, para esa sensación personal que es la percepción de honestidad o falsedad que proyecta una persona. Por mucho que los asesores pauteen a la prensa para evitar preguntas incómodas a la candidata de la Nueva Mayoría y así se ausente de debates trascendentes como el de la ANP, las redes sociales son implacables para funar a quien se esconde y premian a quienes argumentan, dan la cara, son vehementes, se ofuscan, se salen del molde, son gente común y corriente y no candidatos burbuja.

Esta crónica se redacta en vísperas de la franja televisiva. Allí será la hora de la verdad. Porque nadie podrá bloquear o limitar a cualquier candidato. Y la gente sabrá apreciar la sinceridad del mensaje, su creatividad, su coherencia, distinguiendo la verdad de la mentira, siguiendo el adagio bíblico que marca “Por sus obras los conoceréis”.

Periodismo Independiente, 15 de octubre de 2013  @hnarbona en Twitter




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Síndrome del Pato Cojo



El síndrome del pato cojo es la pérdida de apoyo que los gobiernos alcanzan de sus propios partidos y su electorado  en su última fase, lo cual deriva en que los políticos más cercanos al gobierno empiezan a operar en función de su campaña, más en conformidad con las expectativas de gobierno futuras que con las tareas del gobierno actual. 

En las encuestas y en las votaciones municipales la Alianza mantiene ese tercio histórico que siempre tuvo la derecha. La Concertación no ha logrado liderar la oposición y ha quedado en todas las encuestas con una adhesión más baja que la coalición gobernante. Si hubo un 60% de abstención en las elecciones municipales del 28 de octubre, la gran interrogante es cómo encantar a ese universo disperso que ha quedado como dato, pero sin conocerse quienes integran la abstención. Por lo tanto, un gran trabajo de indagación y segmentación deberán realizar quienes apunten a conquistar ese público. Cuáles son los motivos de su no participación. ¿Indiferencia y flojera? ¿Ignorancia cívica? ¿Desencanto con el sistema?  ¿Rebeldía, ansiedad,  indignación? ¿Todas las anteriores?

De acuerdo a los resultados y tendencias de las recientes elecciones, el  binominalismo comienza a caer por su propio peso, las terceras posiciones de los progresistas, los regionalistas, los independientes, empiezan a conquistar espacios. También se advierte una mayor desideologización de la ciudadanía, con importantes sectores que ya no se alinean por ideario histórico sino por el conocimiento que han adquirido del comportamiento de los representantes populares y las autoridades. En este sentido, el voto ha sido herramienta de repudio y castigo a personajes que han tenido comportamientos impropios, pero que pretendían recuperar poder a través del clientelismo. Se percibe en el voto municipal un sesgo ciudadano diferente, donde ya no existe el voto duro ideológico e importan mucho más las conductas, el cumplimiento de promesas, la gestión participativa.

El síndrome del pato cojo es la pérdida de apoyo que los gobiernos alcanzan de sus propios partidos y su electorado  en su última fase, lo cual deriva en que los políticos más cercanos al gobierno empiezan a operar en función de su campaña, más en conformidad con las expectativas de gobierno futuras que con las tareas del gobierno actual. 

Se ha comprobado el sentido perverso que tiene un período presidencial de sólo 4 años, sin reelección, ya que el país vive en elecciones permanentes, que no dejan tranquilidad ni tiempo real para gobernar y aplicar mínimamente un programa político. Con 6 años, como era antes, se podía ejecutar políticas públicas, sin tener que estar testeando popularidad a cada rato, dedicándose la máxima autoridad a gobernar, a tratar los asuntos de Estado, y no vivir en la cuerda floja de las percepciones que reflejan las encuestas y que muchas veces son malas muestras que tratan, en su negocio, de levantarse como certeras. Se necesita Presidente y Ministros de tiempo completo, abocados a ejecutar el plan por el cual se les eligió, sin esta presión de un período estrecho que deja cualquier obra en etapa de formulación, con el riesgo de que quede en la nada al llegar un gobierno distinto. Este drama debe ser resuelto y es un tema crucial del ordenamiento institucional republicano.

El síndrome del pato cojo implica que el Presidente titular y la coalición de gobierno dejan de preocuparse de la obra y legado del actual Presidente, para pasar a la contienda electoral anticipada, colocando todas las energías en levantar y promover al delfín, el candidato heredero, obligando a que el Presidente en ejercicio deba dar un discreto paso al costado desde el punto de vista comunicacional, para que sea su candidato el que robe cámaras y logre potenciar su presencia pública.

Revertir la sociedad mediática a una sociedad de cuño republicano, exigirá cambiar los estilos faranduleros que ha tenido la política en los últimos 24 años. Volver a gobiernos de derecha al estilo de un Jorge Alessandri  o de centro izquierda  al estilo de Pedro Aguirre Cerda, sería recuperar estilos austeros en donde el Jefe de Estado no vivía en función de la coyuntura electoral, sino de la gestión eficaz del programa comprometido con el electorado en su campaña. Cadena nacional obligatoria cuando había  algo trascendente que comunicar al pueblo,  era la forma de preservar al gobernante,  dejándole el deber de conducir al país, sin arriesgar el desgaste mediático que significa querer estar en pantalla todos los días, de manera obsesiva.

Gobernar hasta el último día es un eslogan. Lo real es que la gran pesadilla de todo gobierno, porque estampa su fracaso en la historia, es tener que entregar el mando a un sucesor opositor. Es el juego de la alternancia democrática, pero, sin dudas, duele y mucho.

Periodismo Independiente, 2 de noviembre de 2012.


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El Ejército en campaña contra el frío.


El Ejército en campaña contra el frío

Cuando 14 personas en situación de calle mueren de frío, cuando los hospitales y postas de urgencia colapsan por el aumento de pacientes afectados por problemas respiratorios, el gobierno toma una sana medida: instalar hospitales de campaña de las FFAA y organizar albergues para que la gente que vive en la indigencia pueda resguardarse en este frío invierno. 

Nadie ha rasgado vestiduras, se ha sentido como una medida racional y republicana. Con los recursos de la Defensa Nacional se refuerza la protección a las personas y es algo que parece lógico, a no ser de los precedentes que han rodeado esta decisión.

Chile parece haber aprendido de las torpezas y desaguisados del 27 de febrero de 2010, cuando por apreciaciones ideológicas dogmáticas, el gobierno de Michelle Bachelet demoró 36 horas en nombrar los Jefes de Plaza y sacar a los militares a la calle para hacerse cargo de la seguridad de las personas. En la retina ciudadana permanecen los saqueos televisados, los pobladores organizados en piquetes para defender sus poblaciones de los delincuentes. Y cuando se puso mano dura, no faltaron los que salieron al baile reclamando por los derechos humanos de esos vándalos y saqueadores. Eso es Chile, pero al parecer la sensatez arriba y los prejuicios del pasado comienzan a desaparecer. Mientras esos albergues y esos hospitales de campaña sirvan para aliviar a una persona desamparada y en situación de vulnerabilidad, la acción es merecedora de una aprobación unánime.

Han pasado 40 años casi del golpe militar, los protagonistas están octogenarios y la mayoría ya ha fallecido. Chile no debe olvidar, pero debe también entender que pasado se tiempo, lo que se quiera seguir argumentando en pro o en contra del golpe contra la institución democrática, es algo que quedará para el juicio histórico, episodios dolorosos y lejanos para los jóvenes de hoy, que nacieron después de recuperada la democracia, la transición y sus muchos defectos; hijos de las generaciones que  son producto de las épicas luchas por la recuperación democrática. La vuelta a la doctrina de un Ejército Profesional y No Deliberante, respetuoso del orden institucional es hoy un hecho de la causa. Ahora bien, si esa institucionalidad mantiene el sesgo autoritario y centralista que implantó una Constitución ilegítima, es un problema de la actual ciudadanía cambiarla, pero ya se percibe que las Fuerzas Armadas no son ya los pretorianos de ese orden   heredado del régimen militar, sino un brazo necesario del aparato público que debe cuidar a la Nación  y el Territorio de las amenazas externas.

Recuerdo los abrazos que en las celebraciones del NO el año 1988 se daban los pobladores y estudiantes con los carabineros, en señales de reencuentro, de un nuevo comienzo. Ahora, al ver a los conscriptos desplegando sus carpas y la gente encontrando atención de emergencia en forma digna, uno no puede dejar de alegrarse, porque vientos de racionalidad republicana van aislando las visiones dogmáticas y por esa vía es factible sentarse a conversar de los cambios que requiere el sistema para sacar al país de una dialéctica confrontacional.

Quizá resulte exagerado extrapolar consecuencias políticas de una situación coyuntural, pero la decisión del gobierno ha sido acertada y no se ha levantado en su contra la crítica ácida de los contradictores. Por eso, como de pequeñas señales se nutre la historia, no es loco pensar en que se puedan abrir negociaciones racionales que encaminen ideas fuerza para un gran acuerdo social; para un país sin miseria; para refundar la democracia con la legitimidad de las nuevas mayorías y de los liderazgos que asoman en medio de las movilizaciones, batucadas y discursos. Espacio de refresco para nuevos actores de la política chilena. Vientos de cambio positivos, para hacer de Chile un país más justo y más seguro.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz,  7 de julio de 2012.




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Binominalismo: la luz al final del túnel


Binominalismo, la luz al final del túnel
Es la gran chance del Presidente Piñera de convertirse en la dimensión histórica de largo plazo, en el Presidente liberal que destrabó la democracia de sus principales lastres, consagrando la inscripción automática y voto voluntario y dando término al sistema electoral binominal que ha distorsionado la representatividad popular en la sociedad chilena con un régimen presidencialista altamente concentrado y centralista.

Eliminar el sistema binominal, una de las principales medidas de amarre que dejó  Pinochet a sus aliados en la Constitución Política del 80, la misma que redactara principalmente Jaime Guzmán, estaría sellando un largo período político, que transitó desde la dictadura instaurada en 1973, pasando por el autoritarismo de los 80, a un sistema representativo de democracia protegida que lleva ya 22 años.

El Acuerdo RN-DC es un hito relevante en la historia política de las últimas 4 décadas, pues marca una salida de Estado a un problema de legitimidad institucional, permitiendo que,  logradas las mayorías necesarias que exigen las Leyes Orgánicas Constitucionales, se pueda divisar la luz que lleve a la sociedad chilena a una democracia sin camisas de fuerza, ni tutelas autoritarias.

Es la posibilidad de revertir una situación de desgaste que ha sufrido el Gobierno, y que también arrastra a la Concertación o lo que queda de ella. En parte principal el deterioro de la credibilidad de Gobierno y Oposición se ha debido a sus propios yerros, a actuaciones que van de espaldas a las sensibilidades sociales expresadas en las calles. También se aprecia un déficit en gestión política, y una acción corrosiva de una oposición  que, entre tumbos,  no encontró nada mejor que opacar los avances que se han alcanzado, como la eliminación del 7% de salud a los jubilados, el prenatal de 6 meses, medidas  incipientes de corrección en lo educacional, la aprobación de la inscripción automática y el voto voluntario.

Ha habido objetivamente una metódica actitud descalificadora hacia el Jefe de Estado, a lo que se ha sumado la sobre exposición mediática que lo ha puesto en riesgo innecesario. Por su parte,  los movimientos sociales que remecieron el 2011 las instituciones, colocaron en la agenda principios de consenso respecto a cambios de fondo, que lleven a reducir la concentración de la riqueza y eliminar las malas prácticas enquistadas en el sistema de libertinaje que durante 20 años reinó en el país en perjuicio de la población.

El Acuerdo de Renovación Nacional con la Democracia Cristiana irrumpe en la vida cívica como una gran oportunidad de cambios, que significa articular un civismo de centro democrático que no admite etiquetas de izquierda o derecha, pues es transversal y expresa el sentimiento y anhelos de un amplísimo sector democrático, que quiere mirar al futuro, que rechaza los ultrismos anarquistas nihilistas y las nostalgias militaristas del período militar, volviendo a su sitio la institucionalidad nacional con la mayor legitimidad.

Si ese Pacto se reforzara mediante una consulta ciudadana, un plebiscito respaldado en los registros electorales, en donde el Ejecutivo propusiese los parámetros de una reforma profunda, se podría conformar un hito de refundación política, que asegure la diversidad, la tolerancia y el respeto a las mayorías reales. Un nuevo sistema electoral que permita volver a una representación proporcional y que apunte a un sistema de partidos transparente y pluralista, dando cabida a un espectro amplio de sensibilidades, permitiendo alianzas en el libre juego de la democracia y la participación ciudadana. Además, cambios al presidencialismo y una línea de fortalecimiento de las regiones.

Si el Presidente Piñera es capaz de romper amarras con los sectores recalcitrantesque permanecen en los dos partidos de la Alianza y generar un movimiento cívico transversal con visión de Estado, podrá romper esquemas estancos y verticalistas, para construir una mayoría parlamentaria que le dé espaldas al cambio. Por su parte, la DC tiene en este pacto la oportunidad de sumar y compartir las sensibilidades de la clase media chilena que busca sincerar la democracia y refrescar las instituciones gastadas, atrayendo a la vida ciudadana a esa mayoría silenciosa que ahora puede votar si ve en este derrotero político la luz al final del túnel.


Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 21 de enero de 2012.

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El Caudillo Siglo XXI: su perfil.
Mi gran deseo cívico para el 2012 es que la ciudadanía repudie la corrupción en todas sus expresiones y que vigile el desarrollo de pseudos primarias a que están convocando los partidos, para rechazar a personajes cuyo historial representa una amenaza para la democracia y para el patrimonio público y el bien común. Si la gente honesta decide entrar en política votando, creando nuevos referentes, colocando candidatos limpios en las próximas elecciones, cualquiera sea la tendencia política que se quiera postular, podremos darle un gran respiro a esta sociedad, envilecida por décadas de malas prácticas, corruptelas y delincuencia que se ha enquistado en el sistema político.

Puede ser Macondo, puede ser cualquier pueblo de América, puede ser México o Chile. En cualquier lugar, el realismo mágico de Gabriel García Márquez o de Mario Vargas Llosa, se ve superado por la realidad actual.

Con un estómago a prueba de balas, manejando la mentira tal como la sonrisa, aparece el caudillo.
El caudillismo es un fenómeno social atemporal, que reaparece recurrentemente como una sanguijuela dentro del tejido social. Ud. los verá aparecer con sus máquinas de poder al interior de los partidos políticos o se los encontrará celebrando fiestas populares en las barriadas populares.

El historiador francés Francois Chevalier, señala que el caudillismo “es propio de una sociedad con sistema democrático inmaduro, grandes diferencias sociales, y existencia de oligarquías locales o regionales. Es propio de una sociedad donde personas poderosas prepotentes no aceptan el juego político democrático"

El caudillo conoce las bajezas de sus colaboradores y las utiliza en el momento oportuno. Procurar a cada quien su vicio ha sido la alquimia para manejar la política de pasillo. La corrupción puede partir de cooptar clubes deportivos, centros sociales,  iglesias, juntas vecinales, pagando por bajo cuerda a los dirigentes para que se convirtieran en sus incondicionales. La miseria humana ha sido siempre el vergel de información que le da poder al caudillo.

El caudillo no tiene empacho en incorporar a su negocio a los parientes. Les favorece con compras directas, con proyectos a la medida. El caudillo hace trampas por naturaleza.

Sus percepciones del poder son de motricidad fina. Sabe qué teclas apretar en el momento justo. Para asegurarse el control del Partido impulsó campañas para hacer crecer la militancia. Poco a poco, fue incorporando al partido a nuevos militantes reclutados en función de una adhesión de incondicionalidad a su persona,  prometiendo a cambio empleo o prebendas. Cuando pudo manejar la ciudad contrató a esos incondicionales. De pronto, la asamblea partidaria comunal se vio invadida por mal agestados que portaban carnet de militantes. Había que designar candidatos y esos desconocidos levantaron sus manos al unísono, se proclamó al caudillo por mayoría absoluta y los viejos militantes que lo controlaban todo, debieron partir excluidos, con la cola entre las piernas, por la puerta trasera.

Mensualmente, el caudillo organizaba reuniones con la nueva militancia, todos debían pagar sus cuotas, pero en esa reuniones el trago y la música eran gratis, palabra mágica para los nuevos tiempos del caudillismo. El caudillo  sabe aprovechar las debilidades de sus adversarios y las convierte en sus fortalezas. Sin mayores luces técnicas, balbuceando discursos aprendidos de memoria, el caudillo fue capaz de organizar pequeños proyectos para los barrios, mientras políticos mayores no eran capaces de utilizar fondos asignados. El caudillo recorrió las poblaciones, manzana por manzana, prometió cosas pequeñas, palmoteando espaldas, llevando empanadas a los clubes, repartiendo pelotas de fútbol, besando a las mujeres, sonriendo, riendo, inaugurando columpios, barandas, centros sociales, multicanchas.

El caudillo organizó las juntas vecinales a su amaño. Nombró dirigentes a dedo, les aseguró un pago mensual. En las reuniones del concejo municipal, esos remunerados agentes sociales se alineaban para lo que mandara el caudillo. Eran la participación popular que respaldaba al caudillo.

Las elecciones fueron apabullantes. Toda la clase política central se rendía a los pies del caudillo, quien como un monarca seleccionaba a quienes recibía o despreciaba. Ponía los números arriba de la mesa y su voluntad era ley. La comuna en sus manos, todo controlado y con ello las llaves del poder mayor. El caudillo abría espacios para los buenos negocios, el caudillo solucionaba dificultades, el caudillo daba órdenes y los planos reguladores, el destino de suelos, lo que fuera necesario, era facilitado por sus equipos incondicionales.

El caudillo se blindaba en sus alianzas estratégicas. Las trenzas de poder ensanchaban sus espaldas. Se le respetaba y lo saludaban conspicuos políticos de la fronda aristocrática central. La televisión estaba siempre a disposición. Ordenó poner gran publicidad en el diario más conspicuo y se aseguró grandes espacios para reportear sus logros. El caudillo se ocupaba de invitar a los periodistas a fiestas privadas, hacía regalos a sus mujeres, era sponsor de reuniones de caridad. Apadrinando gremios, manejando prensa, sin controles efectivos, el caudillo se sintió intocable.

De pronto el caudillo fue presa de la ambición sin límites y sus expectativas se elevaron, más allá de su feudo.

De alguna manera, alguien le trajo una oferta. Era demasiado dinero costear una campaña a cargos de elección popular  de nivel central. Mal que mal, el caudillo controlaba sus dominios y allí era respetado por su poder. Pero ascender en la escala política lo exponía a peleas mayores. Como la ambición rompe el saco, engreído de sus capacidades, de su muñeca política, el caudillo aceptó el financiamiento de un aliado incontrolable.

El pacto no fue de sangre, no fue vender el alma al diablo, pero fue un pacto entre desalmados. El cartel de la droga, que tejía sus redes de influencia, encontró en el estilo del caudillo una empatía profunda y se apropió de esas virtudes para su propio negocio. El caudillo cegado por la obsesión de subir, no ponderó el alcance de esta alianza y el costo que tendría el financiamiento otorgado.

Pero llegó el día en que las deudas se pagan. Y el caudillo que pensó ser capaz de jugar con fuego, apareció descuartizado, cerca de la frontera. Ningún incondicional lo defendió cuando la mafia castigó un incumplimiento del pacto secreto. La nota del cable circuló por las redes como un incidente más en la lucha contra el narcotráfico. Servir de eslabón para el lavado de dinero de la mafia, le significó al caudillo probar su propia medicina y jugar un póker infernal, donde su astucia no le sirvió de nada.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, diciembre 2011.
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Movimiento Estudiantil 2.0: Evitando una nueva frustración
El movimiento estudiantil chileno ha  cerrado el año con el corolario de una derrota política de Camila Vallejo en las elecciones para la Presidencia de la FECH, una derrota similar en las elecciones de la USACH y una partida presupuestaria para Educación que fue aprobada por 58 votos contra 55. Llegan las fiestas estivales y en el recuento de los 6 meses de movilización, se obtiene un balance contradictorio que es necesario leer y revisar desde diversas ópticas.

Desde el plano sectorial de la Educación el movimiento produjo un avance genuino en materia presupuestaria y en proyectos separados que apuntan a la modernización.

Con la presión en las calles, el Gobierno ingresó a trámite legislativo el proyecto de ley de desmunicipalización, que crea una nueva institucionalidad en el sistema de educación. El proyecto crea las Agencias Locales de Educación como corporaciones de derecho público para reemplazar como sostenedor a aquellos municipios que tienen malos resultados en sus establecimientos. Los municipios con buenos resultados igualmente pueden traspasar los colegios a una Agencia.

En materia de Educación Superior están en proceso dos proyectos de ley: sobre reprogramación de créditos universitarios y creación de la Superintendencia de Educación Superior. El primero es un mensaje del Ejecutivo que actualmente se encuentra en la Comisión de Educación del Senado. Establece un mecanismo para que cerca de 110.000 estudiantes universitarios, que gozan del Crédito Solidario y se encuentran en mora, puedan reprogramarlos en mejores condiciones y optar al 100% de la condonación de intereses y multas si pagan el 50% de lo adeudado. Si pagan menos del 50% igualmente se  benefician de la condonación pero  en porcentajes menores.

El segundo proyecto es el que crea la Superintendencia de Educación Superior, que básicamente deberá fiscalizar y solicitar información a universidades, centros de formación técnica e institutos de educación superior. Incluye  las relaciones contractuales con el alumnado, los convenios de las universidades con los académicos, la supervisión  y  transparencia de antecedentes financieros y académicos (incluyendo los títulos y grados del profesorado), las remuneraciones de éstos, su condición contractual, los miembros del directorio  y su participación en sociedades con las que contrata la institución.

Desde la óptica política, el realismo parece haber primado por encima de las consignas ideológicas de los dirigentes estudiantiles. En el desarrollo del conflicto, el asambleísmo y el “infantilismo revolucionario” fueron la tónica de una escalada de descalificaciones. La resistencia a sentarse con la institucionalidad, estirando el elástico en una tozudez sin destino, llevó a la reacción de sectores estudiantiles no ideologizados, que comenzaron a organizarse para dar vuelta las asambleas y vaya si lo lograron, cuando desbancaron a la propia Camila Vallejo de la presidencia de la FECH.  Una líder con carisma, personaje del Año de la Revista Time -medio que destacó el liderazgo innato de la izquierdista joven de 23 años-  ¿cómo pudo perder la Presidencia de la FECH con ese rating de popularidad?

La explicación hay que buscarla al interior del movimiento estudiantil donde   hubo peleas duras, aplicación de verdaderas purgas stalinianas en contra de quienes osaron abrir puentes hacia la institucionalidad. Fue el caso del repudio que sufrió en su momento el dirigente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Talca, Javier Fano, quien denunció haber sido vetado por la Confech debido a que él habría sugerido solicitar la mediación de la Iglesia Católica para poner término al conflicto estudiantil. Más allá de que su propuesta haya sido extemporánea, dada la posición desmejorada de esa Iglesia Católica envuelta en sus propios problemas de imagen, la actitud de Javier Fano era sólo una redirección táctica, no una oposición de fondo a la plataforma de cambios, quizá sí una visión más republicana y menos rupturista con el sistema, cuestión que le significó ser aislado de la dirigencia.

Dirigencia que ha debido pagar la factura por sus inconsistencias, estar bien con Dios y con el diablo es imposible. A la hora de capitalizar lo avanzado, como fue ese momento de inflexión en que abandonan la mesa directa con el Ministro Bulnes, tratando de mantener contentos a los sectores nihilistas, que se negaban a todo, los dirigentes pierden el control del proyecto de Acuerdo y la discusión se va al Congreso, volviendo a su curso normal institucional. Mientras esto ocurría, sectores anarquistas, asistémicos, auto marginados de los registros electorales y por ende sin la calidad jurídica de ciudadanos, comenzaron a contaminar las marchas con una violencia sin sentido. Cuestión que sólo favorecía a quienes buscaban bloquear un posible acuerdo donde todos ganaran, pero en el que todos debían ceder. El todo o nada se escapó de lo educacional para pedirlo todo, en una irracionalidad que poco a poco fue cansando y los propios jóvenes se sintieron perjudicados por la conducción y emitieron su voto castigo. De allí el epíteto de infantilismo revolucionario que afloró en los debates.

¿Qué queda de aquí en más? Estas revoluciones que duran hasta el viernes y que respetan los domingos y festivos, sufren de muerte súbita cuando se viene un verano, hay carrete de por medio y hay que respetar el cuerpo dándole su debido descanso. Con ese ánimo, el haber perdido el año parece ser un desperdicio, porque los jóvenes no asumieron con responsabilidad republicana la oportunidad que tuvieron entre manos, la de fundar un Acuerdo que ellos pudieran pilotear en el tiempo y que condujese, en el espacio acotado del sistema educacional, a relaciones más equitativas y que abrieran cauces para otros cambios políticos en la sociedad chilena.

Las calculadoras de la oposición funcionaron, cuidando que de la comparación entre la crisis del 2006 y la actual, no saliera perjudicada la candidata blindada que mantienen como única carta. Sin embargo, la comparación ha sido insoslayable, pues siempre salta la pregunta ¿qué hicieron Uds. por la educación, aparte de generar dentro de ella sus propios proyectos de educación superior?

Tal como el año 2006 el movimiento juvenil denominado “los pingüinos” sufrió la frustración de sentarse a negociar sus demandas con el gobierno “ciudadano” y “amable” de Michelle Bachelet, que en forma dubitativa demostró falta de voluntad política para asumir los cambios requeridos o al menos intentarlos; este año 2011, luego de una movilización histórica en el marco de un gobierno explícitamente de derecha, se ha vivido la disyuntiva: sentarse en la mesa republicana a llevar un proyecto con gradualidad, o patear el tablero y diluirse en la mayor incapacidad política.

Hoy, en una raya para la suma, el movimiento de Camila y George, arriesga de nuevo a perder el norte,  al no ser capaz de potenciar cívicamente la rebeldía y mística de los primeros meses. Pese a las desconfianzas, un gobierno liberal de derecha viene a poner en perspectiva reformas que mejoran la posición anterior, que le dan más transparencia al sistema y generan una instancia fiscalizadora que faltaba en el Estado para evitar la venta de ilusiones, de títulos vacíos, de carreras no certificadas, de universidades que han sido meros negocios con fines de lucro, aunque la ley siempre lo ha prohibido. Contar con un  proyecto de ley que crea la Superintendencia de Educación Superior permitirá fiscalizar el cumplimiento de reglas mínimas de seriedad y de calidad, reconociendo que es el inicio de un camino largo, que sólo se alcanzará con sacrificio y en esencia, mediante un cambio cultural, que saque a la educación de la boa insaciable de la codicia y de mercachifles sin control. Un liberalismo conceptualmente ortodoxo debería sumarse a una erradicación de esas malas prácticas si quiere que el modelo no colapse frente a las presiones sociales.

Y de Camila quizás se hable mucho más. Quizás, como lo sugirió el Diputado Tellier, conformando un nuevo liderazgo femenino juvenil que compita con la ex Presidenta Bachelet y las nostalgias concertacionistas. En política nunca se sabe por donde saltará la liebre.

Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 19 de diciembre de 2011.

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2011, el año que vivimos marchando

2011, el año que vivimos marchando
Es un derecho resguardado constitucionalmente, a expresarse y reunirse en orden en los espacios públicos. Hay que tomar hora para tener un cupo. El Ministerio del Interior, la Intendencia respectiva, debe ordenar el desplazamiento de cada desfile. Este año las mayores ciudades de Chile han sido cruzadas por marchas y más marchas. Las de los ecologistas, contra Punta Choros, Castilla  Hidroaysén, Pascua Lama; contra las termoeléctricas, contra la energía nuclear, contra la contaminación por los automóviles, por el irrespeto a las ciclovías, ciclistas furiosos, ciudadanos que rechazan las antenas de las compañías de telecomunicaciones. Todos celular en mano twitteando sus marchas.

En el conflicto por una Educación Gratuita y de calidad, por ya casi medio año, las marchas se han convertido en fiestas de ingenio. En paralelo, los más novedosos, que parecen venir realmente de ultratumba, por lo desubicados frente a las motivaciones generales, han sido los zombies, siniestros verdugos, sangrantes, descuartizados, resucitados espantosos. Y también han marchado los católicos contra el matrimonio gay y los católicos que protestan por situaciones internas de la Iglesia pidiendo una evangelización más libre de jerarquías.

Han estado presentes en las calles los homosexuales que, siendo pocos pero bulliciosos,  reclaman matrimonio gay, pero que han perdido cámaras por la inundación de marchantes con otras motivaciones; lo mismo que le ha pasado a Anda Chile, ya tan pasados de moda que aunque se cuelguen de la Moneda pasan desapercibidos.
Han marchado los profesores, los de la Salud, los que tienen enfermedades no cubiertas por AUGE; los estafados por La Polar; los que protestan por las farmacias coludidas; los que repudian a las AFP y las ISAPRES; los que protestan contra las constructoras cuyos edificios colapsaron; los que reclaman porque las constructoras inmobiliarias se toman las ciudades de manera invasiva. Se han sumado con sus propias marchas la CUT, la ANEF, los guachacas que solidarizan con todos y los de la barra brava del Colo Colo por sentirse discriminados.


Durante las marchas se han hecho el pino los compadres que venden limones; los contratistas que deben reponer semáforos, los fabricantes de señalética, los negocios que venden mantones para encapuchados. Las movilizaciones más dulces fueron las besatones o maratones de beso que llenaron espacios públicos de feromonas. Sin necesidad de que venga Tunik, en las marchas se han mostrado cuerpos pintados de vistosos colores. Ha habido carros alegóricos de guanacos o zorrillos; hemos tenido el thriller de Michael Jackson frente a la Moneda; con máscaras y maquillajes de cadáveres sangrientos, los zombies en sus declaraciones han sido los más buena onda, pacíficos a concho, expresando su amor y su interés en compartir la marcha con los indignados, para simplemente compartir y pasarlo regio. Las tribus urbanas, los jubilados, los vendedores ambulantes, todo Chile en la calle, la tónica del Siglo XXI, todos conectados por las redes sociales.
Pero están también los patos malos, el lumpen resentido que llega a todas las marchas con cuadrillas de vándalos que encienden las barricadas en forma itinerante; los que arrastran a turbas de saqueadores que lo invaden todo, que destruyen un banco de plaza, un pequeño negocio de barrio, un humilde taxi o el autito de una montepiada. Esa ha sido la mancha negra de un movimiento que captó por su limpieza y alegría, las simpatías de grandes mayorías. Los vándalos son enemigos enquistados que buscan simplemente provocar y aprovecharse del caos. Confundidos en las marchas, esos desalmados, con su organizada violencia, han hecho suyas las legítimas marchas ciudadanas.

Periodismo Independiente, 23 de Octubre de 2011.



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De la Indignación al Poder

De la Indignación al poder
El Día después del 15.O, preocupa apreciar la falta de puentes entre la civilidad movilizada por las calles del planeta, como familias, individuos, grupos de interés, reclamando un nuevo orden mundial, y la institucionalidad.

Esos indignados han colocado un hito en la política internacional, pero actuando como marginales de la institucionalidad, sin proponerse realizar los cambios desde el interior del Estado, es decir ganando políticamente la institucionalidad democrática y republicana de las sociedades.

Divisamos a los dirigentes estudiantiles en París, hablando en La Sorbonne, emitiendo un discurso enfervorizado sobre los cambios que reclaman en su extenso conflicto de ya 5 meses. Sin embargo, no se advierte tras su propuesta una capacidad política para canalizar esta energía social hacia los niveles de la política y la democracia representativa. 

Esa falta de voluntad ha llevado a buscar un fortalecimiento de posiciones, sumando adhesiones internacionales, pero queda allí el balón, boteando en el área chica, sin que nadie decida jugar el partido real, entrando marcar el gol, a consolidar aquello en lo que fue cediendo el gobierno.
Las demandas escalonadas en una negociación son síntoma de una falta de voluntad negociadora. Para actuar en política se requiere mucho más que clientelismo o espaldas mediáticas; se requiere capacidad política para ganar alianzas y lograr que los principios que animan la posición del movimiento social, queden plasmados en un nuevo orden jurídico. 

Mientras no se alcance esa meta de ir amarrando los avances objetivos y apostar por lograr las mayorías que permitan implementarlos en ese nuevo trato social, el movimiento no ha ganado nada y una marcha atrás, con endurecimiento de posiciones, podría empantanarlo todo y llevar por cansancio a una nueva frustración.

No se puede realizar una revolución a partir de los estudiantes, como tampoco puede hacerse desde los desempleados o los jubilados y montepiados. Es necesario que se articulen plataformas políticas más amplias, que impliquen a trabajadores, comerciantes, transportistas, que jugando las reglas de la institucionalidad puedan llegar a cambiarlas.

La potencialidad de una nueva fuerza política irrumpiendo al sistema electoral, de concretarse, podría ser suficiente como para caminar hacia nuevas mayorías, con nuevos cuadros preparándose para conducir el Estado, empapando esa institucionalidad emergente de los valores concordados en elecciones libres por esas nuevas mayorías.

Por lo tanto, el rupturismo y la anarquía son funcionales a los sectores golpistas que añoran los regímenes de facto, bajo la excusa de reponer el orden frente al caos. 

En esa peligrosa dialéctica pierden los demócratas, pierde la civilidad, sería un duro retroceso. Se debe entender que las decisiones de un país en el marco de la globalización enfrentan las amenazas de poderes fácticos multinacionales que buscan hacerse, a como dé lugar, de las riquezas de los países, para sus propios intereses, en pos de lo cual articulan acciones desestabilizadoras, mueven sus mercenarios y logran guerras inventadas con tal de obtener sus objetivos. 

Como esto no es política ficción, es preciso dejar claro que, con todo lo necesario y justo que es producir cambios estructurales en un sistema injusto y concentrador de la riqueza, siempre hay que preservar un bien mayor que es la estabilidad y fortaleza del Estado frente a los escenarios actuales. Mantener la fuerza de un Estado Democrático, que defiende la paz mediante el Derecho Internacional y que para ello suma alianzas en el mundo, es un interés superior al que hay que subordinar toda aspiración sectorial interna. Un Estado es más fuerte si construye mayor armonía y equidad social. Situaciones injustas generan calderas que pueden hacer colapsar la institucionalidad del Estado y por ello es necesario abrir espacios y generar nuevos liderazgos para construir evolutivamente nuevos pactos sociales.

Esta visión madura debería provenir de la clase política, pero lamentablemente se la ve enfrascada en recomponer sus parcelas de poder antes que en interpretar las demandas sociales. De parte de los indignados lo que se espera es que cambien a través del sufragio a esa clase política que se ha deslegitimado por su propia inercia y por su falta o miopía de una visión de Estado.


Periodismo Independiente, para NOTON España. 16/10/2011.


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Cerrando una tragedia

Ha transcurrido una semana y los restos humanos han sido identificados por el SML. 7 días de tensa y arriesgada búsqueda que hoy casi concluye. 21 víctimas que fallecieron en forma instantánea al despedazarse el avión al chocar con el mar, el fatídico 2 de septiembre de 2011.
TVN y su equipo de Buenos Días a todos han sido impactados por la tragedia; lo mismo que el Proyecto Levantemos Chile, la FACH y el Ministerio de la Cultura y Las Artes.
Felipe Camiroaga el popular y querido animador, rostro de canal TVN ha dejado un legado de respeto a las personas, de frescura y alegría.


Ha sido una semana de luto. El país supo esta semana de la partida de un gran político, héroe de la recuperación democrática, Don Gabriel Valdés Subercaseaux. Hoy han sido sus funerales y en la partida se escuchó la voz del Presidente del Senado, Guido Girardi y del Presidente de la República, Sebastián Piñera, la República despidiendo a uno de sus pilares en el Siglo XX. Un gran hombre de bien, generoso y sabio, consecuente en sus dichos y su trayectoria. A los 92 años partió esta semana, agregándose el duelo nacional al que se venía viviendo por las 21 víctimas del accidente de la isla Juan Fernández.


En la aeronave viajaban integrantes del programa televisivo Buenos Días a Todos, empresarios, integrantes de entidades relacionadas con la reconstrucción tras el terremoto y miembros de la institución aérea..
De Televisión Nacional de Chile viajaban Felipe Camiroaga, Roberto Bruce, Sylvia Slier, Carolina Gatica y Rodrigo Cabezón.
Del Desafío Levantemos Chile: Felipe Cubillos, Sebastian Correa, Joel Lizama, Catalina Vela Montero, Jorge Palma y Joaquín Arnold.
Del Consejo de Cultura: Galia Carolina Díaz Riffo y Romina Isabel Irarrázabal Faggiani.
De la FACh: el periodista José Cifuentes y Rodrigo Fernández.
De la tripulación: la teniente Carolina Fernández (piloto), el cabo 2° Flavio Olivo, el teniente Juan Pablo Mallea, el sargento 1° Eduardo Jones, el cabo 1° Eduardo Estrada y el cabo 1° Erwin Núñez.

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