Magallanes: El frío nuestro de cada día
No hay mendigos que vivan en las calles en la región de Magallanes, simplemente porque el frío los mataría.
Hacer soberanía en territorios con climas extremos requiere del Estado una consideración especial y permanente. Punta Arenas controla el Estrecho de Magallanes, una posición geopolítica sustantiva. Es la proyección a la Antártida, la mayor reserva de agua del planeta, territorio sobre el cual podemos proyectar potenciales derechos para el día en que esos recursos lleguen a explotarse. La defensa de ese espacio territorial exige una visión de Estado de largo plazo.
Cuando en el gobierno las autoridades quieren gestionar el Estado sin considerar la variable geopolítica, se corre el riesgo de caer en el economicismo ramplón. No es lo mismo manejar una empresa o un consorcio que la administración pública. El déficit en esta materia le seguirá pesando a la Alianza ya que la tecnocracia del Ministerio de Energía no ha dado el ancho para manejar el conflicto del gas en Magallanes. Ya el conflicto se ubicó en un nuevo gallito, esta vez entre la civilidad y el gobierno, por mucho que se suban al carro los partidos opositores, las riendas las han llevado los magallánicos sin diferencias.
Un nuevo mal manejo político de la Moneda, que quizás concluya con una intervención presidencial directa que se salte los conductos regulares, tal como fuera el caso de la termoeléctrica en Punta Choros.
La realidad es que las regiones están descreídas de las gestiones y componendas políticas centrales, ya que ellas siempre calculan el rédito político y como Santiago concentra la gran mayoría de los votantes, siempre la balanza se inclina de manera perversa a favor del centralismo, en desmedro de las regiones. Pasó con el Transantiago, pasó con el royalty minero que se fuga en gran proporción a otras regiones que no son del norte minero.
En el problema del gas aparece un problema de gestión que proviene de errores en la matriz energética nacional. Ha habido descubrimientos de yacimientos gasíferos en la costa chilena, pero los mismos cálculos economicistas que estamos relevando en vez de promover la activación de esas fuentes nacionales, fueron los que metieron al país en la dependencia del gas argentino, que se cortó y se usó como herramienta de presión. Luego, tras ese error, vino la expansión del carbón y las presiones políticas lograron que se autorizara el petcoke, una forma sólida de carbón, producido a partir de la descomposición térmica y polimerización de los residuos que derivan de la destilación del petróleo crudo (aceites pesados, alquitranes, asfalto, etc).venenoso elemento de bajísimo costo, el cual ha dejado huellas en todos los proyectos termoeléctricos donde este combustible basura ha sido utilizado.
Frente a la costa de Valparaíso se informó años atrás del descubrimiento de yacimientos gasíferos, pero se optó por confiar en contratos de suministro que al poco rato se cayeron.
En el caso de Punta Arenas, Coyhaique, Puerto Aysén, Natales, es decir todo el extremo sur de Chile, es deber de Estado mantener condiciones básicas a como dé lugar, por sobrevivencia y soberanía. Algo muy distinto a la situación de bonificación y subsidio a los pasajes urbanos a los santiaguinos, que no morirían por el impacto de un sinceramiento tarifario, pero se enojarían mucho y los que fijen la medida perderían elecciones.
Esa ha sido la lógica perversa que la ciudadanía está rechazando de manera transversal y que está levantándose como un movimiento alejado de las tiendas partidarias de ambos bloques, para expresarse en grandes movilizaciones, en coordinaciones virtuales, en un movimiento pacífico que no se puede manipular, que exige en estos momentos que se corrija la medida de alza y que se asegure a Magallanes el consumo ciudadano en forma prioritaria, sin generar preferencias hacia la empresa que `produce el metanol.
Reconozco que es necesario tener mayor información y transparencia para poder entrar al fondo económico del tema, pero no es el punto por ahora y quizás lo sea después que escuchemos la interpelación al Ministro de Minería, quien seguramente será el fusible para cuando se deba revertir la equivocada e impopular medida del alza del gas. Por ahora, sólo he querido subrayar lo medular: la civilidad que fuera desmovilizada por dos décadas y sometida al estatus de consumidores resignados, hoy saca su voz y exige que el sistema inconsulto que se le ha impuesto, cambie. Es el gran cambio que pide la gente y quien lo interprete y entienda capitalizará el descontento.
Noticia en desarrollo. Esperemos.
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Hernán Narbona Véliz, Periodismo Independiente, 13 enero 2011.
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