¿Cambios o Cambalaches?



¿Cambios o Cambalaches?

13 de diciembre de 2009: Cambios para perpetuar el modelo, para seguir administrándolo sin que nada cambie o cambios para avanzar de veras en una democracia profunda.

A 5 días de las elecciones presidenciales los indecisos ya se habrán formado opinión y en el secreto del sufragio, sin presiones, en conciencia, cada cual el próximo domingo expresará su decisión. Serán elecciones estrechas cruzadas por una palabra: cambios.

¿La Alianza por Chile quiere cambios? Fundamentalmente quiere cambiar a los que durante 20 años han manejado el gobierno, es su sentir profundo, el desalojo. Pero, en el fondo demuestran satisfacción con la forma como la Concertación les ha administrado el sistema económico, sin tocar los fundamentos del modelo. Los distingos respecto a lo que ha sido el gobierno de la Concertación por 20 años, son leves, sutiles y se refieren fundamentalmente al tratamiento de los atropellos a los Derechos Humanos, que no están dispuestos a aceptar como responsabilidad histórica.

Su gran debilidad, por lo mismo, es su historial, ya que representa a sectores que manejaron el poder en el régimen militar y muchos, incluido su candidato presidencial, se enriquecieron bajo sus reglas del juego. Han buscado neutralizar esta historia manejando y concentrando poder mediático, practicando un populismo que le ha dado resultados, ya que tienen capacidad para llegar a los grupos menos conscientes y más vulnerables de la población, capitalizando demandas y utilizando esos grupos sociales para reivindicar las “bondades del régimen militar” y su herencia. Piñera tiene un brazo atado a la espalda y con ese brazo hace tratos con ex militares a quienes molesta la acción de la Justicia en los casos de Derechos Humanos.

La Concertación se mueve en la paradoja de la popularidad de la Jefa de Estado y el descreimiento en el modelo de cúpulas,  clientelismo y centralismo que han aplicado como estilo de hacer política los responsables de los partidos de la coalición.

La principal debilidad es que la mimetización política que han tenido los otrora líderes ideológicos de la revolución con un modelo heredado, les hizo perder el norte respecto a los cambios profundos que se comprometieron en los momentos de recuperación democrática. La deuda pendiente con el pueblo concertacionista va por el lado de los desencantos éticos que se ha producido al ver que durante 20 años se ha dado el gobierno un grupo elitario que rota en el sistema político o se traslada a la dirigencia empresarial, esgrimiendo un pragmatismo exacerbado y  a costa de principios que han juramentado defender, terminando en la práctica coludidos con intereses particulares, en desmedro del bien común. Desde el punto de vista pragmático, esgrimen la dialéctica de derechas e izquierdas, pero son muchos los que no pasan esta prueba de consecuencia. Este fenómeno político detonó la aparición de los díscolos, de los descontentos, de los apáticos, que en esta actual competencia están a punto de patear el tablero bien mantenido del binominalismo.

El gobierno ciudadano de Michelle Bachelet se desperfiló. Cuando parecía tomar distancia de su antecesor y resguardar su alto capital político que llegó en un momento a 80% de adhesión ciudadana, nuevamente aparecieron las máquinas tradicionales en el Comando de campaña de Eduardo Frei y eso más ha perjudicado que ayudado, ya que el candidato oficialista se alejó de los Océanos Azules para rodearse de lobbistas de cuestionable actuación. Frei ofreció cambios y ser puente con los jóvenes, pero los jóvenes no han sido protagonistas de su propuesta. Al final decidió ser continuidad de la Presidenta Bachelet en materia de protección social y el único cambio sería extenderla a la clase media: Pero eso, sin exigir más impuestos es imposible. Eludió la discusión sobre una reforma tributaria, se restó metódicamente de los debates de fondo. Ser escueto en sus proposiciones fue otro error.

Ha sido Marco Enríquez Ominami el que puso el dedo en la llaga, marcando en su campaña la deuda pendiente en materia de desconcentración del poder, la frágil posición de los espacios locales en el esquema político, la pregonada participación ciudadana que terminó siendo amañada por la burocracia. Fue el diputado díscolo el que comprometió una reforma tributaria que reduzca el impacto de impuestos en las personas y aumente el de las empresas. Esa propuesta no tuvo respuesta sólida de parte de Frei y eso le sumó puntos en contra.

Es así como se desarrolla como un tsunami político respecto a las dos corrientes tradicionales, la Nueva Mayoría, que ofrece sobre todo un cauce para liberar energías sociales que se fueron acumulando en la sociedad por dos décadas. Por esas razones de fondo se han producido los escenarios actuales, donde posiciones contestatarias rompen con las cúpulas y desbordan los diques en una marejada que lo remece todo.

La Nueva Mayoría propone cambios, pero cambios que apuntan a la calidad de la política, a la erradicación de malas prácticas, es una mirada que ha cundido porque capitaliza el desencanto, porque ha interpretado a sectores amplísimos y diversos que tenían como común denominador un descreimiento de la forma actual de hacer política.

Esto quiere resumir los hechos que confluyen en esta situación actual, donde primero aparece la Alianza, donde el conservadurismo refleja un tercio histórico, en el cual se mezclan demócratas liberales y nostálgicos militaristas que no tienen un ápice de arrepentimiento por sus responsabilidades históricas. Luego está un amplísimo sector de la población, de gran diversidad, que alcanza los dos tercios del electorado y que tiene su corazón a la izquierda, es progresista.

En este escenario compiten los candidatos de la Alianza, la Concertación oficialista, la Nueva Mayoría, que sería la Concertación díscola y el Juntos Podemos, que es expresión del Partido Comunista. Esta impronta progresista en sumatoria, sería gobierno sin problemas, de no existir el perverso sistema binominal.

Esta fracción mayoritaria de compatriotas progresistas concurre a estas elecciones para elegir entre dos alternativas, una de continuidad y otra de cambios cualitativos,  más una que partió queriendo ser testimonial, pero, a todas luces se perdió en el intento de debilitar al díscolo candidato independiente.

Este es el cuadro que se clarificará en 5 días. La ciudadanía votará sin miedo sabiendo que existe una gran oportunidad de ventilar el sistema político, dignificar la política como servicio  público, recuperar la participación de la civilidad y profundizar la democracia.



Atacama, 8 de diciembre de 2009.
Una mirada libre a nuestro entorno

  • Digg
  • Del.icio.us
  • StumbleUpon
  • Reddit
  • RSS

0 comments:

Post a Comment