Practicar la tolerancia no significa resignar los legítimos intereses, sino impulsarlos con la comprensión cabal de que habrá que anticipar conflictos, imaginando cómo resolverlos con la mayor equidad. Salir de la suma cero, de la opción que busca ganar demoliendo al otro, es el desafío que hoy enfrenta el Estado de Chile frente a la acción violentista que comienza a imperar en la Araucanía.
Todos portamos nuestros lastres, nos relacionamos condicionados por nuestros prejuicios, por nuestra conceptualización del mundo. Sobre todo, aquellas comunidades y generaciones que fueron remecidas por la utilización de la fuerza, por el miedo impuesto como palanca de dominación, por los exacerbados ideologismos, por la confrontación posicional de ópticas diferentes, de intereses que se impusieron a raja tabla, en fin, por situaciones rupturistas que troncharon la vida cívica de los pueblos.
Actuar sin prepotencias, buscando como valor la reciprocidad, buscando con creatividad opciones que concilien y complementen tales intereses, conduce a una estabilidad en sus relaciones.
El liderazgo que debe ejercer la autoridad, deberá buscar precisamente este tipo de acciones en la comunidad. No se puede resolver un conflicto histórico sin una inversión medular y permanente que rompa los círculos viciosos de resentimiento, abusos, prepotencia y sordera para escuchar y comprender al otro. El Estado de Chile tiene en Araucanía la región más pobre del país y la solución al conflicto mapuche demandará un gasto mayúsculo en inyectar un progreso participativo, que llegue a las comunidades, protegiendo su identidad.No repetir los errores de la República que aplicó guerras de exterminio contra pueblos originarios precolombinos. Pensar en que somos un país pluri étnico y que podemos convivir y compartir en paz, resignando dolores del pasado, pero enmendando la plana al crear futuros más justos para todos.Una mirada libre a nuestro entorno






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