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!Una buena noticia, por el amor de Dios¡

Siempre en Periodismo se enseña que las buenas noticias no son noticias. Voy a intentar establecer lo contrario, que no es necesario que un hombre muerda un perro para que sea noticia, que el día a día, el inventar cada mañana una sonrisa – pese a los noticieros crónicos de la noche anterior- sí puede ser noticia, una buena noticia.

En Chile, hay una ola cívica subterránea que no es noticia, no quieren que sea noticia, pero va cundiendo de voz en voz, va despertando a mucha gente joven y podrá adquirir el día de mañana ribetes de tendencia transversal, generalizada. Son miles y miles de familias que están optando por volver a los hábitos familiares de conversación, de compartir la mesa, de apagar celulares, de mirarnos a los ojos y conversar, como se hacía antes, para conocerse y respetarse, para entenderse y para tolerarse. La campaña mundial que ha llamado a dejar de ser autistas y recuperar el sentido mágico de mirarse a los ojos, es una gran noticia.
No de trata de una conversación colectiva guiada, donde te permiten automáticamente colocar un idiota “me gusta” sino de una conversación que puede partir con una simple pregunta: “¿Cómo fue tu día?” “¿Cómo te sientes?” 
En este mundo enmarcado en el feroz individualismo, donde nos prefabrican placebos de participación ciudadana, donde nos manipulan y desinforman, podemos dejar de lado el twitteo y sentarnos frente a frente a re-conocernos. Basta de vivir vidas ajenas, basta de reality shows, queremos ser protagonistas de un nuevo diálogo, donde surja el respeto al adulto mayor porque lo dejamos que nos cuente su vida, su tiempo. Nada peor que una sociedad mutilada y sin historia. Cuando esta buena noticia invoca el diálogo, no nos invita a ver como conversan otros en la televisión o la radio. Nos llama a construir nuestras propias conversaciones, en familia, en los barrios, en el trabajo, con la pareja, con los hijos. ¿Sabes tú lo que piensan del sexo los púberes y adolescentes? ¿Crees que llenar a tu hijo de objetos es demostración de amor? ¿Has pensado el daño que le haces al darle todo y no exigirle deber alguno?

Son temas candentes que necesitamos hablar, pero no por los medios de prensa, sino en casa, en el barrio, en el centro de padres y apoderados, en la junta de vecinos, en el consorcio del condominio. La odisea de volver a conversar y compartir es la gran buena noticia que rompe con esos productos envasados que quieren poner en nuestra agenda diaria. ¿No entienden que estamos cansados que cada mañana nos atosiguen con los problemas de tránsito de Santiago? Si uno vive en medio del desierto o en el frío magallánico, mene frega lo que ocurre en Santiago. Queremos hablar de política, pero no de farándula, de que me dijo, le dije, dijeron. Quiero llevar mi propia conversación y si eso requiere que me desconecte, en buena hora, porque vale más, compartir – por qué no usando las modernas tecnologías- con mi hija y mis nietas en un hangout de Google +, donde conversamos, reímos, nos queremos, aunque sea a la distancia, que estar escribiendo o haciendo copy-paste en los muros de personas a quienes jamás he visto en persona.

La campaña para volver a mirarse a los ojos, dejando de ser un simio cibernético que mira las pantallas de su IPod, recuperando sensatez, sentido común, identidad, conocimiento ancestral que llega a través de la tradición oral. A través de la conversación superamos edades o brechas generacionales, creamos afectos, volvemos a ser gregarios, podemos volver a citarnos a tomar un tecito, reponiendo las confianzas, entendiendo que la felicidad es darse a los demás, partiendo por quienes supuestamente amamos y nos aman. Gracias a Dios, una buena noticia.


Periodismo Independiente, 23 de Agosto de 2013 @hnarbona en Twitter.
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Celebrando el Día de la Mujer


Mujer, cumbre, llanura, tempestades y arcoíris, todo al unísono y en una misma cuerda tensada hacia la eternidad, en la cual es preciso hallar los equilibrios y muy pocos alcanzan a entender esa alquimia de piel y asomos a lo intangible, que forman el alma de una mujer.

Es una columna de la cual puedes afirmarte para ponerte de pie, es la misma fortaleza dócil y flexible que te circunda protectora para dejarte instalado en la libertad y la autonomía. A partir de allí es necesario abrir los sentidos a las dimensiones de la pasión y sus artilugios.

Tratar de construir mundos en medio de la compleja y hermética conjunción de miradas que lleva el decir femenino, para tratar de apaciguar su ira, provocar sus risas y sus fantasías, pero en el juego ellas son más agudas y perceptivas, por lo que terminas ingenuamente enseñoreando perfiles torpes que no dan cuenta de las muchas veces que ellas fueron y volvieron, riéndose del ridículo mortal que pretendía seducirlas y fue maniatado a la pasión calculada de la mujer que decidió efectivamente un futuro asociado. Ingenuo líder superado por la sutileza de la piel ardiente, del llanto oportuno y de las palabras cruzadas en un crucigrama ininteligible.

Ellas van adelante siempre y simulan seguirnos, pero las señales son hábilmente colocadas por sus encantos y sus juegos. La mujer que decidió tenerte, te da hijos, te soporta, te apoya, te hace crecer, fluye contigo en el amor intransigente y sabe castigarte cuando yerras, con memoria de elefante guarda tus fallas y las despliega cuando tú ya las olvidaste, sin mala intención, simplemente porque no tienes esa capacidad de ellas de llevar morrales de ira dosificada, a utilizar cuando sea necesario.

Cuando todas esas etapas se han quemado y recién tu madurez se empareja con su aguda inteligencia, comienzas a ser efectivamente codueño de tu futuro, pero recién asumes que ella ha sido la organizadora de todo y te entregas sumiso y humilde a esa suerte de que te haya elegido y vaya a tu lado iluminando lo que nuestra torpeza impide ver, más allá de las tonalidades que ella domina y el sexto sentido que habitualmente las acompaña y las alerta, aunque muchas veces no le hayamos hecho caso y tuvimos que lamentarlo.

Son nuestras hembras, adelantada ecuación que nos complementa y proyecta a la vida, una enredadera que cala nuestro venario y se inserta en nuestro corazón como imprescindible motor de cada día. Mujer definida para conducir al hombre a la felicidad o al mayor de los calvarios, con la misma piel, la misma boca y la misma mente. Es un arma que debes aprender a llevar, es un instrumento que debes saber mantener afinado y envuelto en terciopelos de ternura siempre. Es la mujer, toda la mujer y por eso la saludamos resignados y felices de ser parte de su vida, si no su vida misma.
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Periodismo Independiente, 6 de marzo de 2013. @hnarbona en Twitter

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Siglo XXI, la familia en crisis


Nunca imaginé que terminaría defendiendo,  por una necesidad de supervivencia, elementos propios  y tradicionales de la vida en sociedad del Siglo XX, en la época de la pre-dictadura, cuando temas como la familia, la mamá en casa, el hombre en el trabajo, eran formas de vida y organización social que en nuestra juventud  no se cuestionaban , que eran el hábitat normal  en donde se desenvolvía la vida, la configuración natural de las familias, fuesen éstas más pobres o más ricas, porque había un sentido similar en cuanto a objetivos afectivos y materiales.

Una mujer y un hombre se unían en un matrimonio obviamente heterosexual,  con un proyecto permanente en el cual  fundaban la esencia vital de los afectos y el deseo,  para procrear, vivir juntos y apoyarse en las buenas y en las malas, en salud y en enfermedad, para  formar y dejar una descendencia lo más unida posible, con hombres y mujeres de bien que continuaran la labor silenciosa de hacer comunidad, de hacer país, de hacer Patria. Ese fue el sentir de mis abuelos, de mis padres y de mi compañera y yo como pareja, cuando llenos de utopías nos asomábamos a los años setenta.

¿Porqué hoy la familia se percibe descuidada por un pseudo progresismo que ha relativizado instituciones como el matrimonio?  ¿Porqué los valores tradicionales de familia en que nos formamos hoy sufren el embate de invasivas tendencias al libertinaje? 

Explicaciones puede haber muchas y lo que aprecio es una recurrente reacción pendular en la sociedad, que pasa de etapas de oscurismos a otras de destapes rupturistas, hasta encontrar términos medios de relativa sensatez. En el franquismo los españoles sufrieron la represión conservadora que el fascismo instaló después de la guerra civil; el destape ulterior en la transición fue abrupto y transgresor, rechazando la idea de familión unido que tenían los españoles, la cual se adscribía al ethos conservador, aunque en realidad solo fuese parte de la idiosincrasia, tal cual se ha dado con los italianos. En forma parecida, en Chile, los sesenta abrieron expectativas de cambios sociales, la dictadura fue un gran golpe cultural sobre las comunidades de base. Sobrevivir exigió a las familias sacrificios e ingenio. La gran crisis de cesantía de los ochenta detonó no sólo las protestas sociales por la libertad y la democracia, sino que también  rompió la concepción patriarcal de familia, donde el padre proveedor debía cubrir tradicionalmente  el sustento y la mujer, prioritariamente, criar y educar los hijos.

En medio de la tromba de los ochenta, un feminismo revanchista aparece en el espacio social con aires de progresismo frente a una  supuesta opresión machista, que habría limitado el desarrollo de las mujeres. Respetable posición si  no hubiese conllevado un sentido rupturista con el hombre y la negación de la complementación natural de hombre y mujer. El fundamentalismo feminista se pasó al extremo opuesto  y perdió el norte en cuanto a equilibrio de la pareja, desmereciéndose el  matrimonio  por ser una institución conservadora y un espacio que dejaba a la mujer sometida al marido, lo cual no era muy real porque siempre existió la separación de bienes como alternativa de la sociedad conyugal.

Esto se fue dando en el contexto de la crisis social, la mujer debió salir a cubrir la cesantía del hombre, pero, de allí en más se tomó como normal y necesario que ambos trabajaran.  El hombre se sacó el peso de ser el soporte proveedor de su familia y exigió que la mujer aportara con su trabajo fuera de casa. Culturalmente eso fue un gran remezón y el feminismo fundamentalista dejó a las mujeres en peor posición, porque el hombre se desligaba de su rol tradicional. Por otra parte,  la inserción laboral de la mujer conllevó también una actitud de rechazo cultural a lo que había sido el noble rol de madres, dueñas de casa. Las propias madres que enviaban a sus hijas a la Universidad lo hacían con la consigna de que llegar a ser profesionales las excluiría de las tediosas labores domesticas. ¿Dónde los hijos entonces?

Es cierto que en los ochenta hubo en la sociedad preocupaciones mayores en las que focalizábamos las energías. Buscábamos generar condiciones para un mundo más justo, se imaginaba una sociedad equitativa, pero sin preocuparse mayormente de lo obvio, de las relaciones afectivas y físicas de hombres y mujeres, y poco a poco el clásico compromiso del hombre de sustentar la crianza y educación de los hijos, de asegurar las condiciones básicas para ser felices, para desarrollar familia en un ambiente sano, positivo, seguro y alegre, se fue desperfilando. Los matrimonios fueron reduciéndose, la tendencia a las rupturas aumentó. Y con ello hubo tornados de inseguridad afectiva en los niños que crecían.

Es así como en medio de estas tendencias, se abren los noventa con un cambio de roles y con un vacío serio en la crianza de los hijos, quienes van a acceder a más cosas, pero menos relación afectiva y formativa con ambos padres. Una actitud permisiva cruza esas familias y los jóvenes se sienten desorientados. Era la sociedad que evolucionaba, con desviaciones culturales hacia posiciones dogmáticas de género, que incentivaban una posición antagónica de las feministas con los varones, a quienes culpaban de invisibilidad y opresión, asimilando este concepto con la atención de hijos, familia y labores domésticas.

En la sociedad del siglo XXI muchas más son las amenazas que apuntan a la familia. El mayor problema es que los jóvenes actuales son más hedonistas, priorizan sus intereses personales, mantienen bajos niveles de compromiso, el tema patrimonial de las parejas es un tema sensible y el matrimonio muchas veces se pospone o se evita, prefiriendo las parejas convivir sin mayores obligaciones recíprocas y los hijos en estos escenarios, quizás no lleguen a tiempo.
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Periodismo Independiente, Hernán Narbona Véliz, 18 de marzo de 2012.
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Aumenta consumo de cocaina entre los jóvenes


En Chile aumentó el consumo de cocaina entre los jóvenes.
Muchos de esos jóvenes son hijos de esa generación que fomentó el libertinaje, que se ufanó de fumar porros, que nos dijo que eso era su libertad, su opción y esa actitud libertina se traslado a los hijos, actuales adolescentes o adultos jóvenes, que, desorientados, buscaron el placer sin límites en la droga mayor. Los sectores pudientes a la cocaina y los populares a la pasta base. el antecedente siempre el consumo de marihuana.

Por eso, digo No a la despenalización del consumo de marihuna y rechazo la falacia de que con ello se disminuirá el tráfico de los carteles. Es precisamente lo contrario, abrir paso a la impunidad de estos delincuentes.

En 1990 se decía que eramos un país pasadizo de las drogas, pero no consumidores. Miremos ahora nuestra sociedad y veremos los efectos de esa política de negar la realidad. Chile ha subido el consumo en cocaina y las causas han sido fundamentalmente la expansión del consumo de alcohol en la juventud. Recientemente lo decía el Ministro de Salud, dentro de 10 años Chile será un país de gordos ebrios, con enfermedades derivadas como la diabetes y la hipertensión. La droga destruye a las personas, las convierte en zombies, incentiva la violencia y la criminalidad.

La droga es un negocio excelente y por ello invade y corrompe. La sociedad debe mejorar sus controles para impedir que ingresen sustancias prohibidas. Pero el centro de la acción debe ser en la prevención y allí es donde surgen las debilidades en la educación sana de los hijos, consecuencia de la desintegración social, del abandono, de padres que a su vez son adictos, de barrios penetrados territorialmente por las mafias. Agréguese a esto una nueva realidad: las mafias que ven afectado su negocio por la mayor eficacia de los controles  aduaneros y policiales, están empezando a producir la cocaina en nuestro territorio y esta hipótesis agrava la situación inicial que vivíamos hace dos décadas.

El dato de aumento del consumo en Chile, lo que tiene que ver con los altos ingresos  de sectores medios altos de nuestra sociedad, es una buena noticia para el narcotráfico y una señal de alto riesgo para nuestra sociedad, toda vez que esto abre los apetitos de los carteles mundiales por posicionarse en Chile. Sólo asomarse a la actual situación de México, nos puede dar un gran escalofrío de lo que pudiere ocurrir si Chile actúa con liviandad frente a este flagelo.

En el Curso de Salud del Adolescente de la Escuela de Psicología de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el Profesor de Psicopatología y Psiquiatría, Dr. Ramón Florenzano. resume con gran claridad los factores de riesgo que llevan al consumo de cocaina. Es así como podremos apreciar:

Los factores de riesgo a nivel del individuo, que se refieren a características de personalidad tales como inseguridad, timidez, impulsividad, dificultades en la interacción social o baja tolerancia a la frustración, o bien a rasgos genéticos, a factores biográficos tales como situaciones personales de vida (crisis, separación, pérdida o duelo), a creencias y actitudes que favorecen el consumo de drogas, al escaso desarrollo de habilidades sociales e interpersonales y a la dificultad para resistir las presiones del grupo de amigos para consumir drogas.

Los factores de riesgo familiar, social y comunitario se refieren a las influencias del entorno familiar y social a nivel local. Entre ellos, se destacan los problemas de desintegración familiar e incomunicación en las relaciones familiares, las características de personalidad de los padres que configuran estilos parentales muy permisivos o muy autoritarios, a la influencia de compañeros y amigos, de los grupos juveniles, las características de la comunidad y el colegio, así como a las leyes respecto del tráfico y consumo y la disponibilidad de alcohol o drogas en el barrio o comunidad.

Los factores de riesgo macrosocial consideran las influencias socioeconómicas, políticas y legales. Estas incluyen la publicidad respecto del alcohol, los modelos sociales que aparecen en los medios masivos de comunicación social y las actitudes y creencias que comunican, los patrones culturales que favorecen el consumo, la disponibilidad de drogas y alcohol, el precio y las leyes que regulan el expendio, el tráfico y consumo de alcohol y drogas.

 La razón por la cual se habla tan frecuentemente de la drogadicción como un problema de los adolescentes y jóvenes es que estadísticamente  hay mayor tendencia al consumo de sustancias químicas entre los 15 a 25 años.

Si aplicamos la lista de chequeo de las tres categorías de riesgos a nuestra realidad, veremos que el ambiente familiar, formativo de conductas y disciplina, es un ámbito con grandes deficiencias. Si revisamos los riesgos macrosociales apreciaremos que los jóvenes están bombardeados por la publicidad engañosa y distorsionadora, en donde los símbolos de virilidad, de liderazgo, están asociados al copete y al desenfreno. Es patético que al abrir el año académico los jóvenes se citen por las redes sociales para embriagarse en grupos. En ese ambiente cultural el uso de marihuana parece como consumir tabaco y los jóvenes vulnerables por falta de actitud para decir no, caen fácilmente en las redes nefastas de los grupos. De allí a escalar en la droga es asunto del tiempo, se requiere preparar exámenes, soportar presiones, dormir poco para estudiar y "las pepas" o las líneas facilitadas por un "buen amigo" son el anzuelo para caminar hacia el infierno.

Por esto y mucho más, la noticia de aumento del consumo de drogas en Chile, lo que nos convierte en el mercado de destino más interesante de Sudamérica para el narcotráfico, debe remecernos y movernos a tomar acciones, cerrando filas como comunidades junto a los organismos de Estado, para hacer de esta alerta amarilla una causa de movilización nacional.


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