Showing posts with label Gobierno. Show all posts
Showing posts with label Gobierno. Show all posts

Síndrome del Pato Cojo



El síndrome del pato cojo es la pérdida de apoyo que los gobiernos alcanzan de sus propios partidos y su electorado  en su última fase, lo cual deriva en que los políticos más cercanos al gobierno empiezan a operar en función de su campaña, más en conformidad con las expectativas de gobierno futuras que con las tareas del gobierno actual. 

En las encuestas y en las votaciones municipales la Alianza mantiene ese tercio histórico que siempre tuvo la derecha. La Concertación no ha logrado liderar la oposición y ha quedado en todas las encuestas con una adhesión más baja que la coalición gobernante. Si hubo un 60% de abstención en las elecciones municipales del 28 de octubre, la gran interrogante es cómo encantar a ese universo disperso que ha quedado como dato, pero sin conocerse quienes integran la abstención. Por lo tanto, un gran trabajo de indagación y segmentación deberán realizar quienes apunten a conquistar ese público. Cuáles son los motivos de su no participación. ¿Indiferencia y flojera? ¿Ignorancia cívica? ¿Desencanto con el sistema?  ¿Rebeldía, ansiedad,  indignación? ¿Todas las anteriores?

De acuerdo a los resultados y tendencias de las recientes elecciones, el  binominalismo comienza a caer por su propio peso, las terceras posiciones de los progresistas, los regionalistas, los independientes, empiezan a conquistar espacios. También se advierte una mayor desideologización de la ciudadanía, con importantes sectores que ya no se alinean por ideario histórico sino por el conocimiento que han adquirido del comportamiento de los representantes populares y las autoridades. En este sentido, el voto ha sido herramienta de repudio y castigo a personajes que han tenido comportamientos impropios, pero que pretendían recuperar poder a través del clientelismo. Se percibe en el voto municipal un sesgo ciudadano diferente, donde ya no existe el voto duro ideológico e importan mucho más las conductas, el cumplimiento de promesas, la gestión participativa.

El síndrome del pato cojo es la pérdida de apoyo que los gobiernos alcanzan de sus propios partidos y su electorado  en su última fase, lo cual deriva en que los políticos más cercanos al gobierno empiezan a operar en función de su campaña, más en conformidad con las expectativas de gobierno futuras que con las tareas del gobierno actual. 

Se ha comprobado el sentido perverso que tiene un período presidencial de sólo 4 años, sin reelección, ya que el país vive en elecciones permanentes, que no dejan tranquilidad ni tiempo real para gobernar y aplicar mínimamente un programa político. Con 6 años, como era antes, se podía ejecutar políticas públicas, sin tener que estar testeando popularidad a cada rato, dedicándose la máxima autoridad a gobernar, a tratar los asuntos de Estado, y no vivir en la cuerda floja de las percepciones que reflejan las encuestas y que muchas veces son malas muestras que tratan, en su negocio, de levantarse como certeras. Se necesita Presidente y Ministros de tiempo completo, abocados a ejecutar el plan por el cual se les eligió, sin esta presión de un período estrecho que deja cualquier obra en etapa de formulación, con el riesgo de que quede en la nada al llegar un gobierno distinto. Este drama debe ser resuelto y es un tema crucial del ordenamiento institucional republicano.

El síndrome del pato cojo implica que el Presidente titular y la coalición de gobierno dejan de preocuparse de la obra y legado del actual Presidente, para pasar a la contienda electoral anticipada, colocando todas las energías en levantar y promover al delfín, el candidato heredero, obligando a que el Presidente en ejercicio deba dar un discreto paso al costado desde el punto de vista comunicacional, para que sea su candidato el que robe cámaras y logre potenciar su presencia pública.

Revertir la sociedad mediática a una sociedad de cuño republicano, exigirá cambiar los estilos faranduleros que ha tenido la política en los últimos 24 años. Volver a gobiernos de derecha al estilo de un Jorge Alessandri  o de centro izquierda  al estilo de Pedro Aguirre Cerda, sería recuperar estilos austeros en donde el Jefe de Estado no vivía en función de la coyuntura electoral, sino de la gestión eficaz del programa comprometido con el electorado en su campaña. Cadena nacional obligatoria cuando había  algo trascendente que comunicar al pueblo,  era la forma de preservar al gobernante,  dejándole el deber de conducir al país, sin arriesgar el desgaste mediático que significa querer estar en pantalla todos los días, de manera obsesiva.

Gobernar hasta el último día es un eslogan. Lo real es que la gran pesadilla de todo gobierno, porque estampa su fracaso en la historia, es tener que entregar el mando a un sucesor opositor. Es el juego de la alternancia democrática, pero, sin dudas, duele y mucho.

Periodismo Independiente, 2 de noviembre de 2012.


Una mirada libre a nuestro entorno

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS

Alerta nacional por ruptura del diálogo Estudiantes - Gobierno

Que los estudiantes se hayan retirado abruptamente de la mesa de diálogo pareció una rabieta de adolescente, pero sus implicancias políticas son serias. Parece haber muchos, movidos por diferentes intereses, que quisieran hacer fracasar el diálogo y mantener de hecho el statu quo.

Que nuevamente un jueves haya dado lugar a una marcha no autorizada, con una dura aplicación de fuerza por parte de Carabineros.
Que la vocera del movimiento estudiantil, Camila Vallejo, haya declarado que el lanzamiento de piedras a Carabineros ha sido autodefensa,
Que ya no son los estudiantes pacifistas con las manos levantadas en contra de los vándalos, protegiendo a Carabineros para evitar que se se les agrediera, los que pesan en el movimiento social.

 Directamente la violencia se instaló en medio del conflicto.

Todo esto ha colocado el tema de la educación casi en segundo plano. El gallito se centró en cómo penalizar los saqueos y de paso las tomas, en aras de una paz social, que más parece ser pax romana.

Ya no prima esa actitud moderada y de no violencia, con marchas llenas de alegoría y colores, que favoreció la adhesión y simpatía de la ciudadanía al movimiento, en un nivel de casi 80%. Ahora son directamente los extremismos ideológicos mezclados con los vándalos y turbas organizadas de delincuentes, los que se han tomado las marchas, ya que concurren preparados para el enfrentamiento urbano. Lamentablemente esos sectores minoritarios llevan la batuta en las movilizaciones.

 El abandono de la mesa de diálogo ha provocado objetivamente  una escalada. El gobierno, para no parecer débil, juega también sus cartas duras, pretendiendo, por ejemplo, lograr en forma urgente una ley que penalice el vandalismo y la barbarie, pero mezclando en la iniciativa una penalización a las tomas de colegios y universidades, olvidando que la autonomía e inviolabilidad de los recintos universitarios ha sido siempre parte de la tradición democrática y republicana de Chile.

Ya habíamos escrito sobre las tres almas que juegan en la Alianza por Chile y lo que se aprecia es que la derecha liberal progresista ha perdido terreno y que lo empezaran a ganar los grupos autoritarios. Lo que queda claro es que Piñera se está farreando la oportunidad histórica de marcar un vuelco en la historia y conducir la recuperación de la educación pública para hacerla de calidad y equitativa. Tendría los resortes políticos para invertir en el sistema universitario público, excluyendo quizás a las universidades católicas que gozan de esos beneficios siendo confesionales, y avanzando hacia un sistema mixto de educación superior, aplicando un fuerte sistema de becas para personas de bajos recursos pero de buen rendimiento, que durase toda la carrera, bajo condición de mantener el rendimiento mínimo.

Por otra parte, la desmunicipalización y descentralización de la educación secundaria parece tener amplia aceptación. Sin embargo, la oposición metió una cuña al ingresar un proyecto que busca eliminar toda subvención a colegios particulares, los que deberían ser autofinanciados, debiendo subir las matrículas.

No se ha hablado de la calidad en términos de evaluar la docencia. Es un tema que el Colegio de Profesores ha tratado de dejar a buen recaudo, pero eso es fundamental para cualquier proyecto serio de educación.

Si se revisan los diversos puntos y se entra en el tema de gratuidad, el Estado podría fijar en el área de lo público un sistema por mérito y con colegiatura escalonada según situación social. 

Es obvio que ello implicaría una mayor cantidad de recursos y para que esto fuese sustentable en el tiempo, habría que aumentar los impuestos de manera progresiva. Aquí está el talón de Aquiles del gobierno, pues acá entran a influir esos intereses que son el tercer alma de la derecha chilena, integrada tras bambalinas por los grupos económicos que detentan el poder económico en Chile y a quienes no interesa que se aumenten los impuestos directos, en circunstancias que esos sectores obtienen dinero del sistema previsional, manejan los instrumentos de capitalización del mercado de capitales, operan con multi Rut, distribuyendo las ganancias entre distintos establecimientos para evitar que los alcancen tramos tributarios más duros.

Pero,  para enfrentar a estos grupos de presión hay que tener voluntad política y en eso el gobierno ha flaqueado, quedándose en aumentos presupuestarios puntuales que no son estructurales. Por lo tanto, si el gobierno quisiera dar respuesta a la gratuidad del sistema público, dejando espacios para educación particular pagada para quienes quieran o puedan pagarla, tendría que disponer de ingresos tributarios sólidos, lo cual implica aumentar los impuestos a las grandes empresas, cuestión que le ha recomendado el propio fondo Monetario Internacional, lo cual suena casi a ciencia ficción.

Así las cosas, el movimiento social sigue entrampado en el dogmatismo, estirando el elástico con el grave riesgo de perder legitimidad. Son miles las familias que no quieren perder el año y lo están perdiendo. Son muchos más que los movilizados los alumnos que esperan en sus casas que se vuelva a la normalidad. Son una gran mayoría del país los que, simpatizando con la demanda, repudian la acción violenta y la intromisión de delincuentes en las protestas.

Del otro lado, con tensiones internas al interior de la Alianza, las visiones autoritarias parecen haber tomado la vanguardia dentro del gobierno para reaccionar con más fuerza frente al conflicto, estigmatizando a todo el movimiento estudiantil como vandalismo y delincuencia.

Un plebiscito que no ayuda.

Se ha montado un acto inconducente y distractivo. Una convocatoria a votar en un plebiscito que da la falsa impresión de participación cívica y no pasa de ser otro artilugio mediático para enrarecer el conflicto. En estas acciones simbólicas subyace un peligroso desconocimiento de la institucionalidad vigente. Se quiere escamotear al gobierno su autoridad constitucional y legítima, bajo el pretexto de que las encuestas demostrarían que cuenta con una baja adhesión. Aceptar este argumento sería asumir una Encuestocracia, una acción contra la república y directamente se estaría cayendo conscientemente en una acción desestabilizadora cuasi golpista, ya que en Chile no se vive en dictadura; se vive, guste o no, en el marco institucional de una democracia representativa que la civilidad ha validado en las elecciones presidenciales, de parlamentarios y municipales, respetándose el Estado de Derecho.

Por lo tanto, convocar a plebiscitos que no pasan de ser un  show mediatico no hace sino agudizar el conflicto e impedir la salida institucional que pasa por un Acuerdo Social y Político que se convierta en nueva legalidad para el sistema educacional. Todo lo demás es simplemente rupturista y antidemocrático, pues lleva el conflicto a una situación de desgobierno que deja a las instituciones en riesgo de colapso.

En vez del circo, lo político sería convocar a la inscripción masiva de los automarginados para que ellos voten pero de verdad y que con esa fuerza nueva se cambien las cosas desde el sistema. Me parece una irresponsabilidad política justificar la acción desestabilizadora que se realiza por fuera con el solo objeto de generar ingobernabilidad. En ese sentido, se advierte de parte del gobierno un pobre manejo del Estado, en términos de ejercer la autoridad sin bombos pero de manera efectiva. No esperar que sea un Alcalde, como Labbé, el que pida poner término a la anarquía que se apodera de la ciudad. Bastaría el sentido común, un mínimo compromiso republicano para saber que se debe respetar al Jefe de Estado, que si un gobierno es malo, son los votos ciudadanos los que castigarán en su momento ese mal desempeño.

En un concepto democrático, si el movimiento social logra que se recomponga la educación pública universitaria en términos nacionales, se habría dado un gran paso. Si se desmunicipaliza y el Estado asume la deuda previsional que afecta a cientos de miles de profesores que no pueden jubilar, se estaría solucionando una injusticia que viene desde tres décadas perjudicando la calidad de la educación. Si los líderes juveniles abandonan el dogma panfletario y se dan cuenta de lo mucho que se ha avanzado, sobre todo en comparación de la frustración que sufrieron los pingüinos en el gobierno de Bachelet, se sentarían a cerrar lo avanzado y dejar temas pendientes para solucionarlos por el lado político, generando nuevos referentes político sociales.

Los líderes estudiantiles no deben dejarse manipular por los grupúsculos derrotados en la última elección, sino tomar distancia de ellos, para actuar con criterio propio y en forma transparente.

Y si de plebiscito se trata, hagan plebiscito electrónico en cada Universidad, donde se vote un Si o un No al regreso a clases y un Si o un No a la evaluación de los profesores. Son preguntas que no se atreven a proponer.

La mayoría de la ciudadanía con derecho a voto no debe pisar el palito con juegos mediáticos. Este seudo plebiscito es idea de publicistas que quieren hacer de esto un reality show, donde el resultado es juntar presión contra el sistema, pero sin ir a lo medular del problema, como lo sería concretar las acciones de corrección al sistema educacional público y privado, de manera de generar un sistema mixto que implique mayor fiscalización y mayor equidad, pero con evaluación de los profesores y control efectivo de los sostenedores privados.

Llamar a la cordura y acercar con racionalidad las posiciones es un ejercicio de madurez cívica. La violencia ciega a los protagonistas y esto va llegando a niveles de alto riesgo para la gobernabilidad, donde al final se puede perder la imperfecta democracia que tanto nos costó recuperar y que es de una increíble fragilidad.
_________________________________________
Periodismo Independiente, 7 de octubre de 2011








Una mirada libre a nuestro entorno

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS

El nuevo Partido Progresista ad portas

 

El nuevo Partido Progresista ad portas

Los partidos políticos son el instrumento para participar del sistema electoral y, por ende, su control y manejo es fundamental para participar de cuotas de poder. En su génesis primaria las fuerzas políticas reflejaban a través de las tiendas partidarias una mirada ideológica de la sociedad, representaban una utopía antes que la defensa de intereses corporativos, pero, en el devenir de las últimas décadas lo que ha quedado son máquinas que compiten por el control de los partidos, en el restringido escenario del binominalismo instaurado por la Constitución del 80.

En este contexto, el manejo de un partido asegura la nominación de candidatos y, binominalismo mediante, permite ganar cupos de poder político en todos los espacios políticos, desde los concejales de un municipio hasta los Diputados y Senadores. En el proyecto que haría de elección popular en nombramiento de los Consejeros de los Gobiernos Regionales, el gran riesgo es que la postulación de candidatos sea realizada por los partidos y que los independientes tengan escasas posibilidades de ganar como simples representantes de la sociedad civil.

Es así como el poder institucional presenta características oligopólicas, con grupúsculos de militantes juramentados bajo criterios sectarios para controlar las entidades partidarias a como dé lugar, pues eso asegura el acceso a cargos de representación popular, convirtiéndose las disputas internas en una arena en la que los gladiadores de diversos grupos y sensibilidades luchan a muerte por ganar la testera que les asegura vía expedita para sus carreras políticas. Nada de ideología, nada de debates, nula participación de las bases militantes, simplemente la calculadora, las máquinas rentadas, los operadores políticos y los articuladores financieros que se ocupan de obtener los recursos para el marketing y las campañas. Una caja negra que despierta desde lejos una desconfianza intuitiva de las personas independientes, quienes se ven impedidas de participar.

Sin embargo, a partir de la descomposición que ha vivido la coalición que detentara el gobierno por cuatro períodos consecutivos, un 20,3% del electorado se abrió con una propuesta que cuestionaba principalmente la tendencia nociva a la concentración del poder en una suerte de partido transversal cuyos participantes iban siendo ubicados en distintas áreas del Estado, sin importar sus competencias sino su incondicionalidad a las cúpulas partidarias, en uso, además, de los cuoteos pactados al interior de la Concertación. En rechazo a ese estilo de hacer política, vinieron los descolgados o díscolos que fueron los más ácidos críticos de las elites dirigentes de la Concertación y que, en definitiva, pusieron en la escena política sus yerros y sus vicios, con los resultados de todos conocidos.

Ahora, como resultado de esa acción independentista que lideró Marco Enriquez Ominami, está surgiendo el Partido Progresista, con un estilo de “política2.0” que ha tomado aquellos viejos asambleismos donde todos cruzaban discursos y que caracterizaron el nacimiento de la Democracia Cristiana o del FRAP, pero llevándolos a una plataforma cibernética de instantaneidad, sin pretensiones de uniformar visiones sino de incluir diversidad, con uso de las plataformas comunicacionales que ofrecen las redes de Twitter y Facebook, con una conectividad que permite multiplicar al líder en un seguimiento cotidiano, como un reality constante, que nada tiene que ver con la real politic manejada entre cuatro paredes, de espaldas al pueblo.

Este nuevo experimento político es mirado con desprecio por los desplazados o cesantes operadores de la derrotada Concertación, toda vez que en el esfuerzo de abrir un espacio, los costos en representatividad para esos sectores díscolos fueron elevados y casi quedaron sin representación popular en el Congreso. Pero, la apuesta que se observa es de capitalización de ese histórico 20,3%, de refundación del quehacer político para hacerlo atractivo a los automarginados del sistema electoral, esos amplios sectores descreídos de la institucionalidad imperante. El nuevo partido se la juega por abrir su propio espacio y por elección interna a través de Internet, denominaron Partido Progresista. Y si MEO logró saltar las vallas para correr en las últimas presidenciales, en la medida que logre canalizar esa energía dispersa y darle una mínima consistencia doctrinaria, podrá incubar en estos cuatro años una tendencia equidistante del gobierno de la Alianza y de la Concertación, especialmente porque ésta mantiene las mismas caras y los mismos estilos, en oposición visceral y virulenta al gobierno de Piñera.

El Partido Progresista que está surgiendo, nace como una propuesta que rechaza las malas prácticas, tales como el clientelismo, el nepotismo y las acciones de corrupción que siguen descubriendo la Contraloría o los Tribunales de Justicia. Con esa proposición puede llegar a  ser aglutinante de un gran descontento social, en la medida que el nuevo partido no se convierta en otro instrumento clientelista new age,  para ocupar puestos públicos en un hipotético próximo gobierno, y en la medida que demuestre inteligencia para aportar desde la sociedad civil propuestas serias a las actuales autoridades para la reconstrucción nacional, ese movimiento y nuevo partido podrían ganar el crédito de la consecuencia y captar efectivamente al progresismo que se mantiene vivo y mayoritario como sensibilidad social en Chile. Un catalizador talvez de nuevas alianzas estratégicas durante el gobierno de Sebastián Piñera.


Hernán Narbona Véliz, Atacama, 7 de mayo de 2010



Una mirada libre a nuestro entorno

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS