Una larga experiencia en terremotos.


Una  larga experiencia en terremotos.
Para el cataclismo de 1960, el 20 de mayo de 1960, yo tenía 10 años, en el barrio las mujeres lloraban, se juntaba víveres y ropa de abrigo para enviar al sur devastado por un gran maremoto. Recuerdo estar junto a mi abuela en la ventana que daba a la bahía y verla llorando desconsolada mientras escuchaba la radio. No teníamos parientes en la zona de catástrofe, pero el llanto de doña Blanca Laura era desgarrador.

  • El terremoto de 1965 fue casi a mediodía, estaban cocinando y era domingo. Lo viví adolescente en la casa quinta donde nos habíamos mudado  y que estaba llena de árboles, perales, olivos y eucaliptos. No nos pasó nada y recuerdo el gran tierral que oscureció a Valparaíso. Al lado de  la Catedral, en calle Pedro Montt, estaba la funeraria Forlivesi. Una cornisa se desplomó sobre las piernas de un hombre gordo y nadie pudo hacer nada por él y el Vea, periódico famoso por su sensacionalismo reporteó su agonía y su muerte, allí en plena calle Pedro Montt.


Era el gobierno de Frei Montalva y todos los jóvenes concurrimos a la recolección de ayuda para los damnificados. Apareció por vez primera la mediagua y muchos terrenos fueron tomados para instalar, a través de la Promoción Popular, campamentos precarios, que con el tiempo quedaron como definitivos. Los barrios iban cambiando tras cada terremoto, se alivianaban las murallas y surgían estas poblaciones nuevas, con casas de madera y media agua. Había casa prefabricadas de mayor precio que tenían dos aguas y eran como las casitas que uno ilustraba en las tareas de la primaria.

  • En julio de 1971 viví mi mayor experiencia en materia sísmica. Tenía 21 años. Era funcionario público y trabajaba en Santiago. Pasadas las 23 horas yo venía de Santiago en un auto amplio de la Dirección de Turismo y venía entrando a Valparaíso por calle Yungay. Estábamos frente al Banco del Estado, cuando se viene el terremoto, algo más de 7 grados. Recuerdo que iba a bajarme del auto que saltaba y el chofer me retuvo diciendo que era muy peligroso bajar en la oscuridad. Providencialmente, a instantes casi del sismo, pude llegar a casa de mis suegros y mis padres que estaban preocupados por mí que estaba en la capital. Un gran alivio y providencial llegada a la ciudad. Luego de saludar y tranquilizar, comprobando que no había daños ni desgracias que lamentar, a las 01 AM me había presentado a la Intendencia para ponerme a disposición de la emergencia como Administrador Público. Me asignaron a la cuestión logística, a  cargo del transporte para rescate de damnificados y transporte de ayuda. Trabajábamos en la antigua Intendencia, que desde Septiembre de 1973 pasó a la Armada.


La reacción fue inmediata. Llegaban los camiones a ponerse a disposición. Había muchos en el área portuaria que pasaban a trabajar en la emergencia y les entregábamos vales de combustible y a cada vehículo le asignábamos un grupo de voluntarios, que eran scouts, voluntarios de secundaria o de las federaciones universitarias.

A las 3 de la madrugada habíamos abierto cuatro albergues y comenzábamos a evacuar a pobladores de los cerros más dañados. 15 días duró la emergencia hasta reubicar a la gente en campamentos que se convertirían en zonas residenciales en las zonas altas de Viña y Valparaíso. No hubo indecisión alguna. El Gobierno de Salvador Allende ordenó la emergencia con la Armada de Chile en Valparaíso y Viña y con Carabineros y el Ejército en Aconcagua, La Ligua y Petorca. Los universitarios desde el primer minuto se sumaron como voluntarios a través de las Federaciones y en la Intendencia, esa unidad de transporte, dirigía y daba ruta a las brigadas de rescate, , para evacuar familias en peligro y llevar la ayuda a los pueblos del interior.

Al igual que ahora, ese sismo dio un respiro de unidad al gobierno y todos trabajábamos con gran mística. Todo el norte chico hasta Chincolco estaba por el suelo y allí los jóvenes se instalaron a levantar mediaguas con los pobladores, trabajando con ellos, haciéndolos protagonistas de la reconstrucción de viviendas y limpieza de escombros. Para septiembre de 1971 ya había un sistema ordenado con viviendas de madera reemplazando el viejo adobe de los pueblos del norte chico.

  • En marzo de 1985 vivimos el terremoto de San Antonio y Valparaíso. Teníamos nuestros tres hijos y trabajaba en la Universidad. A nuestra casa del cerro Polanco, construida en 1980 no le pasó nada y comprobó su calidad hasta el día de hoy. En es época la organización de los vecinos en comités de deudores habitacionales permitió repactar y reprogramas los dividendos en el marco de los planes de reconstrucción.


En los barrios se potenció la vecindad, se compartía el agua que llegaba en camiones aljibes, se compartía, se cuidaba a los niños para que no corrieran peligroen las sucesivas réplicas, la gente se unía frente a la desgracia.

  • El terremoto de 2008 en Tocopilla me sorprendió en una reunión de Zicosur en Antofagasta. Recorrí Tocopilla y la destrucción fue mayúscula. Y en la campaña inmediata de emergencia y reconstrucción se apreció la existencia de problemas políticos, pues en vez de canalizar la ayuda por la Intendenta, se la sacó del cargo para que otros actores vinieran a la zona a organizar la recuperación de la ciudad de Tocopilla.

Una mirada libre a nuestro entorno

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